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Buscan flexibilizar la jornada laboral y permitir que las horas extra se compensen con días de descanso. La modalidad ya se aplica en Europa y América Latina.
En el marco del debate por la reforma laboral, el Gobierno impulsa la implementación del llamado “banco de horas”, una herramienta que permite reorganizar la carga horaria de los trabajadores. El sistema, inspirado en modelos europeos y latinoamericanos, propone que las horas trabajadas de más puedan compensarse con tiempo libre en lugar de pagos adicionales, con el objetivo de otorgar mayor flexibilidad a empleadores y empleados.
El sistema consiste en acumular las horas adicionales trabajadas en una especie de “cuenta personal” del empleado. Cuando la actividad de la empresa baja, ese tiempo se puede usar para tomarse días libres o reducir la jornada, sin que eso implique un descuento en el salario.
Por ejemplo, si una persona trabaja diez horas más de lo habitual en una semana, esas horas se guardan y luego pueden convertirse en tiempo libre. Sin embargo, el esquema no reemplaza el pago de horas extras: el artículo 201 de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) seguirá garantizando los recargos del 50% para días comunes y del 100% para fines de semana y feriados.
La jornada laboral semanal de cuatro días sólo se podría aplicar en algunos sectores.
Durante el último Coloquio de IDEA, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, mencionó que el “banco de horas” podría incorporarse como parte de una “jornada elástica”, ajustada a las necesidades productivas de cada sector.
La propuesta figura en el proyecto presentado por la diputada Romina Diez, que introduce el artículo 197 bis en la Ley de Contrato de Trabajo. Este artículo habilitaría a los convenios colectivos a implementar bancos de horas o regímenes de flexibilidad, respetando siempre un mínimo de 12 horas de descanso entre jornadas y sin modificar el tope de 48 horas semanales.
En su texto, el proyecto sostiene que los convenios podrán “establecer regímenes que se adecuen a los cambios en las modalidades de producción”, permitiendo usar colectivamente mecanismos como horas extras, bancos de horas o francos compensatorios.
Uno de los modelos más observados es el de Grecia, que recientemente adoptó este sistema. Allí se permite extender la jornada laboral de ocho a un máximo de trece horas, con ciertos límites. Las empresas pueden sumar hasta cinco horas extra por día, tres veces por semana y durante un máximo de 37 días al año.
En lugar de pagar esas horas adicionales, los trabajadores las compensan con jornadas más cortas o días libres en otros momentos. La medida busca responder a los picos de demanda, aunque sectores sindicales alertaron sobre el riesgo de que se vulneren los límites horarios si no hay un control estricto.
El sistema no es nuevo y ya está en funcionamiento en varios países:
El “banco de horas” se perfila como una de las piezas más controvertidas de la reforma laboral. Mientras el Gobierno lo presenta como una herramienta de modernización y eficiencia, los gremios advierten que su implementación sin controles podría alterar el equilibrio entre flexibilidad y derechos adquiridos.