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La gente compra cada vez menos y los supermercados experimentan bruscas caídas en las ventas. En algunas grandes superficies ya denuncian despidos de personal.
Ocurrió el sábado a las 13.30, mientras realizaba las compras en un conocido supermercado de la ciudad de Neuquén. No se veía una gran cantidad de personas en los pasillos, mucho menos en el sector de la carnicería, uno de los rubros más prohibitivos en los últimos meses por la inflación y los altos precios que tienen las proteínas, aunque se promocionen con ofertas. La gente se acercaba a la góndola miraba y luego se retiraba sin agregar nada al changuito.
También en otros sectores donde había productos antes muy buscados y hoy considerados de lujo ocurría lo mismo. Mirar precios, buscar segundas o terceras marcas, pensar, sacar cuentas, tomar lo necesario... Indudablemente, la inflación está cambiando los hábitos de consumo de manera vertiginosa. Basta con mirar los carros de las compras para darse cuenta que los consumidores compran cada vez menos.
En febrero de este año, el índice de ventas totales a precios constantes muestra una caída de -8,3% respecto a igual mes de 2023 y la semana del 4 al 10 de marzo también mostró una baja interanual de 9 por ciento, según el Indec. Y todo indica que ese fenómeno seguirá en retroceso si el gobierno nacional no logra contener los constantes aumentos de precios que se registran semana tras semana. En efecto, las comercializadoras y las empresas productoras de consumo masivo esperan que esa tendencia se mantenga al menos hasta mitad de año, de acuerdo a un informe que publicó el portal Infobae con base en datos de la consultora Scentia. Para ello serán clave las próximas acciones y medidas del gobierno y las decisiones a tomar por parte de las grandes superficies comerciales de todo el país.
Compré –como la gran mayoría- algunos productos de primera necesidad y busqué un lugar en la fila de “cajas rápidas” y me sorprendí lo extensa que era para la cantidad de gente que había visto minutos antes. Lo peor es que avanzaba de manera increíblemente lenta. Y el malhumor quienes estábamos aguardando para pagar comenzó a crecer rápidamente.
Fastidiado por el trámite, un hombre que estaba detrás de mí decidió adelantarse e ir a ver lo que pasaba. Pocos minutos después regresó y nos explicó lo que ocurría: había una sola cajera.
En ese mismo momento, un repositor que pasaba y que escuchó el murmullo de protesta en la cola interrumpió nuestra charla y nos informó –en voz baja y con mucho disimulo- que habían despedido a 15 personas, entre ellas varias cajeras, lo que generó la mediata reacción de quienes estaban en la fila. “Aunque caigan las ventas, ellos no van a perder nunca”, agregó el joven y siguió con su trabajo en las góndolas.
A los pocos minutos se sumó a la línea de cajas otra persona, por lo que la fila comenzó a avanzar un poco más rápido.
La experiencia en ese supermercado se puede resumir en pocas palabras: inflación, caída del consumo y desempleo, un combo fatídico y que por desgracia se ve todos los días a la hora de hacer las compras.