La demanda creció cerca de un 30% y el sistema público ya cuenta con 511 mil usuarios. Recurren a los hospitales por costos, disponibilidad y prestaciones que sólo ofrece el Estado.
El sistema provincial pasó de unas 84 mil consultas mensuales a más de 110 mil. Desde el inicio de la actual gestión, sumó alrededor de 27 mil usuarios y la producción sanitaria creció un 30%. El ministro Martín Regueiro explicó por qué cada vez más neuquinos, incluso quienes tienen obra social, terminan recurriendo a los hospitales públicos.
El crecimiento de Neuquén también se mide en las salas de espera de sus hospitales. Más pacientes, más consultas, más análisis de laboratorio, más internaciones y una demanda que no sólo aumenta en cantidad, sino también en complejidad.
Los números permiten dimensionarlo. Cuando comenzó la actual gestión provincial, a fines de 2023, unas 484 mil personas eran usuarias del sistema público de Salud. Hoy son 511 mil.
“Por año aumentó casi una localidad de Senillosa”, graficó el ministro de Salud de Neuquén, Martín Regueiro, durante una entrevista con LU5. Pero el crecimiento de la cantidad de usuarios explica sólo una parte del fenómeno.
Según detalló el funcionario, los hospitales provinciales realizaban aproximadamente 84 mil consultas por mes y actualmente superan las 110 mil. Se trata de un incremento cercano al 10% anual y de un volumen que, sostenido durante doce meses, supera holgadamente el millón de consultas.
“Del 2024 a la fecha tenemos un aumento de un 30% de la producción entre consultas, internaciones y laboratorios. El indicador que veas aumentó”, explicó Regueiro.
Uno de los ejemplos más contundentes aparece justamente en los laboratorios. Durante todo 2023, el sistema público neuquino realizó alrededor de ocho millones de determinaciones. Este año esa misma cantidad ya había sido alcanzada en julio.
La demanda creciente abre, inevitablemente, otra discusión: por qué cada vez más personas recurren al hospital público y qué está sucediendo con el sistema privado y las obras sociales.
Para Regueiro no existe una sola explicación.
Por un lado aparece el crecimiento poblacional de Neuquén. Cada año llegan nuevos habitantes y esa expansión obliga al Estado a sumar capacidad sanitaria. Pero también existe una realidad económica que atraviesa a muchas familias que cuentan formalmente con cobertura médica y, aun así, terminan recurriendo al hospital.
Un coseguro, una consulta, una ecografía, medicamentos o una serie de estudios de laboratorio pueden convertirse en gastos difíciles de afrontar. “Hay gente que no puede pagar el coseguro o no puede pagar la consulta del privado, o después no puede pagar el medicamento”, describió el ministro.
El caso de PAMI muestra con claridad esa superposición entre cobertura formal y utilización efectiva del sistema estatal. De acuerdo con los números aportados durante la entrevista, de unos 69 mil afiliados que posee la obra social de jubilados en Neuquén, aproximadamente 45 mil también son usuarios de la salud pública. Es decir, cerca de dos de cada tres.
Hay además una característica propia del territorio neuquino que profundiza esa situación. Buena parte de la oferta privada se concentra en la Confluencia, mientras que en numerosas localidades del interior el principal —y en algunos casos prácticamente el único— prestador continúa siendo el Estado.
Regueiro puso como ejemplo a Añelo: pese al fuerte crecimiento de la localidad durante los últimos años, todavía no existe allí una clínica privada con internación. “El sistema de salud público está en todos lados”, resumió.
La lógica privada, explicó, responde necesariamente también a condiciones de rentabilidad. Por eso resulta mucho más difícil esperar inversiones de alta complejidad en localidades pequeñas o alejadas de los grandes centros urbanos. El Estado, en cambio, debe sostener la prestación independientemente de esa ecuación.
Pero la presión sobre los hospitales tampoco puede explicarse únicamente por las dificultades del sector privado.
Hay prestaciones de alta complejidad que directamente se realizan exclusivamente dentro del sistema público. Regueiro mencionó, entre otras, la cirugía cardiovascular infantil y el trasplante renal en el Hospital Castro Rendón. Lo mismo ocurre con diferentes prácticas y especialidades que convierten a los establecimientos provinciales en centros de referencia.
Y existe otro factor menos cuantificable, pero que el ministro considera determinante: la confianza.
“Hay mucha gente que hoy va a una guardia y va a la guardia del hospital”, señaló. Incluso teniendo cobertura médica privada, muchos pacientes continúan eligiendo el sistema público por sus profesionales, su nivel de complejidad o simplemente por una relación construida durante años con el hospital de su localidad.
San Martín de los Andes aparece como uno de esos ejemplos. Allí existe oferta privada, pero una parte importante de la comunidad sigue eligiendo el hospital público.
La contracara de esa confianza es una estructura que debe responder cada vez a más personas.
El aumento de 484 mil a 511 mil usuarios implica alrededor de 27 mil personas más incorporadas al sistema en menos de tres años. A eso se suma una utilización más intensiva de los servicios y pacientes que requieren tratamientos de mayor complejidad.
“No solamente aumentó la cantidad de personas. Esa persona va al hospital y se atiende, necesita más medicamentos, laboratorios y vacunas”, explicó Regueiro.
El desafío, entonces, ya no pasa solamente por incorporar médicos o sumar metros cuadrados. También obliga a reorganizar la red sanitaria para evitar que todas las necesidades terminen concentrándose en los hospitales de mayor complejidad.
Neuquén intenta avanzar en ese camino fortaleciendo centros de salud, descentralizando prestaciones y llevando especialidades al interior. Oncología, nefrología, laboratorios y distintas prácticas que anteriormente obligaban a viajar hacia Neuquén capital comienzan a distribuirse regionalmente.
La provincia enfrenta así una paradoja que los propios números dejan expuesta: tiene un sistema público con cada vez mayor capacidad de resolución, pero justamente esa capacidad genera también una demanda creciente.
A esa presión se agrega el funcionamiento irregular de algunas obras sociales, las dificultades económicas para afrontar prestaciones privadas y una oferta que fuera de los grandes centros urbanos continúa dependiendo fuertemente del Estado.
Más de 110 mil consultas cada mes, 511 mil usuarios y millones de prácticas realizadas a lo largo del año ya no describen únicamente la actividad de los hospitales.
Muestran el tamaño que alcanzó la salud pública en una provincia que crece a una velocidad que obliga al sistema sanitario a correr detrás de esa transformación.