Tiene 39 años, vive con una discapacidad y dibuja desde chico. Esta semana, por primera vez expuso sus trabajos en la Casa de la Cultura de Aluminé.
Durante años, los dibujos de Daniel quedaron guardados en carpetas, como pequeños mundos que creaba para sí mismo. Personajes, colores y trazos que después regalaba a familiares o amigos. Hasta que parte de ese universo salió de su hogar y llegó a la Casa de la Cultura de Aluminé, donde sus trabajos formaron parte de una exposición.
Daniel Lefiman tiene 39 años y vive en Aluminé, donde es un vecino muy querido. Dibujar es una de las actividades que más disfruta y una que lo acompaña desde chico. Ahora, a partir de una propuesta de su cuidador, el artista local Marcos Quiroga, se animó a preparar una serie especialmente pensada para ser exhibida. La experiencia implicó mucho más que hacer dibujos: tuvo que elegir entre sus trabajos, producir otros nuevos, cuidar los detalles y llegar con todo listo para una fecha determinada.
Para su familia y sus seres queridos, el resultado tiene un significado especial. Durante mucho tiempo, Daniel sintió que su discapacidad hacía que los demás no lo escucharan o no repararan en lo que podía hacer. Su prima Giselle Méndez cuenta que varias veces le dijo que algún día quería ser conocido como ella, que es nadadora y reconocida en el pueblo. “Siempre le respondía que todas las personas tenemos una historia para contar y que algún día también le iba a tocar a él”, cuenta Giselle.
Ahora, la exposición representa justamente esa posibilidad: que otras personas conozcan lo que hace y, sobre todo, que él pueda reconocerse como protagonista de su propia historia.
Daniel fue criado por María Audilia Lefiman y Domingo Pinchuleo, quienes fueron una de las primeras familias pobladoras de Aluminé. Sus padres atravesaron con él un proceso de aprendizaje para comprender sus necesidades.
Cuando era chico, su familia comenzó a advertir que necesitaba un acompañamiento diferente. Su tía Sara, fue una de las personas que más cerca estuvo de ese proceso.
En aquel momento había mucho menos conocimiento sobre las discapacidades y las herramientas disponibles para acompañarlas. Sara comenzó a llevar a Daniel a profesionales y buscó respuestas para entender qué le sucedía, hasta que le diagnosticaron un retraso madurativo. Con el tiempo, también fue quien impulsó que retomara su trayectoria educativa para que pudiera completar las etapas que había quedado sin realizar.
Después de la muerte de María Audilia y Domingo, Sara asumió su tutela y, junto con el resto de la familia, continuó acompañando su vida cotidiana. Daniel actualmente vive solo en la casa familiar y cuenta con el acompañamiento de un cuidador, mientras su familia procura que pueda desarrollar cada vez más herramientas para manejarse con independencia.
En ese camino, ACADA ocupa un lugar importante. La asociación civil de Aluminé acompaña a personas con discapacidad desde hace casi tres décadas y actualmente funciona como centro de día y centro de apoyo a la inclusión. Allí, jóvenes y adultos participan de talleres vinculados con oficios, actividades cognitivas, artesanías, costura, reciclado, movimiento y habilidades para la vida diaria.
Cecilia, presidenta de ACADA, explica que uno de los objetivos es que las personas puedan adquirir herramientas para desenvolverse con la mayor autonomía posible. “Para nosotros es muy importante ver que Daniel se empezó a sentir seguro en otros espacios que no son este”, sostiene.
Daniel dibuja desde chico. Durante años, sus producciones quedaron principalmente dentro del círculo familiar. Le gustaba mirar personajes y después reproducirlos en papel. “De chico iba a clases de arte. A veces escucho música mientras dibujo”, cuenta Daniel sobre esos momentos en los que busca inspiración.
Gran parte de sus dibujos están inspirados en Dragon Ball Z, uno de sus animé favoritos. Entre todos los personajes, Goku es el protagonista que más veces aparece en sus trabajos. Pero no es el único universo que lo inspira: también disfruta dibujar personajes de Pokémon, Los Caballeros del Zodiaco y distintas escenas relacionadas con videojuegos.
Para hacerlo, guarda imágenes en la galería de su teléfono y después las reproduce con su propio estilo. Cada dibujo lleva tiempo y atención: Daniel se detiene en los detalles, piensa los colores que va a utilizar y busca darle su propia impronta a los personajes que toma como referencia.
Pero Marcos Quiroga, el artista local que actualmente trabaja como su cuidador, descubrió otra dimensión en esa actividad. “Cuando yo lo conocí me di cuenta de que tenía un montón de dibujos guardados que estaban muy buenos”, cuenta.
La relación artística entre ambos comenzó a partir de una propuesta sencilla: pintar un mural en la casa de Daniel. La experiencia lo entusiasmó y, después de verla, Marcos le planteó una nueva posibilidad: llevar sus dibujos a una exposición de artistas locales.
Daniel aceptó enseguida.
Desde entonces comenzó a reunir y producir trabajos especialmente pensados para la muestra. Y ahí apareció una nueva responsabilidad: ya no dibujaba solamente porque tenía ganas.
Cecilia destaca justamente ese aspecto. Para ACADA, uno de los puntos más importantes de la experiencia fue que Daniel pudo asumir una responsabilidad y sostenerla hasta el final: trabajar con un objetivo, respetar un plazo, revisar aquello que no quedaba como esperaba y volver a intentarlo sin abandonar el proyecto.
La muestra comenzó a fines de septiembre y estará disponible hasta el 2 de octubre en la Casa de la Cultura de Aluminé. Daniel, con la ayuda de Marcos, participó del armado y juntos buscaron crear una propuesta diferente: los dibujos fueron colgados de una manera que permitiera que el público pudiera apreciarlos desde distintos ángulos y recorrer la instalación de una forma más interactiva.
Pronto su familia empezó a recibir fotografías de personas que se acercaban a ver sus trabajos y salían fascinados. Para Daniel, cada una de esas imágenes representa algo que hasta hace poco parecía lejano: que otras personas miren, comenten y se interesen por algo que él hizo.
“Es importante que se generen espacios de inclusión y demostrar que se puede vivir el arte de distintas formas, porque si no siempre se le da el espacio a las mismas personas”, valora Marcos.
La muestra también abrió otras puertas. Daniel es un apasionado de la radio. La escucha habitualmente, conoce a quienes trabajan allí y disfruta especialmente cuando puede acercarse y conversar. Uno de sus deseos es algún día tener una participación más activa frente al micrófono.
Al preguntarle cómo vive recibir tanta atención en el pueblo, Daniel confiesa: “Me siento un poco nervioso, pero no pasa nada". Y aprovechando el lugar que se ganó, admite que disfruta de llamar y pedir sus canciones favoritas.
Ahora, además, comenzó a vivir algo que durante mucho tiempo miró desde afuera: las entrevistas, las fotografías y las miradas están puestas en él. Y para Giselle, que durante años escuchó a Daniel decir que no servía para nada, hay algo especial en verlo ocupar ese lugar.
Porque esta vez, Daniel no está mirando la historia de otro desde afuera. Es él, quien gracias a su talento, su esfuerzo y su constancia, logró ser el protagonista de una historia que aún tiene muchos capítulos por contar.