Durante cuatro décadas, su puesto en la Laguna del Chancho fue parada obligada de turistas de todo el país. Dolor en las redes por su triste partida.
Era el último, el único que todavía preparaba cremas de jarilla y azufre en Copahue con el mismo método que le enseñaron su abuela y su madre. Sin balanza, sin conservantes, sin colorantes. Pedro Guillermo Rodríguez, más conocido como "Don Pedro" falleció a los 81 años y era muy conocido en el ambiente de Copahue y el turismo.
Matías Ramos, presidente del Ente de Termas de Neuquén, fue uno de los primeros en despedirlo públicamente. “Hasta la próxima querido Don Pedro. Nuestro querido último Jarillero partió al mundo espiritual, los mejores recuerdos, las mejores cremas que hemos probado. Gracias por su infinita presencia”, escribió en sus redes.
Su nombre circulaba de boca en boca entre quienes viajaban cada verano a las termas neuquinas. Los preparados que elaboraba con cera de abeja, llantén, jarilla y agua del volcán Copahue se llevaban a Buenos Aires, a otras provincias y al exterior. Nunca quiso revelar su fórmula.
Nacido en La Pampa, pasó por las afueras de Bahía Blanca antes de asentarse definitivamente en la Patagonia. Desde hace cuatro décadas producía sus preparados medicinales de manera artesanal, respetando ciclos lentos. La jarilla se cosechaba en primavera, se dejaba secar, se machacaba y luego se “curaba” bajo la nieve durante más de un mes. “Así me enseñaron y así lo hago”, repetía.
Cada temporada instalaba su puesto cerca de la Laguna del Chancho entre el 1° de diciembre y Semana Santa. Escuchaba, recomendaba, contaba anécdotas. Para la próxima temporada había planeado caminar el balneario en lugar de tener un puesto fijo. “Quiero caminar y charlar con la gente”, había dicho.
Atribuía su propia salud al volcán y al contacto permanente con la naturaleza. Aseguraba no tomar medicamentos de farmacia. “Son muchos años que estoy acá y he visto a mucha gente mejorar de distintas enfermedades”, contaba con serenidad.
“Me llevo muchas satisfacciones, no tiene nada que ver con la plata”, decía. Con él se va un pedazo del paisaje termal de Copahue.
Hace 40 años Pedro se dedicaba a la producción de aceites, ungüentos, cremas con cera de abeja, llantén, jarilla y otros preparados naturales “que me enseñaron mi abuelita, mi madre y gente del campo, por eso digo que mi tarea es a la manera antigua”. Pedro no utiliza balanza, ni conservantes, mucho menos colorantes para sus productos.
“Lo que hago requiere trabajo y tiempo por eso mi producción es limitada”, contaba el emprendedor que respeta los tiempos de la naturaleza.
Pedro solía decir, por ejemplo, que la jarilla se cosecha en primavera, luego se seca, pasado un tiempo se machaca “y después la pongo bajo la nieve, porque así me enseñaron que se cura durante más de un mes”.
El hombre recordaba que no consume remedios de farmacia: “Siempre se lo atribuyo a este lugar, son muchos años que estoy acá y he visto a mucha gente mejorar de distintas enfermedades”.
Al respecto expresaba que de Copahue “me llevo muchas satisfacciones, no tiene nada que ver con la plata, la mía es una manera de hacer bien y ayuda a la jubilación”.