La mayor producción de petróleo no se traduce en una expansión pareja del trabajo. Tarifas bajo presión, trabas para cobrar y una fuerte competencia por los contratos complican a los proveedores neuquinos. Qué acordaron las cámaras con YPF durante la Oil & Gas.
En Vaca Muerta, cada vez, se produce más petróleo; se anuncian inversiones millonarias y se construyen las obras que permitirán ampliar las exportaciones. Pero en las empresas locales la cuenta no cierra con la misma facilidad. Hay proveedores que pelean por sostener sus contratos, financiar los servicios que ya prestaron y conservar un margen que les permita seguir trabajando.
Para entenderlo, hagamos un recorrido sobre el funcionamiento del sector y cómo está impactando en el tercer anillo, mayormente compuesto por las PyMES locales.
El boom que muestran las proyecciones todavía no se siente de manera pareja en los talleres, las bases operativas y las oficinas de las pymes neuquinas. La actividad ofrece oportunidades, pero también exige inversiones y espaldas financieras que muchas firmas tienen cada vez más comprometidas.
Esa distancia entre las expectativas y el presente quedó expuesta durante la Argentina Oil & Gas Patagonia. Mientras las grandes compañías presentaron sus planes de expansión, las cámaras empresariales locales llevaron una agenda más inmediata: acceso a las licitaciones, condiciones de competencia, financiamiento y plazos de cobro.
La reunión de la Federación de Cámaras del Sector Energético de Neuquén (FECENE) con el gobernador Rolando Figueroa y el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, fue el escenario en donde cada uno mostró sus cartas y permitió acordar una mesa de trabajo. También dejó a la vista que producir más no alcanza para que toda la cadena esté mejor.
Los indicadores de Vaca Muerta requieren una lectura que vaya más allá del volumen extraído y las proyecciones exitosas que se predican. Producción, actividad y rentabilidad están relacionadas, pero no avanzan necesariamente a la misma velocidad.
La industria perfora más rápido, realiza pozos más largos y mejora el rendimiento de sus instalaciones. Eso permite obtener más petróleo pero sin multiplicar en la misma proporción la cantidad de equipos, las jornadas contratadas o los servicios necesarios.
Para una operadora, terminar un pozo en menos días representa un ahorro. Para una empresa local que cobra por jornada, traslado o disponibilidad de equipos, el resultado depende de conseguir nuevos trabajos que compensen esa reducción.
La eficiencia es indispensable para competir. Pero sus beneficios se distribuyen de manera desigual y ayudan a explicar por qué los récords productivos pueden convivir con proveedores que no ven crecer sus ingresos o que trabajan con márgenes cada vez más estrechos. Quizás el éxito y los menores costos estén “subsidiados” por esas PyMES.
Tampoco el petróleo y el gas atraviesan una expansión uniforme. Cada segmento tiene sus restricciones de transporte, mercados y tiempos de inversión. Presentar todo ese movimiento como una explosión generalizada de actividad termina por ocultar las diferencias y se incurre en un error.
Durante la AOG, Daniel González, secretario de FECENE, describió una competencia intensa por los negocios de la cuenca. Empresas de otras provincias, golpeadas por la caída de actividad en sus lugares de origen, buscan ingresar en Neuquén con ofertas agresivas.
El planteo de los proveedores locales es que las exigencias técnicas, laborales y comerciales sean equivalentes para todos. La discusión pasa por las condiciones bajo las cuales se comparan las ofertas y se adjudican los trabajos.
De acuerdo a las reglas de juego actuales, conseguir un contrato tampoco garantiza ganar dinero. Una tarifa puede alcanzar para mantener ocupados los equipos y pagar los salarios, pero resulta insuficiente para que la empresa no se descapitalice, renovar una camioneta, reparar una máquina o incorporar tecnología.
Cuando eso se prolonga, la empresa sigue trabajando, aunque pierde capacidad de inversión. Y queda peor posicionada para responder al salto de escala que las operadoras anuncian para los próximos años.
La presión sobre los precios tuvo un episodio concreto con el pedido de Halliburton de reducir hasta un 23% los valores de contratos en ejecución para el período agosto-diciembre de 2026. La propuesta provocó el rechazo de cámaras empresariales y del sindicato de petroleros privados. Con la intervención del gobierno neuquino se abrió una instancia de negociación con los proveedores.
El conflicto expuso una tensión que atraviesa a la cadena. ¿Hsta dónde puede avanzar la reducción de costos sin comprometer a las empresas que prestan los servicios?
A los precios se suma el tiempo que tarda en entrar el dinero a la caja de los proveedores. La Cámara de Empresas, Industria y Servicios de Añelo (CEISA) advirtió sobre las demoras en las habilitaciones para facturar, método conocido en la industria como “Habilita”.
El mecanismo tiene un efecto directo sobre la caja. La empresa realiza el trabajo y paga salarios, combustible e insumos. Pero, mientras no obtiene la autorización, no puede emitir la factura. Muchas veces, el trabajo finalizó hace meses y el plazo de pago todavía ni siquiera empezó a correr.
Ese fue uno de los asuntos abordados con YPF. Según informó CEIPA después del encuentro, la petrolera se comprometió a agilizar las habilitaciones y a pagar a 30 días de la facturación. También se anunció el respaldo del Banco Provincia del Neuquén para facilitar el descuento de facturas y aportar capital de trabajo.
La diferencia entre ambos momentos es decisiva. Cobrar a 30 días de emitir una factura puede convertirse en una espera mucho más larga desde la prestación del servicio. Durante ese período, el proveedor termina financiando parte de la operación de su cliente.
FECENE destacó cuatro ejes del encuentro, “ampliar la participación de empresas neuquinas en las contrataciones de YPF, mejorar el desarrollo de proveedores, facilitar financiamiento y establecer un seguimiento de los compromisos”.
Uno de los puntos acordados fue mejorar la comunicación de las evaluaciones técnicas que realiza la petrolera. El objetivo es que las firmas sepan qué aspectos deben corregir y puedan trabajar con el Centro PyME-ADENEU para fortalecer sus capacidades.
Marín también se comprometió a mantener reuniones trimestrales con las cámaras. Esos encuentros permitirán revisar las licitaciones, analizar la participación local y plantear dificultades concretas en los procesos de contratación.
Las entidades valoraron la apertura. Ahora esperan que se traduzca en acceso efectivo a los negocios, mayor previsibilidad y herramientas financieras que lleguen antes de que la falta de capital de trabajo se convierta en un límite para operar.
Las obras de transporte y los proyectos exportadores alimentan las expectativas. Pero tienen tiempos distintos de los que maneja una PyME para pagar los sueldos o afrontar una cuota bancaria.
Además, la construcción de un oleoducto o una planta concentra trabajo durante un período determinado. La perforación, la fractura y el mantenimiento de los yacimientos generan otra clase de demanda, más vinculada con la continuidad operativa. Pasar de una etapa a otra no asegura que participen las mismas empresas ni que los contratos lleguen sin interrupciones.
Por eso, ampliar la capacidad de exportación es una condición necesaria, aunque insuficiente para resolver las dificultades de los proveedores. También hacen falta contrataciones, tarifas sostenibles y plazos de cobro que permitan acompañar las inversiones.
En las próximas reuniones con YPF, las cámaras tendrán una primera prueba para medir los resultados: cuántas empresas acceden a las licitaciones, qué trabajos consiguen y cuánto tardan en cobrarlos. Para las pymes, el crecimiento de Vaca Muerta también se juega en esos números.