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Neuquén vive un invierno atípico: ¿Por qué llueve y nieva mucho más de lo habitual?

El meteorólogo Mauricio Gorostarzú explicó porqué la región atraviesa un invierno excepcional. En julio ya llovió casi siete veces más de lo normal.

Las lluvias que no dan tregua en el Alto Valle, las intensas nevadas en la cordillera y un invierno mucho más húmedo de lo habitual tienen una explicación que comienza a miles de kilómetros de Neuquén, en las aguas del océano Pacífico ecuatorial.

El responsable es el fenómeno climático de El Niño, que este año fue declarado oficialmente por los principales organismos meteorológicos internacionales y que ya muestra una intensidad comparable con algunos de los episodios más fuertes registrados en las últimas décadas.

Así lo explicó a LM Neuquén el observador meteorológico de superficie, encargado de la Estación Meteorológica de Cipolletti, Mauricio Gorostarzú, quien aseguró que el comportamiento del clima durante este invierno responde directamente a ese fenómeno oceánico-atmosférico.

"Estamos transitando un año particular desde el punto de vista climático y meteorológico. La Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), la Organización Meteorológica Mundial y el Servicio Meteorológico Nacional ya declararon oficialmente el fenómeno de El Niño", indicó.

Gorostarzú explicó que El Niño se produce cuando aumenta la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial. "Cuando la temperatura promedio del océano supera los 0,5 grados por encima de lo normal ya hablamos de condiciones de El Niño. Actualmente tenemos sectores donde el agua está entre dos y tres grados por encima del promedio", detalló.

Ese dato, señaló, ubica al fenómeno dentro de una categoría importante: "Es un Niño intenso. Incluso es comparable con los eventos de 1997 y 2015, que fueron algunos de los más extremos registrados".

Cómo repercute en Neuquén

Aunque el fenómeno ocurre sobre el Pacífico ecuatorial, sus efectos alcanzan buena parte del planeta y modifican la circulación atmosférica.

"Al estar el agua más cálida de lo habitual se evapora una mayor cantidad de agua. Eso significa que hay mucho más vapor disponible en la atmósfera", explicó.

Ese exceso de humedad luego es transportado por los sistemas meteorológicos que avanzan desde el océano hacia Sudamérica. "En el Pacífico se generan más perturbaciones y más sistemas frontales. Con los vientos del oeste ingresan a la cordillera y provocan un aumento tanto en la frecuencia como en la intensidad de las precipitaciones, ya sea en forma de lluvia o de nieve", indicó.

Si bien el mayor impacto de El Niño suele registrarse en el Litoral argentino y la región pampeana, el norte de la Patagonia también experimenta cambios importantes.

"En nuestra región aumenta la humedad, hay mayor nubosidad y crece la probabilidad de precipitaciones. Eso es justamente lo que estamos observando durante este invierno", aseguró.

Los registros meteorológicos reflejan con claridad ese cambio de comportamiento. Según explicó Gorostarzú, durante julio ya se acumularon alrededor de 80 milímetros de lluvia en la estación meteorológica de Cipolletti, y aclaró que los registros en Neuquén en este caso deberán ser similares.

El dato resulta llamativo porque el promedio histórico para este mes ronda apenas entre 11 y 12 milímetros. "Estamos muy por encima de los valores normales. Ya superamos ampliamente el promedio mensual de precipitaciones", afirmó.

El meteorólogo recordó que durante junio también se registraron lluvias abundantes, lo que confirma una tendencia sostenida durante buena parte del invierno.

"Ya venimos con varios episodios importantes de precipitaciones y eso está totalmente relacionado con la mayor disponibilidad de humedad que genera El Niño", explicó.

Más nieve en la cordillera

El aumento del vapor de agua no solo repercute en las ciudades del Alto Valle, sino que también en la cordillera favoreció a las nevadas. Cada sistema frontal que ingresa desde el Pacífico encuentra una mayor cantidad de humedad disponible, lo que incrementa las probabilidades de precipitaciones intensas.

Por eso este invierno las nevadas fueron frecuentes en distintos sectores cordilleranos, beneficiando incluso la acumulación de nieve en centros turísticos y cuencas hídricas.

Gorostarzú remarcó que El Niño no es un evento local ni regional, sino un fenómeno climático de alcance global. "Tiene impacto en la distribución de precipitaciones y también en las temperaturas a escala mundial", explicó.

Mientras en Argentina favorece las lluvias, en otras partes del planeta ocurre exactamente lo contrario. "Genera sequías en Australia y en gran parte del sudeste asiático, mientras que en Sudamérica aumenta la frecuencia de precipitaciones", señaló.

Además de modificar el régimen de lluvias, también suele provocar un incremento de las temperaturas medias. Según el especialista, la principal característica de este año es la enorme cantidad de vapor de agua presente en la atmósfera.

"Tenemos mucha más humedad circulando sobre nuestras latitudes. Eso favorece la formación de nubosidad y la llegada continua de sistemas frontales", explicó.

Ese escenario genera jornadas más inestables, con lluvias recurrentes, nevadas en la cordillera y un ambiente mucho más húmedo que el habitual para el norte patagónico.

Una buena noticia para salir de la sequía

Aunque el aumento de las lluvias puede generar complicaciones en algunos momentos, Gorostarzú sostuvo que, desde el punto de vista hidrológico, el fenómeno representa una buena noticia para el norte de la Patagonia.

El especialista recordó que la región atravesó varios años consecutivos de déficit de precipitaciones, una situación que redujo la disponibilidad de agua en los ríos y afectó tanto el abastecimiento como las actividades productivas.

Así estuvo los últimos años el lago Mari Menuco con los años de sequía en la cuenca del río Neuquén.

"Esta condición de humedad ayuda a revertir la situación de sequía que veníamos teniendo en la zona de la Confluencia, los valles, la meseta y también la cordillera", explicó.

El aporte de lluvia y nieve resulta clave para recuperar las cuencas hídricas. La nieve que se acumula durante el invierno alimentará los ríos cuando comience el deshielo en primavera y verano, un recurso indispensable para el consumo humano, el riego y la generación de energía.

Además, señaló que el fenómeno también beneficia a la actividad turística. "Necesitamos que nieve con intensidad. Los centros de esquí están en mejores condiciones que el año pasado y eso también representa un impacto positivo para la economía regional", indicó.

Qué puede pasar en los próximos meses

Aunque la intensidad de cada sistema frontal dependerá de las condiciones meteorológicas de corto plazo, el contexto general continuará influenciado por El Niño.

Mientras el océano Pacífico mantenga temperaturas muy superiores a las normales, seguirá existiendo una mayor disponibilidad de humedad para alimentar los sistemas que ingresan desde el oeste.

Eso implica que durante los próximos meses todavía pueden registrarse nuevos episodios de lluvias y nevadas por encima de los valores habituales para la época.

Para Gorostarzú, lo que ocurre este invierno no responde a una sucesión aislada de temporales, sino a un patrón climático mucho más amplio.

"Estas condiciones son consecuencia directa del fenómeno de El Niño. El calentamiento de la superficie del océano modifica la circulación atmosférica, aporta más humedad y termina repercutiendo en nuestra región con un aumento de las precipitaciones", resumió.

Los 80 milímetros de lluvia acumulados solo en julio -casi siete veces más que el promedio histórico- son, según el meteorólogo, una muestra concreta de cómo un fenómeno que nace en el Pacífico ecuatorial puede transformar por completo el invierno en Neuquén y el norte de la Patagonia.

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