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Se cumplen 40 años del histórico discurso de cierre de campaña de Raúl Alfonsín: el video

En una Avenida 9 de Julio colmada, el líder del radicalismo pronunció quizás su mejor discurso, previo a las elecciones de 1983.

Hace cuatro décadas, la Argentina toda era espectadora del cierre de campaña más importante de su historia política. Raúl Alfonsín, referente absoluto del radicalismo, llevaba adelante uno de sus últimos actos previo a las elecciones del 30 de octubre de 1983; y lo hacía en plena Avenida 9 de Julio, ante una multitud, con un discurso que quedó en la memoria colectiva.

En aquellas elecciones, la fórmula compuesta por Raúl Alfonsín y Víctor Martínez representaba a la UCR. En la otra vereda estaban Ítalo Luder y Deolindo Bittel para el PJ, Rogelio Frigerio y Antonio Salonia por el MID, y Oscar Alende y Lisandro Viale por el Partido Intransigente.

Apenas el oriundo de Chascomús tomó el micrófono, la multitud lo vitoreó. Sin embargo, el verdadero estallido de fervor llegó luego de sus primeras palabras, al asegurar que "se acaba la dictadura".

"Se acaba la corrupción, se acaba la Argentina del desamparo y llega la Argentina honesta que quiere a su gente. Se acaba la Argentina del hambre obrero, se acaba la Argentina de las fábricas muertas y viene la Argentina del trabajo y de la producción", pronunció Alfonsín.

Alfonsin cierre de campana 1983.mp4
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Luego, instó al pueblo argentino a decidir su destino, al remarcar que "llegó la democracia a nuestro país" y que la gente afrontaba quizás la instancia más importante de sus últimos 50 años.

Críticas al rival, pero con un intento de unión

En aquel momento, Alfonsín apuntó contra el PJ y advirtió que "se pone de manifiesto en una campaña en la que jamás se debió haber caído en la calumnia, en métodos reñidos con la democracia argentina. Queremos construir la convivencia en la paz, queremos hacerlo entre todos y todos juntos estamos convencidos de que es posible lograrlo y es además la obligación que tenemos de lograrlo".

Además, convocó a un gobierno de unidad, asegurando que el camino era "todos juntos, para hacer valer nuestros derechos en el mundo. No podemos fallarle más a nuestro pueblo. El último fracaso nos llevó a este período tremendo de la historia argentina".

En uno de los pasajes más recordados, indicó que "en la Argentina hay hambre, pero no porque falten alimentos, como en otros países, si no porque sobra inmoralidad. Hemos sometido al padre de familia a la humillación más grave a la que podemos someter a un hombre: trabajar los 30 días del mes y no alcanzar a ganar lo necesario para llevar el pan a su mesa los 30 días del mes".

Durante los 15 minutos que duró el discurso, pronunió también una frase que hoy sería casi imposible de escuchar: "En esta marcha, para afianzar las libertades de todos, no habrá distinciones políticas, ni radicales, ni antiradicales, ni peronistas, ni antiperonistas. Estaremos todos luchando por el futuro argentino".

Por último, cerró con el mítico cuasi-rezo en el que recordó el preámbulo de la Constitución. "En todas partes he dicho, y permítanme que lo repita hoy, porque es como un rezo laico y una oración patriótica, que si alguien distraído al costado del camino cuando nos ve marchar nos pregunta hacia dónde marchan, por qué luchan, tenemos que contestarle con las palabras del Preámbulo que marchamos, que luchamos para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino", culminó.

Días más tarde, la elección se llevaría a cabo y terminaría de restaurar la democracia a una Argentina golpeada por la dictadura militar. Lo demás ya sería historia.

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