El equipo económico reforzó su presencia en los mercados financieros mediante operaciones sobre bonos y contratos de dólar futuro para evitar una aceleración de las expectativas de devaluación.
La dinámica cambiaria volvió a ocupar el centro de la escena económica durante la primera semana de junio, después de que el dólar oficial avanzara $ 25 y alcanzara valores que no había tocado desde febrero.
Frente a ese movimiento, el equipo económico reforzó su presencia en los mercados financieros mediante operaciones sobre bonos y contratos de dólar futuro para evitar una aceleración de las expectativas de devaluación. El dólar mayorista llegó a ubicarse por encima de los $ 1.438 durante la semana, mientras que la cotización minorista rondó los $ 1.460.
Las intervenciones oficiales se concentraron especialmente en los segmentos donde se forman expectativas sobre la evolución futura del tipo de cambio. Operadores financieros detectaron una mayor actividad en contratos negociados en el mercado de futuros, una herramienta que permite influir sobre las cotizaciones esperadas para los próximos meses sin tener que usar reservas. La autoridad monetaria ya había retomado este mecanismo durante 2025, después de más de un año sin participar activamente en ese mercado, acumulando posiciones por aproximadamente US$ 2.000 millones según estimaciones privadas.
El Gobierno también recurrió a operaciones con títulos públicos para administrar la liquidez en pesos y desalentar movimientos especulativos hacia el dólar. A través de compras y ventas de bonos soberanos, el Tesoro y el Banco Central buscaron modificar rendimientos financieros y reducir incentivos para una dolarización acelerada de carteras. El uso simultáneo de instrumentos cambiarios y financieros se convirtió en uno de los rasgos centrales de la política económica desde la implementación del nuevo régimen de bandas, diseñado para permitir fluctuaciones controladas sin abandonar completamente la capacidad de intervención estatal.
El trasfondo de estas medidas estuvo vinculado a un cambio gradual en las condiciones de oferta y demanda de divisas. Durante mayo, el ingreso de dólares provenientes de exportaciones agrícolas y colocaciones financieras permitió sostener cierta estabilidad cambiaria, pero distintas consultoras comenzaron a advertir que la liquidación del complejo agroexportador podría desacelerarse durante el segundo semestre. Al mismo tiempo, la recuperación de la actividad económica incrementó la demanda privada de moneda extranjera para importaciones, turismo y cobertura financiera.
La importancia de contener la suba del dólar no responde únicamente a una cuestión financiera. El tipo de cambio continúa siendo uno de los principales determinantes de las expectativas inflacionarias, incluso después de la desaceleración de precios de los últimos meses.
Una aceleración cambiaria sostenida podría trasladarse rápidamente a bienes transables, combustibles, servicios regulados y costos empresariales, complicando la estrategia oficial orientada a consolidar la desinflación. Por esa razón, las autoridades optaron por intervenir antes de que el movimiento acumulado se transformara en una señal de inestabilidad para consumidores y empresas.
La estrategia oficial se desarrolló además dentro de un marco regulatorio que establece límites concretos para la evolución del dólar. Bajo el sistema actual, el Banco Central solo está obligado a intervenir directamente en el mercado cambiario si la cotización alcanza los extremos definidos por las bandas de flotación.
Distintas estimaciones privadas calculaban que el techo correspondiente para fines de junio se ubicaba cerca de los $ 1.806, un valor significativamente superior a los niveles observados durante la primera semana del mes. Esa distancia permitió que las autoridades privilegiaran herramientas indirectas antes que intervenciones masivas con reservas.
El efecto más inmediato de las operaciones sobre bonos y futuros consistió en moderar la velocidad de ajuste del tipo de cambio y reducir la volatilidad diaria observada en las ruedas financieras. Aunque el dólar continuó mostrando una tendencia alcista durante los primeros días de junio, los movimientos permanecieron contenidos dentro de parámetros considerados manejables por el mercado. Analistas financieros señalaron que la combinación de oferta estacional de divisas, compras de reservas por parte del Banco Central y capacidad de intervención en mercados derivados contribuyó a sostener un escenario de relativa estabilidad pese a la presión alcista registrada en las cotizaciones.