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Los 5 motores del crecimiento chino que Argentina podría copiar según el argentino que dirigió la Bolsa de Hong Kong

China ya no es aquel país que inundaba los mercados con productos baratos. Ahora es una verdadera potencia global. Un ex JP Morgan argentino, que llegó a manejar la Bolsa de Hong Kong, explicó cómo es que ese país logró el desarrollo y advirtió que no todo su éxito se debe a los subsidios del Estado.

La percepción de China como un simple centro de producción de bajo costo y réplicas de baja calidad ha quedado obsoleta. Así lo plantea Nicolás Aguzín, ex CEO de la Bolsa de Comercio de Hong Kong (HKEX), ex directivo de JP Morgan y actual integrante de los directorios de empresas como Mercado Libre, Globant y Pampa Energía.

En su exposición en el 62 Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA) que se lleva a cabo en Mar del Plata, Aguzín analizó los profundos cambios estructurales del gigante asiático tras su experiencia en los principales centros financieros regionales. Durante su gestión al frente de la plaza bursátil hongkonesa, presenció la salida a bolsa de más de 200 compañías. Pese a que un 30% a 40% de ellas carecía de ventas operativas iniciales —especialmente en el sector de la biotecnología—, lograban valuaciones significativas en un mercado dinámico.

El ejecutivo desmitificó la idea de que el éxito chino dependa exclusivamente de subsidios estatales o de una mano de obra barata. Si bien reconoció la presencia de incentivos e inversión pública orientada a investigación y desarrollo (I+D), remarcó que el gasto consolidado del gobierno chino representa un 32% del Producto Bruto Interno (PBI). Esta cifra ubica la participación del Estado por debajo de economías como la de Estados Unidos (38%) o Francia (56%).

Las cinco claves

Para explicar la competitividad china, Aguzín resumió el fenómeno en cinco engranajes clave, analizando cuáles son replicables por el sector productivo argentino:

1. La escala masiva (El factor no replicable)

El primer motor del desarrollo chino radica en su dimensión de mercado interno de 1.400 millones de habitantes. Un ejemplo claro de este volumen es su capacidad de generación eléctrica: China genera dos veces y media más electricidad que Estados Unidos, lo que equivale a 70 veces la capacidad total de la Argentina. Aguzín señaló que esta escala es prácticamente imposible de duplicar en otras regiones. Sin embargo, enfatizó que los otros cuatro motores sí pueden ser adoptados y adaptados por la industria argentina.

2. Talento, ética de trabajo y disciplina

El segundo pilar combina la formación masiva en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) con una alta disciplina laboral. Mientras que Argentina gradúa unos 8.500 ingenieros al año y Estados Unidos 120.000, China genera 1,5 millones de graduados anuales en el área.

Aguzín citó al CEO de Apple, Tim Cook, para remarcar que la radicación industrial en China responde a la disponibilidad técnica y no al bajo costo salarial. A este volumen educativo se suma una cultura laboral de alta dedicación, visibilizada en esquemas como el "996" (trabajar de 9 a 21 horas, 6 días a la semana), promovido en su momento por gigantes de la tecnología como Tencent y Alibaba.

3. Hipercompetitividad extrema (Neijuan)

El tercer engranaje es una dinámica de competencia interna feroz. Como ilustración de esta selección de mercado, Aguzín detalló la evolución del sector de vehículos eléctricos: en 2018 competían en China más de 500 marcas, de las cuales hoy operan menos de 100. Esa presión depuradora obligó a una reducción drástica de márgenes y a una aceleración de la eficiencia. De este modo, las empresas que logran exportar e internacionalizarse ya han atravesado un proceso de filtrado altamente exigente.

4. Velocidad de aprendizaje y desarrollo de producto

A diferencia del esquema tradicional de innovación de los países occidentales —basado en extensos estudios de mercado, planificación y pruebas piloto dilatadas—, el ecosistema chino opera bajo un ciclo iterativo ultrarrápido. Lanzan productos mínimos viables, miden los resultados de forma inmediata en el mercado, realizan ajustes y vuelven a volcar las mejoras al consumidor. Esta agilidad permitió que la percepción de la industria manufacturera pasara de ser cuestionada a ser respetada globalmente en pocos años.

5. Ecosistemas industriales concentrados

El quinto elemento diferencial es la conformación de clústers y redes de proveedores geográficamente integrados. El caso emblemático señalado por Aguzín fue la Gigafactory de Tesla en Shanghái:

  • La planta de Shanghái cuenta con aproximadamente 400 proveedores ubicados en un radio de 100 kilómetros, los cuales abastecen el 95% de los insumos requeridos.
  • Operando con el mismo número de empleados (alrededor de 20.000), el mismo nivel de robotización y los mismos modelos que su fábrica hermana en California, la planta de Shanghái produce cerca de 950.000 vehículos anuales, frente a los 420.000 a 450.000 producidos en Estados Unidos.

Capitales y ahorro local: la leña para el motor productivo

Más allá de la estructura industrial, el especialista abordó la necesidad de financiamiento. Sostuvo que si bien la inversión extranjera directa funciona como la "chispa" inicial, la sustentabilidad del desarrollo requiere indispensablemente del ahorro interno.

Al respecto, contrastó la realidad de los depósitos bancarios: mientras que en China el ahorro bancario representa cerca de 50 billones de dólares (equivalente al 250% de su PBI), en la Argentina los depósitos del sistema financiero no alcanzan el 20% del producto. Frente a esto, remarcó que los argentinos mantienen más de 200.000 millones de dólares fuera del sistema productivo.

Oportunidades estratégicas para la Argentina

En el tramo final de su exposición, Aguzín instó a dejar de lado discusiones ideológicas cerradas en materia geopolítica. Destacó que países como Australia, Japón o Corea del Sur mantienen a China como su principal socio comercial a la vez que son aliados estratégicos de Estados Unidos.

Para el caso argentino, propuso enfocar los recursos en sectores estratégicos de alta ventaja competitiva, como alimentos, energía, minería y la infraestructura para centros de datos (data centers) asociada al desarrollo global de la inteligencia artificial.

Concluyó señalando que el rumbo económico no estará determinado exclusivamente por marcos regulatorios o decretos, sino por la capacidad del empresariado para asumir riesgos, competir internacionalmente y operar en un marco de reglas claras y previsibles.

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