La conductora de Línea Abierta es un sello provincial cuando se prende la radio. Protagonista de LU5 y del aire neuquino, sabía su futuro desde muy joven.
En una ciudad donde la radio sigue siendo una compañía cotidiana -esa que suena temprano en la cocina, en el auto o en el trabajo- hay voces que se vuelven parte del paisaje. En el aniversario de LU5, una de esas voces es la de Majo Carrascal: locutora, periodista y conductora de uno de los programas informativos más escuchados de la mañana neuquina.
Pero antes de ser esa voz reconocible, Majo fue una chica curiosa que descubrió la radio casi por accidente. No hubo tradición familiar ni un padre que despertara con el informativo encendido. En su casa, la radio no ocupaba un lugar central. “Había mucha música, pero no la radio”, recordó. Todo cambió en 1989, cuando su abuela le regaló una pequeña radio blanca, de esas que apenas captaban AM.
“Empecé a mover el dial y había poco, pero había algo. Ese “algo” fue suficiente para despertar una pregunta que marcaría mi vida: qué pasaba del otro lado. No la música, no las canciones, sino las voces. Las personas. El misterio", compartió la conductora con LM Neuquén.
Antes de eso, la radio había sido apenas una escena de infancia: noches en casa de su abuela, una radio antigua iluminada y voces que llegaban desde lejos. Pero ese recuerdo tomó sentido años después, cuando empezó a escuchar por su cuenta.
Primero fueron las AM. Después, cuando pudo, las FM. Y en algún punto, casi sin darse cuenta, dejó de ser una oyente pasiva. “Quiero estar del otro lado”, pensó.
A principios de los 90, cuando todavía estaba en la secundaria, ya buscaba la forma de acercarse a una radio. No tenía formación ni experiencia, pero sí insistencia. La oportunidad apareció en una pequeña FM local, donde le ofrecieron participar.
No pudo aceptar del todo: era muy chica, su familia no lo veía con buenos ojos y el horario trasnoche- lo hacía imposible. Pero ese intento dejó algo claro: no se trataba de una curiosidad pasajera.
Majo empezó entonces a buscar cursos. No pudo anotarse: exigían el secundario completo. Le faltaba mucho. Mientras tanto, hacía lo que podía: grabaciones caseras, pruebas, ejercicios. Todo lo que la mantuviera cerca de ese mundo.
“La radio fue lo que me decidió. No el periodismo en general, ni los medios en abstracto. La radio, específicamente", confió con la certeza que la acompañó incluso cuando probó otros caminos.
Con la secundaria ya terminada en Neuquén, emprendió el camino del estudio en el Instituto Juan XXIII ISER, en Bahía Blanca. Estudió locución y empezó a trabajar como operadora técnica. Desde ese rol, más invisible pero fundamental, aprendió el funcionamiento real de una radio: tiempos, silencios, errores, ritmos.
Y también dio sus primeros pasos al aire. Una anécdota resume esa etapa: un día, un jefe la escuchó cantando un tango y le asignó un programa del género. Tenía poco más de 20 años y ningún vínculo previo con ese universo. Aprendió sobre la marcha, investigando, escuchando, construyendo. Esa capacidad de adaptarse -y de animarse- fue una constante en su carrera.
En sus primeros años profesionales, Majo también trabajó en televisión, incluso conduciendo el noticiero de Canal 10. La experiencia fue importante, pero también definitiva en otro sentido: confirmó que ese no era su lugar.
“No es lo mismo”, resumió. La televisión implica otras reglas, otros tiempos, otra exposición. La radio, en cambio, tiene algo que para ella sigue siendo irremplazable: intimidad. Esa relación directa con quien escucha es lo que la atrapó desde el inicio y lo que nunca dejó de buscar.
El ingreso a LU5 en 2007 tuvo algo de casualidad y mucho de destino. Llevó su currículum sin saber si había una vacante real. Cuando salía del edificio, la llamaron para una prueba. Quedó.
Primero en la FM que era del grupo y luego en la tradicional AM 600. Ese salto no fue menor. La AM, históricamente asociada a un público más adulto y a un estilo más formal, imponía cierto respeto. “Pensaba que tenía que ser más seria”, recordó, y dijo que con el tiempo entendió otra cosa: que lo más importante era ser auténtica.
Estuvo un tiempo a la tarde hasta que fue convocada para acompañar a Pancho Casado en el horario central de la mañana.
“Soy la misma al aire que fuera de aire”, aseguró. Y esa coherencia es, probablemente, una de las razones por las que su voz genera cercanía con la audiencia.
Quien escucha un programa de radio ve solo una parte del trabajo: las horas al aire. En el caso de Majo, eso significa madrugar todos los días -el despertador suena a las 4:18, ahí empieza su lecturas de diarios, su llegada a la radio y luego su conducción de un programa diario de 4 horas: "Línea abierta". Igualmente la radio no termina ahí.
Es que luego de descansar un rato comienza la producción del programa del día siguiente. Alrededor de las 17 o 18 ella junto al productor, Víctor Ceballos tienen que definir temas, buscar información, coordinar entrevistas, ajustar detalles. Y también, incluso fuera del horario laboral, la conexión con la audiencia continúa.
Historias que llegan por mensaje, situaciones que se resuelven al aire, oyentes que siguen escribiendo días después. “Nunca se corta del todo”, explicó.
Durante años, Majo fue parte de un equipo consolidado en la primera mañana de la radio, acompañando a una figura fuerte del periodismo local. Ese período fue, según ella misma reconoció, una escuela.
Aprendió el ritmo vertiginoso de ese horario, la capacidad de reacción ante lo imprevisto, la importancia de la información precisa y a tiempo. La mañana, en radio, no permite pausas largas ni dudas.
Cuando finalmente le tocó asumir la conducción, el desafío fue doble: sostener una audiencia consolidada y construir su propia impronta. Lo hizo desde el mismo lugar que la había traído hasta ahí: siendo ella misma.
La conducción de programas informativos en radio -sobre todo en AM- fue históricamente un terreno dominado por hombres. Pero Majo se hizo su lugar.
Sin preguntas más largas que las respuestas de los entrevistados, su presencia diaria al frente de un programa central es, en sí misma, una señal de cambio.
“No hay tantas mujeres en esos lugares”, reconoció. Y sin embargo, ahí está: sosteniendo el aire, marcando agenda, dialogando con la audiencia.
Fuera del estudio, Majo se define como alguien que cambió con el tiempo. De chica era tímida, retraída, más bien silenciosa. La secundaria fue un punto de quiebre: decidió no pasar desapercibida y empezó a construir otra forma de relacionarse.
La maternidad también transformó su manera de sentir. “Me volví más sensible”, admitió. Hoy se reconoce más emocional, más permeable a lo que le pasa y a lo que pasa alrededor.
Su rutina combina el trabajo intenso con la vida cotidiana: la casa, los horarios, la organización de cada día. Y también pequeños refugios: ver series, dormir la siesta cuando puede, compartir tiempo con su familia compuesta por su marido, su hijo y su perra, sus grandes afectos.
Y toda esa rutina doméstica de alguna manera queda en pausa cuando ella entra en al estudio. "La radio es el lugar donde todo lo demás se suspende. Durante esas horas al aire desaparecen las preocupaciones, el cansancio, las tensiones. No porque deje de existir lo que pasa afuera, sino porque la concentración es total", aseguró.
Ese estado, difícil de explicar pero fácil de reconocer para quienes trabajan en medios en vivo, es parte de lo que la mantiene ahí después de tantos años y seguramente será la voz de muchos cumpleaños más.