Mario Rivarola, intendente de Embalse (Córdoba), se quebró en vivo al describir el abandono de la mítica Unidad Turística tras la orden de Nación de vender los terrenos.
"Estoy muy triste porque no me da el cuerpo, no sé qué hacer, te juro que no duermo, no como". Con esas palabras, el intendente de Embalse, Mario Rivarola, se quebró en llanto durante una entrevista en vivo, al describir el impacto de los despidos masivos en la Unidad Turística Embalse, un complejo de más de 70 años de historia que el Gobierno nacional decidió desmantelar.
El video recorrió este viernes las redes sociales y los medios nacionales, y puso en el centro del debate el impacto humano y social de una decisión que, para Rivarola, va mucho más allá de los números. "Lo único que necesito es que le den laburo a la gente", dijo entre lágrimas el jefe comunal, alineado con el PJ del gobernador Martín Llaryora.
El detonante fue la resolución del Gobierno de Javier Milei que habilitó a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) a vender 21 inmuebles públicos, entre ellos tres terrenos sobre la costa del Embalse de Río Tercero. La medida forma parte de un plan que contempla la venta o concesión de un amplio sector de la Unidad Turística Embalse, un predio de unas 300 hectáreas forestadas con siete hoteles —solo dos operativos—, 51 cabañas, piletas, un polideportivo, un centro médico y una dependencia policial.
A esa decisión se sumó esta semana la notificación de despidos a 45 trabajadores del complejo: personal contratado y empleados de planta permanente. Antes había habido una primera tanda, de modo que la cifra total de afectados supera las 250 familias desde el inicio del proceso de desmantelamiento. Rivarola se enteró de las medidas por los propios empleados, no por una comunicación oficial.
La Unidad Turística Embalse fue durante décadas el emblema del turismo social argentino. Jubilados, trabajadores sindicalizados y familias de bajos recursos accedían a través de ella a vacaciones que de otro modo hubieran sido imposibles. Con el cambio de órbita —de la Secretaría de Turismo al AABE— esa misión quedó suspendida y el impacto cayó directamente sobre la economía local.
Rivarola lo graficó con datos concretos: el municipio pasó de asistir a un número reducido de familias a entregar más de 600 módulos alimentarios. "La gente está mal y ya no sé qué hacer", reconoció. También advirtió que muchas personas recurren a tarjetas de crédito para comprar alimentos y que los comercios, emprendimientos y empresas de toda la región de Calamuchita sienten la caída de la actividad.
En la entrevista brindada al streaming de La Voz del Interior, el intendente también denunció la falta de coordinación entre los organismos nacionales: "Se tiran la bolilla entre todos. Llamo a Turismo, ¿por qué echaron a la gente? Hablá con el AABE. Hablo con el AABE, ´no, eso es de Patrimonio Nacional ya´. Los llamo a los de Patrimonio, ´no, nosotros no tenemos nada que ver´. Pero pónganse de acuerdo, si no se ponen de acuerdo ustedes, que trabajan juntos, ¿qué quieren que haga yo como intendente?".
Rivarola sí había recibido el respaldo del gobernador Llaryora, quien le ofreció apoyo para gestionar uno o dos de los hoteles terminados y desarrollar actividades con centros de jubilados y eventos deportivos. Pero la respuesta de la Nación nunca llegó. "Ojalá desde Nación nos dieran bola", resumió en otra entrevista, con una mezcla de resignación y enojo.
El estado de abandono del complejo es elocuente. Según el propio Rivarola, varios de los hoteles están destruidos: "Te da lástima, te da pena entrar. El Hotel 6 está destruido, el Hotel 3 está destruido, lo único que funciona es el Hotel 2 y el Hotel 7". La misma suerte corre el complejo de Chapadmalal, también incluido en la ola de despidos que dispuso el Gobierno nacional.
Al cierre de la entrevista que se viralizó, Rivarola dejó una frase que condensó todo: "Nunca viví esto que estoy viviendo ahora y me afecta mucho la gente, los niños".