El embalse Ramos Mejía pasó de alerta roja a amarilla, pero el monitoreo advierte que el riesgo sigue latente en zonas particulares del lago.
Vuelve la alerta por cianobacterias, el "alga tóxica" de los lagos cada vez que hay altas temperaturas, sobre todo en enero. La Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), realiza un monitoreo constante y da a conocer los partes para prevenir a los bañistas, y sobre todo, por precaución en el embalse de Villa El Chocón.
Tras la detección de altas concentraciones de cianobacterias, un fenómeno que el lunes llevó a declarar alerta roja en sectores puntuales del lago y que este miércoles 7 de enero se mantiene bajo alerta amarilla, según el monitoreo de la AIC.
Si bien los valores más críticos descendieron en las últimas 48 horas, los especialistas de ese organismo publicaron que las condiciones ambientales siguen siendo favorables para nuevos brotes, por lo que el escenario es dinámico y exige prudencia para los ocasionales bañistas que disfrutan del agua.
El pico máximo se registró el último lunes; hoy bajó el nivel de riesgo, aunque persisten sectores cercanos al umbral de mayor peligrosidad.
El lunes pasado, los sensores satelitales y las mediciones de campo detectaron concentraciones superiores a 15.000 células por mililitro, el umbral que define la alerta roja, principalmente en áreas costeras y bahías del sector oriental del embalse.
Esa situación implicó riesgo sanitario elevado, ya que las cianobacterias pueden liberar toxinas capaces de provocar desde irritaciones cutáneas hasta trastornos gastrointestinales e intoxicaciones severas, especialmente en niños y mascotas.
Hoy, el panorama general muestra un descenso de esos valores, con predominio de la alerta amarilla, que indica riesgo moderado, pero no habilita el uso irrestricto del agua.
Las áreas de mayor concentración se ubicaron en sectores someros y cercanos a la costa oriental del embalse. Según el mapa de riesgo elaborado por la AIC, los niveles más altos de cianobacterias se concentraron en bahías protegidas del viento, sectores de menor profundidad y áreas cercanas a la costa, donde las algas encuentran mejores condiciones para proliferar.
En contraste, las zonas más profundas y alejadas de la costa mostraron valores más bajos, aunque bajo monitoreo permanente. La distribución no es homogénea: puede cambiar en cuestión de horas, impulsada por el viento, la temperatura del agua y la estabilidad de la columna hídrica.
El sistema de semáforo define qué actividades son seguras y cuáles deben evitarse. La AIC clasifica la situación sanitaria del embalse en tres niveles: Alerta verde con concentraciones bajas, sin restricciones para el uso recreativo; Alerta amarilla con valores intermedios (entre 2.000 y 15.000 células/ml); se recomienda evitar el contacto directo y extremar cuidados y Alerta roja con concentraciones superiores a 15.000 células/ml; se desaconseja totalmente el contacto con el agua y su ingestión.
Actualmente, rige alerta amarilla, pero con sectores que se mantienen cerca del umbral rojo.
La precaución es central, aun cuando el agua no muestre signos visibles de contaminación. Hay que evitar nadar o realizar actividades acuáticas intensas en zonas señalizadas.
Tampoco ingerir agua del embalse ni permitir que lo hagan niños o animales. No utilizar el agua para consumo, higiene personal o preparación de alimentos. Lavarse inmediatamente con agua potable ante cualquier contacto accidental. Además, prestar atención a cambios en la coloración del agua o presencia de espuma verdosa, amarilla o rojiza.
El fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más frecuente. Y en los últimos años dio lugar a un comportamiento social que los propios técnicos definen como “exagerado”. Las publicaciones de mapas de alerta, aunque necesarias, tienen un efecto curioso: cualquiera que vea una mancha, por mínima que sea, asume que todo el lago está contaminado.
Las floraciones de cianobacterias aumentaron en los últimos años por olas de calor más largas, cambios en los caudales y períodos con poco viento. El fenómeno se repetirá varias veces entre diciembre y enero.