{# #} {# #}
En la última semana dos tragedias inundaron los océanos. En una, cinco tripulantes murieron por la implosión del submarino Titán, en una excursión a los restos del Titanic, en la otra, al menos 80 inmigrantes fallecieron, y más de un centenar continúan desaparecidos, cuando huían del hambre en su país en un buque pesquero rumbo a Italia.
Ambas embarcaciones se hundieron a unos 4.000 mil metros, la profundidad a la que se encuentran las ruinas del trasatlántico desde principios del siglo XX y la que tiene la costa de la península del Peloponeso, Grecia, en la que sucumbió el Andriana.
En ambos barcos viajaban ciudadanos paquistaníes. En el Titan lo hacían dos millonarios que iban de excursión al fondo del mar; en el Andriana lo hacían 750 inmigrantes que escapan de la crisis económica de Pakistán, que afecta hasta los alimentos básicos.
El submarino movilizó a la Guardia Costera de EE.UU., y fuerzas de Canadá, Reino Unido y Francia, pocos minutos después de que se activen las alertas por su demora en la emersión, cuando solo habían pasado ocho horas del comienzo de la expedición.
El buque pesquero reportó problemas el martes 13 y las autoridades griegas alegan que el capitán rechazó ayuda. Un día después el barco volcó y se hundió en pocos minutos, cuando el motor se detuvo. Desde Grecia explican que intentaron escoltar la embarcación, mientras que los especialistas hablan de un remolque que facilitó el hundimiento. Fue un yate privado, el Mayan Queen IV, que navegaba por la zona, el que rescató a un centenar de personas.
Los medios del mundo siguieron con atención la realidad del submarino, que era buscado por fuerzas de cuatros países, mientras que el Andriana pasó desapercibido, en las noticias y en su rescate.
Siempre los medios de comunicación tuvieron la responsabilidad de construir agendas, pero el avance de la tecnología permitió conocer en profundidad el consumo de sus usuarios en tiempo real, lo que también alteró las rutinas productivas.
El hundimiento de un submarino es una tragedia excepcional, hay solo cuatro casos -uno es el ARA San Juan- en la última década, en ese lapso naufragaron cerca de 50 barcos en los mares del mundo.
Un hecho excepcional marca la agenda, pero sobre todo la marca el conocimiento cada vez más acabado e inmediato que las empresas periodísticas tienen de sus audiencias. Esos datos permiten moldear la realidad, ofrecerle a cada comensal el plato caliente que desea ante la hambruna informativa.
El Titan acaparó la atención mundial y, por ende, la de los medios. El Andriana no. No hay vidas que valen más que otras, pero hay vidas que interesan más que otras.