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Sin dinero, muchos eligen la zona del río, lagos o canales donde no hay quién los cuide y existe un alto riesgo de vida.
Una joven madre murió en un canal de riego al intentar salvar a su hijo. La tragedia es tremenda y conmueve, pero podría no ser la única de este verano.
A la muerte dicen que es mejor no llamarla, no invocarla, no desearla a nadie, pero también es cierto que para que ella no venga hay que tomar algunos recaudos, aunque tarde o temprano nos saldrá al cruce a la vuelta de una esquina y será para siempre.
Sigamos con la idea. Hacer profecías no se me da bien, pero esto de advertir lo tremendo del momento es solo un ejercicio sencillo basado en datos.
¿Por qué hay que tener más cuidado este verano? no solo por el calor sino porque estamos en un país donde sus variables económicas todavía no dan señales de estabilidad, se profundiza la depreciación el salario y la caída del consumo. Escenas tan absurdas como personas peleando en un súper para ver cuál se lleva el último producto de oferta es una pincelada de dónde estamos parados. Esperemos que todo este cambie y para bien de todos, porque acá se juega más que la cintura de un presidente muy singular, sino también la suerte de millones de argentinos.
En medio de tanto aumento, muchas personas han desistido por ir a camping pagos con acceso al río o lagos y acuden a lugares no autorizados, carentes de guardavidas donde entienden que pese al riesgo pueden refrescarse.
En el primer día del año el acceso a camping y lagos no bajaba de los 600 pesos y podía escalar hasta 5 mil dependiendo la zona. Y son cada vez más los que se ven obligado a recortar gastos recreativos e ir a un balneario o acercarse a algunos cursos de agua se hace complicado desde lo económico.
El problema, es que se multiplica la cantidad de gente que acude a refrescarse a zonas de riesgo por lo que en una ecuación muy simple, podemos decir que se incrementa la posibilidad de una fatalidad. ¿Qué se puede hacer? Nada, solo esperar que no ocurra nada porque es imposible controlar todo. Además, cuando el calor acecha, debemos admitir que nuestro instinto de preservación tiende a fallar.