Con la investigación frenada por una pericia psiquiátrica pendiente, Natalia habló por primera vez en televisión sobre el crimen que conmocionó al país.
A pocos días de una Navidad marcada por la ausencia, Natalia Ciak decidió contar su historia. Su hijo Joaquín tenía 8 años cuando fue asesinado por su padre en la casa donde vivían, en Lomas de Zamora. Mientras la causa judicial avanza con demoras, la madre del nene rompió el silencio y compartió el dolor, la bronca y las preguntas que aún no tienen respuesta.
“Ojalá su mente lo torture”, dice Natalia en un video enviado a TN, en alusión a Ruffo. Angustiada, habla del dolor que atraviesa desde el brutal ataque y del momento en que el shock empezó a desarmarse y la realidad se volvió inevitable.
A cuatro meses y medio del crimen, Natalia asegura que está atravesando una de las etapas más difíciles. “Salimos del shock y empezamos a volcarnos a la realidad”, cuenta. Su voz se quiebra al recordar que el daño fue “consciente y premeditado”. Y dice: “No es un padre, no es un ser humano. Sabía que haciéndole daño a Joaqui daba en el talón de Aquiles de su mamá”.
Nunca pensó que algo así podía pasarle. Viene de una familia trabajadora, de clase media, con padres presentes y amorosos. “Jamás imaginé perder a un hijo tan deseado”, lamenta. Del asesino prefiere no hablar: “A esa persona la tengo bloqueada en mi mente, solo voy a hablar de Joaqui”.
Durante mucho tiempo creyó que ella era el blanco, aunque recién después entendió que no. “La peor traición no fue hacia mí. Fue hacía Joaquín”, dice.
El duelo, explica, es un proceso lento: “No recuerdo quién era antes de Joaco. Es volver a armarme, reencontrarme”. La sostiene una sola certeza: no olvidar quién fue su hijo ni dejar que su caso quede en el silencio.
A las mamás que atraviesan un dolor similar, les habla en primera persona. “Somos la voz de nuestros hijos. Somos su única defensa”, señala. Esa convicción es lo que hoy la mantiene en pie. “Soy una mamá leona. Nada de lo que se haga de ahora en adelante va a devolverme a mi hijo, pero nunca voy a dejar de defenderlo”, agrega.
También les deja un mensaje a quienes hoy están luchando: “No bajen los brazos. Desde arriba ellos nos mandan fuerzas. Todo el amor que les dimos sigue vivo. Nos quieren de pie, luchan junto a nosotros”.
Actualmente, la causa judicial permanece frenada a la espera de la pericia psiquiátrica al papá de Joaquín, Alejandro Ruffo, un estudio que será determinante para definir el futuro del expediente.
Así lo explicó Diego Lugones, abogado de Natalia, quien señaló que en un principio se esperaba que el informe estuviera listo para fines de este año, pero se demoró y recién podría conocerse en 2026, no antes de febrero. “La pericia se está realizando en partes. La última se hizo el 27 de noviembre y no sé si van a pedir una fecha más. Está tardando. El nexo probatorio, de todos modos, ya está hecho y es muy contundente”, afirmó el letrado.
Una vez finalizada esa etapa, la fiscalía pedirá el cierre de la investigación y se tomará una resolución clave: si Ruffo será elevado a juicio o si quedará internado en un instituto psiquiátrico. “La pericia es vital”, insistió Lugones.
Mientras tanto, Ruffo permanece alojado desde septiembre en un pabellón psiquiátrico de la Unidad Penitenciaria N°34 de Melchor Romero. Fue trasladado allí luego de recibir el alta médica en el Hospital Gandulfo.
Según contó el abogado, el hombre se habría estado preparando no para matar a su hijo, sino para quitarse la vida. En su historial de búsquedas en el celular aparecieron videos de YouTube vinculados a métodos de autolesión, como “dónde apuñalarse” o “cómo cortarse las venas”.
Asimismo, remarcó que el vínculo de Joaquín con su papá era distante. No hubo episodios de violencia física ni hacia el nene ni hacia Natalia, pero sí violencia verbal. El chico era menospreciado y tratado de manera despectiva.
Ruffo nunca declaró formalmente en la causa. Sin embargo, cuando fue evaluado en el hospital por médicos enviados por la fiscalía para constatar su estado de salud, manifestó que había matado a su hijo para dejarle un mensaje a Natalia: “Lo asfixié para mandarle un mensaje a la mamá”
Joaquín fue asesinado la mañana del martes 5 de agosto en su casa de Lomas de Zamora, donde vivía con su papá, Alejandro Ruffo, y su mamá, Natalia Ciak. Alejandro aprovechó que estaba solo con el nene para asfixiarlo mientras dormía. “Le tapó la cabeza con una almohada”, delató Natalia.
El día del ataque, Alejandro le preparó un café Natalia y minutos después la llevó a tomar la combi que la trasladaba a su trabajo. Él debía llevar a Joaquín al colegio, pero nunca lo hizo.
La mujer comenzó a sospechar que algo extraño pasaba, ya que su hijo cada vez que llegaba a la escuela le avisaba, por videollamada o por mensaje de WhatsApp. Ese día no hubo señales. Con el pasar de los minutos, llamó a la institución escolar para saber si su hijo estaba ahí, y la respuesta la impactó: “Joaquín no vino hoy”.
Cuando se enteró de que Joaco -como le decía- no estaba en el colegio, de inmediato buscó contactarse con Alejandro. Le preguntó por qué no lo y la respuesta fue que su hijo estaba durmiendo. “Cuando dijo eso, ya lo había matado”, recalcó.
Sin embargo, en ese momento creía que Alejandro se había llevado a Joaquín de la casa y llamó a la Policía. Cuando llegó a su casa ubicada en la calle Eustaquio Díaz Vélez -y con un patrullero que la esperó en la puerta- se encontró con la terrorífica escena: el hombre estaba en el living totalmente ensangrentado y fue trasladado al Ganfuldo, mientras que el niño estaba muerto en su habitación.
“Jamás en la vida se me ocurrió que podría haber tocado al nene, es la culpa que la persigue. ¿Cómo iba a imaginar que el papá de mi hijo le iba a hacer eso?”, se preguntó, y subrayó que el hombre no tenía problemas mentales, tal como se mencionó en un primer momento.