La consultora Quantum estimó este año que la deuda pública Argentina está un poco mejor debido al retraso del tipo de cambio.
Datos oficiales indican que la deuda pública consolidada de la Argentina es de unos u$s318.000 millones, cifra que resulta equivalente al 42% del Producto Bruto Interno (PBI) . En otras palabras, de cada 1000 dólares que produce el país en un año en concreto debe unos 420 dólares.
Se trata de un ratio de deuda mucho mejor que la mayoría de los países en el mundo. donde la característica imperante es que los estados tengan una duda que superan al 100% del PBI. En el caso de Argentina es un buen ratio, aunque no sería tan bueno debido al retraso del tipo de cambio.
De acuerdo con un reporte de la consultora Quantum, la deuda bruta registrada del Tesoro Nacional se ubicó en u$s486.628 millones a fines de septiembre de 2026, lo que representó un incremento nominal de u$s32.590 millones respecto al mismo mes del año anterior.
Sin embargo, pese al aumento medido en dólares corrientes, la ratio de deuda sobre el PBI cayó de manera significativa al pasar del 70% al 65% en el período analizado.
De acuerdo con Quantum este fenómeno responde de manera directa al "efecto atraso cambiario" o apreciación real de la moneda local. Al medirse el PBI argentino en dólares a un tipo de cambio apreciado, la producción nacional expresada en moneda dura se expande, haciendo que el peso del endeudamiento total parezca sensiblemente menor en relación con el tamaño de la economía.
Este es el impacto de la apreciación cambiaria se observó de manera dispar según la denominación de los compromisos:
La baja estuvo empujada principalmente por la cancelación de Letras Intransferibles por u$s23.430 millones y la amortización de bonos Globales por u$s 2.793 millones, amortiguada en parte por incrementos en Bonares y otros instrumentos.
El incremento respondió mayoritariamente a la emisión y ajuste de títulos indexados por CER (inflación), los cuales treparon en el equivalente a u$s19.960 millones, seguidos por instrumentos capitalizables (LECAP/BONCAP) por u$s 5.087 millones y bonos dollar-linked por u$s4.503 millones.
El informe precisa que los conceptos asociados a intereses capitalizados y ajustes por CER o tipo de cambio implicaron un aumento contable de u$s49.364 millones medidos en dólares. Sin considerar dichos factores de ajuste contable e indexación, la deuda bruta del Tesoro se habría reducido en u$s16.773 millones.
La cuestión es que esos importes son los que debe el Tesoro de la Nación, que se podría decir que es una de las oficinas del Estado. Hay otras oficinas del Sector Público Nacional (SPN) que tienen bonos de deuda del Tesoro.
Es el caso del Banco Central y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES. Y en ese caso, se trata de una deuda no exible como puede es la que tienen los organismos internacionales o los bonistas privados. Se entiende que llegado el caso, por ejemplo, el Banco Central le va a refinanciar la deuda al Tesoro.
Es por eso que cuando se cuenta la deuda consolidada es mas baja que la bruta. La deuda intraestado tiene efecto a la baja, mientras que lo que debe el Banco Central, como son los pasivos remunerados, la suben un poco.
Al analizar la deuda registrada consolidada, la masa de compromisos netos al cierre de septiembre de 2026 se estimó en u$s318.011 millones.
Esta cifra representa un 42% del PBI, lo que implica una reducción de u$s168.616 millones respecto a la deuda bruta total del Tesoro, bajando el ratio general en 23 puntos porcentuales del PBI. Dentro de esta medición consolidada:
Finalmente, el documento advierte que las cifras oficiales no computan pasivos contingentes que eventualmente podrían convertirse en deuda efectiva del Estado, tales como litigios pendientes ante el CIADI, reclamos en tribunales internacionales o demandas por subsidios, tarifas y la seguridad social.
Las Letras Intransferibles son equivalentes a un vale de caja. Se trata de un título que le entregó el Tesoro Nacional al Banco Central a cambio de retirarle dólares de las reservas.
Se trata de dólares que el Gobierno le quedó debiendo a la entidad financiera. Originalmente, se pensaba que a los 10 años se iban a cancelar. La operación data de la época de Cristina Fernández y fue el detonante de la crisis que terminó con la salida de Martín Redrado al frente de la autoridad rectora del sistema financiero.
La lógica de cancelación de estas letras hubiera sido que el Tesoro le devolviera dólares. Pero el Gobierno aplicó este año un pase contable que en el fondo significó un pase a pérdida de manera elegante.
Este año el Banco Central le había pasado al Tesoro utilidades por unos u$s23.000 millones, pero el gobierno utilizó ese mismo dinero contable para cancelar el pasivo que tenía con el Central. El resultado fue una mejora en el balance, sin que se restituyeran los dólares.