Llegaron desde Mendoza cuando descubrieron que en Neuquén la gente comía helado incluso en invierno y 4 décadas después compartieron su ingrediente secreto.
Hay historias que se pueden contar a través de una fecha, un número o una estadística. Y hay otras que se explican mejor con un sabor. En Neuquén, para varias generaciones, decir Piré es hablar de una salida en familia, de un helado después de la escuela, de una mesa compartida con amigos o de ese gusto que se pide siempre porque, aunque pasen los años, sigue teniendo el mismo sabor.
Este 4 de octubre, Piré cumplirá 40 años desde aquel primer día en el local de Diagonal Alvear 29, cuando una familia mendocina decidió instalarse en una ciudad que por entonces estaba muy lejos de ser la Neuquén que hoy conocen sus vecinos.
Adela Rodríguez llegó junto a su marido y sus dos hijos, que tenían apenas seis y siete años. Venían de General Alvear, Mendoza, donde la familia tenía raíces en la elaboración de helados y ya transitaba una segunda generación de heladeros. La decisión de venir al sur tuvo algo de intuición y mucho de apuesta.
El padre de Adela había viajado a Neuquén por trabajo y quedó sorprendido por algo que para la familia resultaba inesperado: los neuquinos comían helado incluso durante el invierno. Fue entonces cuando dijo una frase que terminó cambiando la historia familiar: “Es acá donde hay que poner una heladería”.
Pocos meses después, los Rodríguez hicieron las valijas. El primer desafío fue incluso encontrarle un nombre al emprendimiento. En Mendoza su heladería se llamaba Gino, pero al llegar descubrieron que ya existía una heladería con ese nombre. Entonces se les ocurrió que un nombre en mapuche era ideal para Neuquén. "Pire significa nieve en mapuche", contó Adela a LM Neuquén.
La primera heladería abrió el 4 de octubre de 1986 en Diagonal Alvear, muy cerquita del Monumento a San Martín. Allí también se producía el helado y, durante los primeros años, Adela hacía prácticamente de todo: pesaba los ingredientes, pasteurizaba, elaboraba, atendía y preparaba los productos que se vendían al público.
La respuesta de los neuquinos fue mucho más grande de lo que esperaba. La comerciante recordó aquellos primeros meses en el local que no tenía aire acondicionado y tampoco contaba con la refrigeración que hoy parece imprescindible en cualquier heladería. Sin embargo, el salón se llenaba.
“Impresionante”, es la palabra que utilizó para describir aquella respuesta. Incluso recordó que una vecina les prestó un ventilador grande para que pudieran soportar las jornadas de trabajo dentro del local.
Había además un espectáculo que hoy forma parte de los recuerdos de quienes conocieron aquella primera Piré: los cucuruchos se preparaban allí mismo, delante de los clientes.
La masa se cocinaba como una especie de galleta en una plancha y luego se moldeaba hasta darle la forma característica del cucurucho. El olor a vainilla recorría el salón y se convertía en parte de la experiencia. “Los helados en esa época los hacía yo”, recordó Adela.
Desde aquellos primeros años hubo algo que se mantuvo: la variedad. Piré llegó a tener alrededor de 52 a 54 sabores y, según contaron sus dueños, todavía hoy la cantidad se mantiene en esos niveles.
Y entre todos ellos hubo uno que desde el principio se convirtió en emblema: Dulce de leche Piré.
Frutilla Bariloche y Chocolate Piré también estuvieron entre los preferidos, pero el Dulce de leche Piré se mantuvo durante cuatro décadas como uno de los sabores más identificados con la marca.
Los primeros años de Piré estuvieron atravesados por el crecimiento, pero también por una tragedia que obligó a Adela a tomar una decisión que marcaría para siempre su vida y la de la empresa.
En abril de 1991 murió Vicente Lardiés, su primer marido con el que había formado su familia y también Piré en Neuquén. Tenía apenas 38 años.
El accidente ocurrió dentro de la propia heladería, cuando bajaba por una escalera de madera. Un escalón estaba roto y, al girar, cayó y golpeó su cabeza contra una pileta. Permaneció un día en coma y murió poco después. Adela tenía entonces 37 años y dos hijos pequeños.
A partir de ese momento tuvo que sostener el emprendimiento prácticamente sobre sus hombros. Continuó trabajando junto a su hermano Rafael Rodríguez, que permaneció vinculado a la heladería de General Alvear y la ayudaba desde Mendoza, mientras ella quedaba al frente del negocio neuquino. Y Piré siguió creciendo.
Durante aquellos primeros años, la heladería se convirtió en algo más que un comercio. Era un lugar de encuentro para los jóvenes de la ciudad. Adela recordó que, en una época en la que la costanera y los espacios de reunión de Neuquén todavía no eran los de hoy, los chicos se juntaban en su negocio a jugar a las cartas, a charlar. Algunos incluso los llamaban “tíos”, dijo emocionada.
Las chicas que jugaban al hockey también pasaban por el local. Y aquellos adolescentes que llegaban décadas atrás hoy regresan con sus propios hijos y, en algunos casos, con sus nietos.
Con una mezcla de alegría y nostalgia, Adela recordó que en una oportunidad, una mujer le contó que había sido una de las primeras clientas de Piré, le dijo que había esperado junto a su padre la apertura del local y, décadas después, seguía llevando a sus hijos a comer helado.
