La familia de Erica Valdez denuncia irregularidades en la causa. Se conoció lo que dijo antes de morir.
La muerte de la policía Erica Valdez en un puesto de vigilancia quedó envuelta en dudas desde el primer minuto. La versión que indicaba que se trató de un suicidio fue perdiendo fuerza y un testimonio calve daría un giro en la causa.
La oficial tenía 42 años, trabajaba como agente policial en Berisso y el 9 de abril cumplía tareas de guardia en un módulo ubicado en la zona de avenida 60 y 139.
Su turno había comenzado a las 18 horas y debía terminar a las 6 de la mañana siguiente. Pero horas antes del episodio, la mujer mantuvo una rutina completamente normal con su familia. Le pidió a su hermano un cargador para el celular y le solicitó a su madre que lavara una campera porque planeaba reunirse con amigas durante el fin de semana.
Pero cerca de las 20:20 todo cambió. Una mujer que pasaba en bicicleta escuchó gritos y se acercó al módulo policial. Según declaró después, encontró a Erica tirada en el piso y todavía consciente.
La testigo aseguró que la oficial repitió dos veces una frase que hoy se volvió central en la causa: “Me dispararon, me dispararon”. Luego le pidió ayuda desesperadamente.
Pese a esa declaración, la causa avanzó bajo una hipótesis de presunto suicidio por la aparición de una carta de despedida cuya autenticidad todavía no fue confirmada. La familia denuncia irregularidades en la investigación y exige que el expediente sea tratado como un homicidio.
La mujer intentó conseguir asistencia de otras personas que estaban cerca, aunque esas personas se retiraron y todavía no fueron identificadas. La familia cree que podrían aportar datos importantes sobre lo ocurrido durante esos minutos.
Mientras esperaba la llegada de la ambulancia, la testigo ingresó al pequeño puesto policial y tomó un cuaderno amarillo para abanicar a Erica. Según contó el hermano de la víctima, en ese momento no vio ninguna carta de despedida sobre la mesa ni en el interior del lugar.
La agente fue trasladada de urgencia a un hospital de Berisso. Los médicos intentaron salvarle la vida, pero el disparo le provocó heridas graves. La pericia inicial determinó que tenía un “orificio de entrada y salida” en el abdomen. A las 20:50, la familia recibió la confirmación de su muerte.
Después de la muerte apareció el elemento que modificó el rumbo de la investigación: una presunta carta de despedida atribuida a Erica Valdez. Sin embargo, la familia asegura que nunca pudo comprobarse si el escrito realmente pertenece a la oficial. Jonatan Valdez explicó que solamente le mostraron una fotografía del papel y que todavía no se realizó una pericia caligráfica.
Los familiares también cuestionan varias decisiones tomadas durante la investigación. Entre ellas, remarcan que todavía no se hicieron estudios considerados fundamentales para esclarecer el caso.
Según denunciaron, no realizaron el dermotest para detectar restos de pólvora en las manos de Erica, tampoco analizaron el arma reglamentaria para determinar si se disparó recientemente y recién fijaron fecha para revisar el celular en noviembre.
La familia sostiene que esas demoras perjudican el esclarecimiento del episodio y alimentan las sospechas alrededor del expediente. También reclaman que se revisen las cámaras de seguridad de la zona para reconstruir qué ocurrió alrededor del módulo policial antes y después del disparo.
Otro punto que generó polémica fue la situación de la fiscal que llevaba adelante la causa. Según denunció el hermano de Erica, la funcionaria judicial mantenía vínculos con jefes policiales relacionados con el entorno laboral de la víctima.
La tensión aumentó todavía más cuando la fiscal dejó el caso. Horas después de esa salida, el abogado de la familia finalmente recibió pruebas científicas que venía reclamando desde hacía tiempo.
Con el avance de los días aparecieron nuevos datos sobre la situación laboral y personal de Erica Valdez. La oficial había sido trasladada al módulo donde murió apenas una o dos semanas antes del episodio. Habitualmente realizaba tareas de patrullaje y no permanecía fija en ese puesto.
Según contó su hermano, ella inicialmente dijo que había pedido el cambio de destino. Después, la familia descubrió que la decisión aparentemente había sido tomada por superiores.
Además, compañeros de trabajo revelaron que Erica sufría hostigamientos y recibía mensajes de amenazas. La familia asegura que nunca supo quién estaba detrás de esas intimidaciones y que la oficial jamás habló de esa situación dentro de su casa.
Los allegados sostienen que tampoco observaron señales compatibles con una crisis personal extrema. Erica era madre de dos hijos, convivía con sus padres y mantenía una relación sentimental con otro policía desde noviembre del año pasado.
Ese vínculo también despertó dudas familiares porque, según relataron, el hombre nunca apareció ni en el hospital ni en el velorio. Tampoco se habría comunicado después con los allegados de la víctima.
Ahora, la familia impulsa una campaña pública en redes sociales bajo el nombre “Justicia por Erica” para reclamar nuevas pericias y una investigación más profunda. “Lo que queremos averiguar es si alguien la mató”, resumió Jonatan Valdez al exigir que la causa deje de investigarse únicamente como un presunto suicidio y apunte a un homicidio.