Nunca te quedes con las ganas: llorar reduce la angustia y relaja

Tiene mala prensa, pero es una manera aconsejable de "descarga".
Cuando estamos estresados hay más posibilidades de llorar. En esa acción liberamos tres hormonas que tienen el mismo efecto que un analgésico.
Madrid.- Lloramos desde que nacemos. A veces de tristeza, otras de felicidad. También es verdad que muchas veces nos guardamos las ganas de llorar. Sin embargo, este tipo de descarga es vital para expresarnos, salir adelante o demostrar lo que nos sucede. Porque la verdad es que necesitamos llorar de vez en cuando.

Las lágrimas son una herramienta para todo tipo de fines: desahogar las penas, llamar la atención, mostrar tristeza o decepción, acordarnos de algo del pasado. Incluso se nos caen cuando estornudamos, tenemos alergia o nos reímos a carcajadas.

Llorar nos da alivio, nos hace sentir más tranquilos, disminuye la angustia y favorece la relajación.
Existen personas que tienen la capacidad para llorar, pero hay otras que no lo pueden hacer tan fácilmente. Controlar demasiado las emociones (negándolas o disfrazándolas con una sonrisa falsa) es perjudicial para la salud.

Si el cuerpo acumula demasiadas sensaciones negativas, no sólo genera depresión, tensión o estrés, sino que también es probable que cambie el carácter o la personalidad. Mayor irritabilidad, mal humor y nervios son sólo algunas de las señales.

Controlar demasiado las emociones, negándolas o disfrazándolas, es perjudicial para nuestra salud.

No olvides que por algún sitio el organismo debe expulsar todo lo que le duele o le hace mal. Un día no podrá soportar más tanto guardar lágrimas y tristezas y estallará en un gran llanto o en un ataque de ira.

No llorar nos puede causar dolor de cabeza o de cuello, malestares estomacales y mareos. Las defensas se reducirán y seremos más propensos a sufrir enfermedades de todo tipo. Además, las emociones contenidas bloquean el flujo de energía y eso también influye en la salud.

El llanto profundo es una excelente manera natural para desahogar nuestras penas y entender cuáles son nuestros dolores y tristezas. Quizás puedas aprovechar cuando te duchás o te vas a dormir. Eso no te convertirá en un deprimido crónico, sino en una persona que sabe canalizar sus angustias de una manera positiva. Te sentirás realmente reconfortado, liberado y con mucha energía para salir adelante.

Si te cuesta mucho llorar, no te preocupes. Sólo necesitás sensibilizarte un poco y darte tiempo: poner música, leer algo o ver una película de esas que requieren un paquete de pañuelos descartables. Además, a la altura de la garganta existe un punto que, al presionarlo, activa el llanto. También podés respirar profundamente: a muchos esta técnica les funciona para llorar.

Cuando estamos estresados hay más posibilidad de que lloremos. Esto tiene una razón científica muy convincente: al expulsar las lágrimas eliminamos oxitocina, noradrenalina y adrenalina. Estas hormonas tienen en el cuerpo el mismo efecto que un analgésico.

El llanto y la risa: ¿lo mismo dan?


Si analizamos fisiológicamente la risa y el llanto, ambos son similares. ¿Por qué? Porque modifican la respiración y la presión sanguínea. Si reís una hora al día, adelgazás 14 gramos de grasa. Puede parecerte poco, pero si lo sumás, en un año habrás bajado 5 kilos. Y ese no es el único beneficio, ya que la risa aumenta la autoestima, retrasa el envejecimiento y elimina el estrés y las tensiones. Exactamente esto último lo logra también el llanto. La medicina hipocrática lo consideraba una "purga para los humores".

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