Vecinos denuncian que el "tercer tiempo" de las canchas de fútbol privadas se traslada a la vereda con heladeritas, autos y ruido hasta la madrugada.
Vecinos que viven cerca de canchas de fútbol privadas de la ciudad de Neuquén volvieron a quejarse en los últimos días por los ruidos molestos y el descontrol que generan los llamados "terceros tiempos", la instancia social que sigue a los partidos de fútbol amateur y que, según las denuncias, se extiende mucho más allá del horario permitido.
Así lo confirmó el secretario de Vinculación Estratégica de la Municipalidad, Mauricio Serenelli, en diálogo con Línea Abierta de LU5. El funcionario explicó que las quejas llegaron esta semana por "las canchas de fútbol" y que sería necesario chequear con el área de Fiscalización municipal qué denuncias concretas motivaron el reclamo.
Los turnos de juego en las canchas terminan formalmente a la medianoche, pero el "tercer tiempo" —el momento posterior al partido en el que los jugadores se quedan a comer y tomar algo— se estira mucho más de lo habilitado.
Según Serenelli, existe una ordenanza municipal que regula el horario de cierre de las canchas de fútbol privadas. En invierno, el límite es entre las 00:30 y la 1 de la madrugada, mientras que en verano se extiende una hora más.
El área de Fiscalización es la encargada de controlar su cumplimiento, y el funcionario aseguró que actualmente "se está haciendo un control" a raíz de los reclamos recibidos.
Sin embargo, el secretario despejó dudas sobre algunos puntos. El problema no se origina dentro de los predios deportivos, sino en el espacio público que los rodea.
"El problema no pasa por lo que está dentro de la cancha de fútbol, pasa por la vereda", señaló, y describió una dinámica que —dijo— cambió en los últimos años. Los grupos que participan de los torneos amateurs, entre ellos los de la categoría sénior, ya no consumen dentro del establecimiento, sino que llevan sus propias bebidas en "heladeritas" y se quedan socializando en la calle, entre los autos estacionados frente al predio.
Esa dinámica es la que motoriza las denuncias vecinales. Los reclamos llegan a la Policía, que acude al lugar, pero al ingresar a los complejos deportivos no encuentra allí el foco del conflicto, porque este se traslada afuera.
Serenelli destacó que, desde el municipio, la respuesta no apunta a restringir o acortar los horarios de funcionamiento de las canchas, sino a trabajar de forma conjunta con la Policía y las áreas de Comercio y Fiscalización en una estrategia de "educación", orientada a modificar el comportamiento de quienes se quedan en la vereda una vez terminado el partido.
"Esto es un problema educativo", sintetizó el funcionario, en referencia a la dificultad de regular una práctica social que excede el control puramente normativo de los horarios de cierre.
Por el momento, desde el municipio no se manejan sanciones específicas ni un endurecimiento de la ordenanza vigente, aunque el tema quedó abierto como uno de los frentes de trabajo conjunto entre las áreas municipales y policiales en las próximas semanas.