La discusión que se viene, a un año del próximo turno electoral, no será menor. Los vecinos no debatirán promesas, sino resultados.
Neuquén ya no es la misma ciudad. Y no es una frase hecha. Es un dato político, urbano y social que empieza a consolidarse en cada barrio, en cada calle asfaltada, en cada obra que transforma la vida cotidiana. A seis años y medio de gestión, el intendente Mariano Gaido construyó algo más que infraestructura: está moldeando una ciudad que se proyecta como el corazón de la metrópoli que gira alrededor de Vaca Muerta.
La discusión que se viene, a un año del próximo turno electoral, no será menor. Los vecinos no debatirán promesas, sino resultados. Y en ese terreno, la gestión actual llega con números que marcan un antes y un después.
Cuando Gaido asumió, Neuquén tenía apenas 2.500 cuadras asfaltadas. Hoy, ese número supera las 7.000. No se trata solo de una cifra impactante: es el plan de pavimentación más ambicioso de la historia de la ciudad. Pero, sobre todo, es una transformación estructural que modifica la calidad de vida, reduce desigualdades y redefine la movilidad urbana.
El asfalto, en este caso, no es solo obra pública. Es inclusión. Es integración de sectores históricamente relegados. Es acceso. Es dignidad.
Ese mismo enfoque se replica en otro de los ejes centrales de la gestión: la regularización de asentamientos que llevaban más de 30 años sin respuestas concretas. Donde antes había incertidumbre y precariedad, hoy hay planificación, orden urbano y una decisión política clara de avanzar hacia la equidad social.
No es un dato menor en una ciudad que crece a un ritmo acelerado, empujada por el fenómeno económico más importante del país: Vaca Muerta. Porque el crecimiento, sin planificación, suele profundizar desigualdades. Y ahí es donde la gestión local decidió intervenir con una lógica distinta.
Neuquén no solo crece: se ordena.
En paralelo, se proyecta el desarrollo de un nuevo cordón industrial con ampliación del ejido municipal. Una decisión estratégica que no solo acompaña la expansión económica de la región, sino que posiciona a la ciudad como nodo logístico, productivo y urbano de toda la actividad hidrocarburífera.
La ciudad empieza a pensarse como metrópoli.
Ese cambio de escala también se ve en obras emblemáticas como la consolidación de la gran avenida y los paseos costeros, que no solo mejoran la circulación, sino que recuperan espacios públicos, integran sectores y fortalecen la identidad urbana.
La obra pública deja de ser solo funcional y empieza a ser también simbólica: una ciudad que se abre, que se muestra, que se disfruta.
A esto se suma una fuerte inversión en infraestructura deportiva, con la inauguración de nuevos SAF y espacios destinados a la actividad física y comunitaria. En un contexto donde lo social muchas veces queda relegado frente a lo económico, Neuquén apuesta a sostener ambos ejes.
Porque no hay desarrollo real sin inclusión.
Ese es, quizás, el dato más relevante de este proceso: la gestión no se limita a acompañar el crecimiento que trae Vaca Muerta, sino que intenta distribuir sus beneficios dentro de la ciudad.
Y ahí aparece la pregunta de fondo: ¿puede Neuquén convertirse en la capital real de esta nueva metrópoli energética sin dejar a nadie afuera?
La respuesta, por ahora, parece construirse desde la gestión.
Con más de 7.000 cuadras asfaltadas, con barrios regularizados, con expansión industrial planificada, con inversión en deporte y espacio público, y con una ciudad que empieza a ordenarse frente a un crecimiento vertiginoso, el modelo que impulsa Gaido entra en una etapa clave.
Porque ya no se trata solo de hacer. Se trata de sostener, de profundizar y de proyectar.
En un año, los vecinos tendrán la palabra. Pero el escenario ya está planteado: por primera vez en mucho tiempo, Neuquén discute su futuro desde una base concreta de transformación.
Y en ese debate, la gestión actual llega con un argumento difícil de ignorar: haber protagonizado el período de mayor inversión en obra pública e inclusión social de la historia de la ciudad.
La política, como siempre, dirá el resto.