En 1995 llegó otra decisión que, vista desde el presente, parece una muestra de la visión que tuvo la familia para acompañar el crecimiento de Neuquén.
La empresa abrió su segundo local propio, Costa Piré. En aquel momento, la zona era muy diferente a la actual. No había McDonald's, no había el movimiento comercial de hoy y buena parte de los alrededores todavía era tierra. Pero ellos decidieron hacer una heladería en la que se podía comprar helado desde el auto.
La creadora de Piré recordó que sus amigos le decían que esa zona no era linda, claro, la Avenida Olascoaga hasta varias cuadras antes. Pero ella, sin embargo, vio otra cosa.
Piré también fue cambiando su estructura. La fábrica se trasladó en 1995 al lugar donde funciona actualmente y con el tiempo la empresa incorporó nuevas tecnologías, amplió su producción y profesionalizó sus procesos.
Pero hay algo que Adela y Carlos Roberti, su marido y socio, aseguran que no cambió: la forma de hacer el helado. Las máquinas son más modernas y los procesos tienen mayor tecnología, pero el procedimiento artesanal continúa.
Para hacer un helado como el Dulce Piré se pesan los ingredientes, se incorporan los sólidos, se pasteuriza la mezcla y luego se lleva a una tina de maduración durante toda la noche. Después pasa a la fabricadora y se incorporan los ingredientes que correspondan a cada sabor.
Además, la empresa trabaja con una rotación que busca que el producto llegue fresco a los locales. El helado se fabrica, permanece dos días en cámara para tomar frío y al tercer día sale a la venta.
“Mientras yo exista el helado tiene que ser el mismo”, dijo Adela, protectora de sus recetas que ya se convirtieron en sabores de todos los neuquinos.
La empresa actualmente tiene unos 42 empleados y durante la temporada puede llegar a unos 60. Hay trabajadores que llevan décadas acompañando el proyecto: Agustina, gerente administrativa, lleva 30 años, mientras que Guillermo, jefe de fábrica, suma 17.
Piré también cuenta con certificación ISO 9001 y desarrolló una línea de helados sin gluten con procedimientos específicos para evitar la contaminación cruzada.
Después de 40 años, Adela y Carlos ya no están solos al frente de cada detalle del negocio. La empresa comenzó un proceso de integración de la tercera generación. Los hijos participan de diferentes maneras.
Horacio, uno de los hijos de Adela, trabaja en el área de diseño gráfico, posicionamiento y actualización de la imagen de Piré. Otros integrantes de la familia tienen sus propios proyectos, pero permanecen vinculados de distintas maneras con la empresa, como el otro hijo de Adela, Sebastián. También están los hijos Carlos: María Noelia y Didier Ignacio.
El desafío es que el legado no sea solamente una empresa que pasa de una generación a otra, sino también una forma de entender el trabajo. Adela y Carlos saben que algún día tendrán que retirarse completamente, aunque por ahora siguen involucrados.
“Quiero que ellos lo sientan y lo vivan con el valor y el amor que lo hemos vivido nosotros, porque es un orgullo”, expresó Adela al hablar de la continuidad familiar.
Para celebrar los 40 años, Piré preparó productos especiales de edición limitada. Entre ellos habrá un “lingote”, un helado de caramelo y toffee con un crocante de chocolate en el centro, además de nuevos productos con frambuesa, alfajores y bombones exclusivos por el aniversario.
También hay sabores que muestran cómo cambian las modas. La frambuesa andina es uno de los nuevos éxitos y el pistacho volvió a ganar protagonismo después de haber sido un sabor clásico de otras épocas.
Adela y Carlos tienen una idea sostuvieron durante cuatro décadas: hacer un helado que no dependa solamente de una marca sino de una experiencia. Carlos lo resumió desde otro lugar: llegar a los 40 años en Argentina, atravesando crisis económicas y momentos difíciles, fue posible a fuerza de trabajo y perseverancia.
“Qué milagro o qué esfuerzo haber estado 40 años en el mercado”, reflexionó.
Adela, en cambio, habló de algo más íntimo cuando intentó explicar qué significa Piré después de tanto tiempo. Dijo que cuando vuelve a Mendoza ya no siente que ese sea su lugar. Neuquén se convirtió en su casa, en la ciudad donde construyó amistades, crió a sus hijos y vio crecer a generaciones enteras de clientes. “Yo me siento neuquina”, afirmó.
Quizás allí esté la explicación de por qué Piré logró convertirse en una marca tan asociada a la ciudad. Por eso, 40 años después, la historia de Piré también puede contarse como una pequeña parte de la historia de Neuquén.
Una historia que empezó con una familia que llegó desde Mendoza, un local en Diagonal Alvear, un ventilador prestado y una mujer haciendo helados con sus propias manos.
Y que cuatro décadas después todavía conserva el mismo ingrediente que, según sus dueños, no puede faltar en ninguna receta: el amor por los helados.
Desde el 4 de octubre Piré ofrece "Toffee Caramel 40". Una edición limitada por el 40 aniversario. Helado de crema de caramelo, centro de avellanas con chocolate, base de bizcochuelo de vainilla y cubierto de chocolate blanco bajo una lluvia de crocante. Para realizar tu pedido, escribir a su WhatsApp: +54 9 299 4186226. Más información en su sitio web: https://pirepatagonia.ar