El mayor nivel se concentra en el oeste del país, con San Juan y Mendoza como las provincias más expuestas. El riesgo disminuye hacia el este.
Los recientes terremotos registrados en Venezuela y Colombia volvieron a poner bajo la lupa la actividad sísmica en Sudamérica. En Argentina, el escenario es diferente y está marcado principalmente por la cordillera de los Andes: las zonas de mayor peligrosidad se concentran en el centro-oeste y disminuyen progresivamente hacia el este del territorio.
Según el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), la zonificación vigente divide el país en cinco niveles: desde la zona 0, de peligrosidad muy reducida, hasta la zona 4, de peligrosidad muy elevada.
El organismo aclara además que la peligrosidad sísmica no es exactamente igual dentro de una misma provincia. El mapa actualizado en 2022 presenta una distribución gradual y permite identificar sectores con diferentes niveles de amenaza incluso dentro de un mismo territorio provincial.
El mayor nivel de peligrosidad sísmica de Argentina se concentra en el oeste del país, particularmente en San Juan y Mendoza.
En el caso de San Juan, los sectores de mayor peligrosidad se ubican principalmente en el centro y oeste provincial. Allí aparecen las áreas más intensas del mapa, correspondientes a los niveles más altos.
Mendoza también presenta una importante concentración de peligrosidad, especialmente en el sector occidental y en las zonas cercanas a la cordillera. El sur de San Juan y el norte de Mendoza conforman el principal núcleo de peligrosidad sísmica muy elevada del país.
La historia sísmica explica en parte esta clasificación. Entre los terremotos más destructivos registrados en Argentina se encuentran el de Mendoza de 1861 y el de San Juan de 1944. También se destaca el terremoto de Caucete de 1977.
Después de San Juan y Mendoza, La Rioja, Salta y Jujuy presentan sectores con niveles importantes de peligrosidad sísmica.
En La Rioja, las áreas más expuestas se encuentran principalmente hacia el oeste provincial, en continuidad con el corredor sísmico del centro-oeste argentino.
En Salta y Jujuy también se observan sectores con peligrosidad elevada. En el mapa, la actividad se concentra especialmente en el oeste y noroeste de ambas provincias.
La sismicidad del norte argentino tiene además antecedentes históricos. El INPRES registra entre los terremotos destructivos del país el ocurrido en Talavera del Esteco, Salta, en 1962, que alcanzó magnitud 7 y una intensidad IX en la escala de Mercalli Modificada.
Catamarca aparece atravesada por distintos niveles de peligrosidad, con los valores más altos hacia el oeste, en proximidad con la cordillera.
Tucumán, aunque se encuentra más alejada del principal núcleo sísmico de San Juan y Mendoza, también presenta sectores con una peligrosidad superior en el oeste provincial.
La distribución vuelve a mostrar un patrón: cuanto más cerca de la región cordillerana y de las estructuras tectónicas activas, mayor es la peligrosidad.
En Córdoba y San Luis la peligrosidad es menor que en las provincias del oeste cordillerano, aunque existen sectores puntuales con niveles superiores.
El mapa muestra una transición desde las áreas de mayor actividad sísmica del oeste hacia niveles progresivamente menores a medida que se avanza hacia el centro y este del país.
Por eso, no puede considerarse que toda una provincia tenga un único nivel de peligrosidad. El propio INPRES señala que incluso dos localidades o dos puntos dentro de una misma localidad pueden presentar valores diferentes.
En gran parte del centro y este argentino predominan los niveles más bajos de peligrosidad.
La Pampa, Buenos Aires, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco, Formosa y Santa Fe aparecen mayormente alejadas de las áreas de mayor actividad sísmica que caracterizan al oeste argentino.
También Río Negro, Chubut y Santa Cruz presentan, en términos generales, niveles inferiores a los registrados en el núcleo cordillerano del centro-oeste, aunque existen sectores puntuales con una peligrosidad diferente.
Tierra del Fuego constituye otro caso particular: el mapa muestra sectores con actividad sísmica hacia el extremo sur, aunque el nivel general no se compara con el núcleo de máxima peligrosidad de San Juan y Mendoza.
El sistema utilizado por el INPRES establece cinco categorías:
Los requerimientos de construcción sismorresistente aumentan a medida que se incrementa la peligrosidad. Las exigencias más estrictas corresponden a la zona 4.
La explicación está vinculada con la dinámica de las placas tectónicas. La Placa de Nazca se introduce por debajo de la Placa Sudamericana, en un proceso conocido como subducción. La acumulación y posterior liberación de energía en la corteza terrestre puede generar terremotos.
Los especialistas citados en el informe remarcaron que los terremotos más destructivos de Argentina se concentraron históricamente en el corredor andino.
El INPRES señala además que el 80% de los eventos sísmicos del país ocurre a más de 100 kilómetros de profundidad, mientras que el 20% restante se origina a menos de 40 kilómetros. Estos últimos son los que históricamente generaron los mayores daños.