Nelson Madaf fue detenido, torturado y liberado años después por falta de pruebas. Más tarde se descubrió que la joven por la que había sido acusado de asesinato seguía con vida.
Con apenas 19 años, Nelson Madaf quedó en el centro de una investigación que cambiaría su vida para siempre. Fue acusado de un asesinato, estuvo preso, sufrió graves torturas y cargó durante décadas con las consecuencias de una causa que se derrumbó cuando se confirmó que la supuesta víctima estaba viva.
El 16 de octubre de 1989, en la ciudad de San Luis, Nelson Madaf fue a tomar un helado con Claudia Díaz, una adolescente de 15 años a quien había conocido pocos días antes. Ambos compartieron un momento a la salida de la escuela y luego él la acompañó hasta su casa, donde se despidieron en la puerta.
Esa fue la última vez que alguien del entorno de Claudia supo de ella. La joven desapareció y, con el paso de los días, la investigación policial puso el foco en Madaf, quien había sido una de las últimas personas en verla.
La detención de Madaf estuvo marcada por denuncias de graves torturas. Según reconstruyó el abogado Carlos Pereyra, quien años después tomó contacto con el caso, el joven fue sometido a distintos tormentos durante su tiempo bajo custodia policial.
“Fue todo inventado. Lo único cierto es que Nelson fue la última persona que vio a Claudia el día que desapareció”, sostuvo el letrado. Según relató Pereyra, Madaf sufrió golpes, simulacros de fusilamiento, amenazas y otros métodos de tortura que lo llevaron a confesar un delito que no había cometido. Incluso, aseguró que le aplicaron inyecciones con agujas infectadas y que, como consecuencia, contrajo VIH, por lo que tuvo que pasar el resto de su vida bajo tratamiento médico.
El joven permaneció detenido hasta 1995, cuando recuperó la libertad por falta de pruebas. Con el paso del tiempo, la investigación quedó cuestionada y nunca hubo condenados por las torturas denunciadas contra él.
En 1998 llegó la noticia que cambió por completo el caso: Claudia Díaz estaba viva. La adolescente había escapado de su casa tras sufrir violencia familiar y comenzó una nueva vida en San Juan. Allí formó una familia y permaneció alejada de la historia que había llevado a Madaf a prisión.
El hallazgo dejó expuesto que la acusación contra Nelson estaba basada en hipótesis que luego fueron descartadas. “Para Nelson fue un shock enterarse de que Claudia estaba viva. Para toda la comunidad también. Quedó claro que todo había sido una mentira”, recordó Pereyra.
A pesar de la revelación, quienes acompañaron a Madaf señalaron que nunca recibió una reparación acorde al daño que sufrió.
Después de recuperar la libertad, Nelson intentó reconstruir su vida, pero las secuelas de lo ocurrido lo acompañaron durante años. Personas cercanas contaron que tuvo problemas de salud, atravesó períodos de aislamiento y dependió muchas veces de la ayuda de familiares, vecinos y organizaciones.
Ayelén Toranzo, una de las personas que lo acompañó en sus últimos años, aseguró que nunca escuchó a Nelson hablar con odio sobre Claudia. “Siempre decía que ella también era una víctima porque sufría violencia en su casa”, contó.
Según relató, la muerte de la madre de Nelson profundizó su deterioro emocional. Con el tiempo dejó de salir y pasó largos períodos internado.
La indemnización que recibió por parte de la Justicia llegó tarde y fue mínima. Su familia, de origen humilde, no pudo afrontar siquiera los gastos del sepelio tras su fallecimiento. Nelson Madaf murió en junio de 2025 con las secuelas de una historia que comenzó cuando tenía 19 años y que lo acompañó durante toda su vida. “Me quedó la sensación de que murió abandonado, y eso es muy triste, reflexionó Toranzo.