Furia extrema en la Patagonia: cuando Werner Herzog y Donald Sutherland quedaron atrapados en el hielo

Vientos huracanados, una carpa volando por el aire y un rescate imposible marcaron el caótico rodaje de una de las películas más desafiantes y menos recordadas.

Furia extrema en la Patagonia: cuando Werner Herzog y Donald Sutherland quedaron atrapados en el hielo

En 1990, cuando El Chaltén era todavía un pueblo diminuto y el Cerro Torre uno de los rincones más aislados de la Patagonia, el director alemán Werner Herzog desembarcó con una idea hecha a su medida: filmar una película sobre dos hombres dispuestos a jugarse la vida para demostrar quién podía conquistar una de las montañas más difíciles del planeta.

De acuerdo a lo publicado por el Argentinisches Tageblatt, el rodaje se extendió entre agosto y noviembre de ese año y terminó siendo casi tan salvaje como la historia que Herzog quería contar.

Lo acompañaron actores como Donald Sutherland, Vittorio Mezzogiorno y Mathilda May, además de escaladores profesionales de primer nivel que debían enfrentarse de verdad a las paredes de roca y hielo del Cerro Torre. Entre ellos estaba Stefan Glowacz, por entonces una de las grandes figuras de la escalada deportiva europea, y Hans Kammerlander, otro nombre destacado del alpinismo del continente.

El equipo completo rondaba las 50 personas y dependía de dos helicópteros para trasladar personal y materiales desde los alrededores de El Chaltén hasta el glaciar, cuando el tiempo lo permitía.

El viento patagónico no negocia. Las ráfagas destruyeron en más de una oportunidad las plataformas preparadas para colocar las cámaras. Herzog contó que en algunos momentos ni siquiera cinco hombres alcanzaban para sostener un trípode frente al viento.

El peligro dejó de ser una posibilidad cuando una carpa salió despedida durante una tormenta y golpeó a uno de los asistentes. El helicóptero no pudo evacuarlo y Herzog quedó aislado en la montaña junto con otros integrantes del equipo durante más de 40 horas, pasando unas diez de ellas hundido en la nieve hasta la cintura.

La producción había previsto el escenario: alimentos y mantas distribuidos en refugios naturales de la montaña para sobrevivir varios días en caso de quedar atrapados. Para el director, según sus propias palabras, aquello no era una aventura, sino "un trabajo duro para el cual estaban preparados".

"Grito de piedra": la Patagonia como escenario y el gran misterio del Cerro Torre

El resultado fue Cerro Torre: Schrei aus Stein, estrenada en 1991 y conocida en español como Grito de piedra. La historia nació de una idea del montañista italiano Reinhold Messner, con quien Herzog ya había trabajado.

El guion enfrentaba dos maneras opuestas de entender la montaña: Roccia, interpretado por Mezzogiorno, representa al alpinista clásico formado en grandes expediciones; Martin, encarnado por Glowacz, al joven campeón de escalada deportiva más cercano a las cámaras y el espectáculo.

Una apuesta los lleva a ambos hacia la Patagonia, donde el desafío deja de ser una discusión abstracta y se convierte en una prueba física. Sutherland interpretaba a Ivan, un poderoso productor televisivo que transforma el duelo entre alpinistas en entretenimiento.

La ficción también tocaba una historia real que sigue formando parte de la mitología del Cerro Torre. En 1959, el italiano Cesare Maestri aseguró haber alcanzado la cumbre junto con el austríaco Toni Egger. Durante el descenso, Egger murió y la cámara con las pruebas de la ascensión desapareció con él.

Durante décadas, el relato de Maestri fue puesto cada vez más en duda. Ese interrogante aparece transformado en ficción en la película: ¿qué ocurre cuando un hombre asegura haber conquistado una montaña pero no puede demostrarlo?

La película ocupa hoy un lugar extraño dentro de la extensa filmografía de Herzog: es una de sus menos recordadas, opacada por títulos como Aguirre, la ira de Dios, Nosferatu o Fitzcarraldo. El propio director terminó tomando distancia de ella: no había escrito el guion —algo inusual en él— y perdió el control sobre la edición final, sintiendo que la película había sido alterada hasta convertirse en algo que ya no reconocía como suyo.

Más de tres décadas después, sin embargo, Grito de piedra conserva algo que ninguna reedición puede quitar: el registro de aquellos meses en que actores, camarógrafos y algunos de los mejores escaladores del mundo descubrieron que, en el Cerro Torre, el cine sucede sólo cuando la montaña lo permite.

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