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Hay dudas sobre la atención al público durante la jornada de protesta, previendo posibles complicaciones.
El paro general de la CGT que se lleva a cabo jueves 19 de febrero por 24 horas, genera incertidumbre sobre la actividad de supermercados, shoppings y comercios en todo el país. Mientras algunas empresas buscan sostener la operatoria habitual, otras prevén esquemas de funcionamiento reducidos frente a las dificultades logísticas y de traslado que podrían registrarse durante la jornada.
Desde el rubro de los supermercados señalaron que el objetivo es sostener la actividad con la mayor normalidad que permita la jornada de protesta. La intención es mantener los locales abiertos y garantizar la atención a los clientes, siempre dentro de las posibilidades operativas del día.
Desde una cadena de supermercados aseguraron que la prioridad es garantizar la operación. Según explicaron, la empresa mantiene su actividad habitual incluso en contextos de conflicto sindical, por lo que el objetivo operativo se centró en sostener la prestación del servicio y la disponibilidad de productos.
Fuentes del sector comercial explicaron a la prensa que, el impacto más probable podría aparecer en el nivel de ausentismo del personal, especialmente si la protesta afecta el transporte público de pasajeros. En ese sentido, remarcaron que la posibilidad de que los colectivos reduzcan su funcionamiento condiciona la llegada de trabajadores a los puntos de venta y a los centros logísticos.
También explicaron que el sector realizó previsiones logísticas para enfrentar esa eventualidad. La planificación incluyó esquemas de reorganización interna que buscan asegurar el abastecimiento inmediato y la continuidad de las tareas esenciales, aun cuando parte del personal enfrente dificultades de traslado.
Otro punto que destacaron es que, en este tipo de jornadas, la mayor adhesión suele concentrarse en el área de logística. Según describieron, en algunas ocasiones se organizan traslados de trabajadores hacia movilizaciones vinculadas a la protesta. Aunque aclararon que cada medida presenta características propias, señalaron que ese comportamiento se repite con frecuencia en conflictos de alcance nacional.
De acuerdo con esa mirada sectorial, una eventual interrupción en la logística no necesariamente genera un efecto inmediato sobre la operación comercial del día. Las fuentes indicaron que el impacto suele sentirse de manera diferida, porque la mercadería que no se procesa o no se recibe durante la jornada puede alterar el flujo habitual de abastecimiento en días posteriores.
Ese desfasaje, explicaron, se traduce en ajustes operativos que aparecen más adelante, cuando la cadena logística intenta recuperar el ritmo normal. En términos prácticos, señalaron que el consumidor no suele percibir cambios directos durante el día del paro, pero la reorganización interna puede tensionar la dinámica de reposición en la semana siguiente.
El escenario para los shoppings presenta una lógica similar en cuanto a la intención de sostener la actividad. La previsión es que los centros comerciales mantengan sus puertas abiertas durante la jornada, alineados con el objetivo de preservar el funcionamiento regular.
La decisión responde a la planificación operativa habitual frente a medidas sindicales, con esquemas que buscan garantizar la presencia mínima necesaria para operar.
En el caso de los comercios a la calle, el panorama aparece más heterogéneo. El funcionamiento dependerá de la evaluación particular de cada establecimiento, que pondera variables como la seguridad, la disponibilidad de personal y las condiciones de traslado. Algunos locales podrían optar por no abrir para evitar riesgos asociados a la jornada, mientras que otros intentarán mantener la atención si cuentan con personal suficiente.
La posibilidad de que empleados enfrenten dificultades para llegar a sus puestos de trabajo constituye un factor central en esas decisiones.