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La vio cuando entraba a cumplir tareas en una pesquera de Puerto Madryn. La tenía un compañero, que debió dar explicaciones a la policía.
El hombre se sorprendió con el inesperado hallazgo el lunes a la tarde, cuando entraba a cumplir sus tareas como todos los días y, obviamente, este fortuito incidente alteró su rutina. Pronto supo que quien había dejado el vehículo en ese lugar era nada menos que otro trabajador de la empresa.
La víctima del robo no dudó en ir a la comisaría a dar cuenta de que había dado con lo que la policía no había podido encontrar transcurridos ya 8 meses del robo. Y que sabía quién tenía la moto Gilera en su poder.
En la seccional cuarta, donde en su momento radicó la denuncia del robo, explicó que se topó con la moto en el frente de la empresa pesquera que está en el parque industrial pesado de Puerto Madryn, más precisamente en el sector de estacionamiento, donde estaba su Gilera modelo VC15.
No la veía desde el 15 de mayo de 2024, cuando la dejó afuera de la Escuela N° 775 y, al salir, no volvió a encontrarla, según precisó el Diario Jornada.
Ante el nuevo aviso, los agentes de la seccional se trasladaron hasta la empresa y confirmaron que la moto era de su propiedad, constatando que el número de cuadro y de motor coincidían con los que figuran en la cédula de identificación a nombre del damnificado.
Ante esto, el actual dueño del vehículo salió de su puesto de trabajo para manifestar ante los efectivos que había comprado la moto de buena fe, a través de Telegram. De todos modos, el hombre deberá enfrentar un proceso judicial, ya que quedó imputado por el delito de encubrimiento.
La moto Gilera, en tanto, fue secuestrada y quedó bajo custodia judicial.
El increíble hallazgo de la moto robada recuerda un caso reciente en Chubut, en el que el objeto sustraído era bien diferente: una tarjeta de crédito. Ocurrió a mediados de octubre, en Comodoro Rivadavia.
En esa ocasión, el hombre que fue víctima del robo también terminó siendo el encargado de resolver el delito.
El curioso episodio tuvo lugar el miércoles 17 de ese mes, en pleno centro de la ciudad petrolera. Marcos, el damnificado, había dejado estacionada su camioneta en la calle, mientras realizaba trámites personales en la zona comercial y bancaria de la ciudad.
Según pudo determinar, utilizando un inhibidor de alarmas, un ladrón abrió la camioneta y le sustrajo 200 mil pesos, la tarjeta de crédito y documentación personal y del vehículo.
El celular fue clave
Lo que le permitió a la víctima darse cuenta de que lo habían asaltado y avanzar en el accionar que finalizaría en la recuperación del plástico fue que tenía activado en su teléfono celular el mecanismo de alertas de la tarjeta de crédito.
De este modo, recibió un mensaje de aviso de que había habido un intento de compra en una casa de repuestos de la zona céntrica. La compra no se pudo concretar porque la tarjeta aún no había sido habilitada por su titular.
Como él no llevaba la tarjeta encima —y, obviamente, no se encontraba en el lugar de la supuesta compra—, Marcos entendió que podía estar ocurriendo algo extraño, identificó el comercio en el que se había tratado de hacer la operación y se dirigió hacia allí.
Al llegar al local de repuestos, le contó lo ocurrido a una empleada, y ella le indicó que el hombre que había intentado comprar con su tarjeta de crédito estaba presente en el lugar en ese mismo momento.
Al advertir que lo habían descubierto, el malviviente salió corriendo dejando en el local la tarjeta y los documentos de la camioneta que había sacado del vehículo.
Las pérdidas de Marcos se limitaron al dinero en efectivo y poco más. El delincuente, no obstante, quedó registrado en imágenes tomadas por cámaras de vigilancia del local. En este caso, la víctima del robo al menos pudo recuperar parte de lo que le sacaron en el momento. El dueño de la moto de Madryn, en cambio, deberá esperar.