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Científicos argentinos descubren estrellas de mar "embarazadas": incuban en el estómago y paren por la boca

Investigadores del CONICET identificaron en las costas de Chubut un comportamiento reproductivo nunca antes registrado en la especie. Por qué muy pocas logran parir.

En las costas de la Patagonia, una pequeña estrella de mar guarda uno de los secretos reproductivos más extraordinarios del océano. La especie Asterina fimbriata —que habita el litoral argentino y el chileno— desarrolla a sus crías durante meses dentro de su propio estómago, y las libera al exterior completamente formadas, a través de la boca, según lo registrado por científicos argentinos.

El descubrimiento fue realizado por investigadores del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CONICET) con sede en la localidad costera de Camarones, en el sudeste de Chubut. El estudio establece a esta especie como el primer caso documentado de incubación gástrica dentro de la familia Asterinidae en el mundo.

La investigación nació de una observación llamativa: "Año tras años, veíamos que, del total de la población de hembras, el porcentaje que se reproducía era muy bajo, entonces supuse que algo inusual pasaba con esta especie", explicó Ariana Alarcón Saavedra, becaria del IBIOMAR e integrante del Laboratorio de Reproducción y Biología Integrativa de Invertebrados Marinos (LARBIM), quien lideró el trabajo junto a Martín Brogger, Gregorio Bigatti y Sol Rebolledo.

Cómo es el “embarazo” de las estrellas de mar patagónicas

El estudio identificó seis etapas de desarrollo de las crías al interior y exterior del cuerpo materno.

En las primeras dos, los embriones son esféricos, de color amarillo brillante, y se encuentran completamente dentro del estómago.

En la tercera comienzan a aparecer los primeros pies ambulacrales.

Esrellas de mar embarazadas - descubrimiento de científicos argentinos en la Patagonia

El período de incubación de la estrella de mar dura cuatro meses, de mayo a septiembre, según registraron los científicos del CONICET en las costas de Camarones, en Chubut.

La cuarta etapa marca el momento en que las crías, ya con forma pentagonal, empiezan a asomar por la boca de la madre.

En la quinta etapa, la masa de crías ya se encuentra fuera del cuerpo materno con una morfología similar a la del adulto.

En la sexta y última, los brazos están completamente desarrollados, con cuatro pares de pies y espinas visibles.

Si bien existen distintos modos de incubación documentados en estrellas de mar, la incubación gástrica —es decir, dentro del estómago— nunca había sido registrada hasta este trabajo.

Estrella de mar que concibe a sus crías en el estómago - descubrimiento en la Patagonia

El hallazgo representa un avance significativo en la comprensión de la biología reproductiva de estos organismos y evidencia las notables adaptaciones evolutivas que les permiten sobrevivir en entornos costeros cambiantes.

Un gran esfuerzo: cuatro meses sin comer

A medida que avanzó con su investigación, Alarcón confirmó que apenas el 8% de las hembras de este tipo de estrella de mar logra reproducirse.

El motivo tiene que ver con una demanda energética altísima: durante los cuatro meses que dura la incubación —de mayo a septiembre— las hembras dejan por completo de alimentarse para dedicar todos sus recursos al desarrollo de las crías.

"Este hallazgo sugiere que la población de Asterina fimbriata puede ser particularmente frágil y vulnerable. No solo tiene que juntar energía para mantenerse a ella misma, sino también para procurar el desarrollo de sus crías en el estómago", señaló la investigadora.

A diferencia de otras estrellas de mar, en esta especie el desarrollo de las gónadas no toma nutrientes de órganos de reserva, sino que opera a través de "mecanismos específicos de optimización interna de energía".

Ariana Alarcón, científica que lideró la investigación de las estrellas de mar que incuban a sus crías en el estómago

Ariana Alarcón, la investigadora que lideró el equipo del IBIOMAR que descubrió las estrellas de mar "embarazadas" en el mar de la Patagonia argentina.

La especie se alimenta principalmente de detritos, como restos de pinzas y caparazones de cangrejos muertos, lo que implica una acumulación de energía lenta y sostenida.

Según la hipótesis planteada por el equipo, las hembras de menor tamaño no cuentan con reservas suficientes para una reproducción masiva. Por eso prevalece la estrategia de invertir más energía en menos crías, lo que aumenta las chances de supervivencia de cada una.

"Son solo muy pocas las hembras que logran reunir la energía suficiente para llevar adelante la reproducción y el cuidado de las crías", precisó Alarcón.

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