Aunque es una de las insignias más representativas de la historia nacional, todavía muchos se preguntan desde qué fecha corresponde llevarla.
La tradición la escarapela aparece cada año en las escuelas, actos y oficinas públicas de toda Argentina, aunque es una de las insignias más representativas de la historia nacional, todavía muchos se preguntan desde qué fecha corresponde llevarla.
Aunque no existe una obligación formal sobre cuántos días debe usarse, la tradición popular indica que muchas personas comienzan a llevar la escarapela desde el 18 de mayo, fecha en la que se celebra el Día de la Escarapela, y la mantienen hasta el 25, cuando se conmemora un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.
Cada 18 de mayo, miles de argentinos vuelven a prenderse en el pecho la escarapela celeste y blanca. El símbolo aparece como parte de las celebraciones patrias que desembocan en el 25 de Mayo.
La fecha fue instituida oficialmente en 1935 por el Consejo Nacional de Educación y luego incorporada al calendario escolar argentino en 1951. Desde entonces, el Día de la Escarapela se transformó en una de las jornadas más vinculadas a la identidad nacional y a la historia de la independencia.
Aunque hoy forma parte natural de las fechas patrias, el origen de la escarapela está ligado a un contexto militar y político mucho más complejo. Su creación respondió a la necesidad de distinguir a las tropas argentinas en medio del proceso revolucionario iniciado en el Río de la Plata a comienzos del siglo XIX.
El impulsor de la iniciativa fue Manuel Belgrano, uno de los principales protagonistas de la Revolución de Mayo y creador de la bandera argentina.
En febrero de 1812, Belgrano se encontraba en Rosario al frente de tropas revolucionarias que debían vigilar el río Paraná e impedir avances de fuerzas realistas provenientes de Montevideo. En ese contexto detectó un problema práctico: distintos cuerpos militares utilizaban distintivos diferentes y eso generaba confusión en situaciones de combate.
El 13 de febrero de ese año, Belgrano elevó un pedido formal al Primer Triunvirato para crear una escarapela nacional que permitiera identificar con claridad a los soldados de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Cinco días después, el 18 de febrero de 1812, el gobierno aprobó oficialmente el uso de una escarapela de colores blanco y celeste.
El Triunvirato estaba integrado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Chiclana. La insignia se convirtió así en el primer gran símbolo patrio surgido durante el proceso independentista argentino.
Aunque la escarapela nació oficialmente en 1812, todavía existen discusiones históricas sobre el origen exacto de sus colores.
Una de las versiones más difundidas sostiene que el celeste y blanco ya habían sido utilizados durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 por milicias urbanas del Río de la Plata. Con el paso del tiempo, esos colores comenzaron a ser asociados con sectores criollos que impulsaban mayores niveles de autonomía política frente a España.
Otra teoría histórica ubica el origen durante los días previos a la Revolución de Mayo. Según esa versión, un grupo de damas porteñas habría utilizado cintas celestes y blancas durante una visita al coronel Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios.
También existen interpretaciones que relacionan esos colores con la Casa de Borbón, la familia real vinculada a Fernando VII, rey español durante ese período.
Sin embargo, no existe documentación definitiva que confirme cuál de todas esas teorías es la correcta. Lo que sí quedó claro con el paso de los años es que el celeste y blanco terminaron convirtiéndose en los colores más representativos de la identidad argentina.
Actualmente, la escarapela se utiliza principalmente durante la Semana de Mayo, que comienza cada 18 de mayo y culmina el 25 con la conmemoración de la Revolución de Mayo.
También aparece en otras fechas patrias importantes como el 20 de junio por el Día de la Bandera, y el 9 de julio por el Día de la Independencia.
La tradición indica que debe colocarse del lado izquierdo del pecho, cerca del corazón. En escuelas y actos oficiales todavía forma parte central de ceremonias, homenajes y actividades vinculadas a la historia argentina.
Con el paso de las décadas surgieron además distintos diseños y formatos. Algunas escarapelas mantienen la forma clásica circular, mientras otras aparecen como moños, cintas o pequeños listones decorativos.
Más allá de sus variantes, el símbolo mantiene el mismo objetivo que imaginó Belgrano hace más de dos siglos: representar unidad, identidad y pertenencia nacional.
La relación entre la escarapela y la bandera argentina también quedó marcada desde el comienzo. Apenas días después de aprobarse la insignia, Belgrano creó la bandera nacional utilizando los mismos colores.