Recibió 5 cuchillazos en la cabeza y teme que surjan secuelas. La familia dijo que el agresor es enfermo psiquiátrico y ahora la madre sumó un nuevo elemento.
Carlos Guardo tiene 18 años, vive en Caleta Olivia y todavía no puede creer lo que le pasó cuando iba a hacer lo que siempre hace, en el lugar donde siempre vivió.
El domingo 24 de mayo a la tarde salió de su casa en el barrio Ceferino de la ciudad costera de Santa Cruz para ir a jugarque lo conoce de toda la vida un partido de básquet al que nunca llegó.
Un vecino lo interceptó en una plaza lo atacó a cuchillazos. Le dio cinco puñaladas en la cabeza.
La violenta agresión fue noticia en Santa Cruz y este martes, después recibir 22 puntos de sutura y en medio de horas de angustia, el joven salió a hablar de lo sucedido.
Y de una preocupación con la que tiene que convivir por estos días, que no lo deja dormir.
"Para mí es complicada la situación. No caigo todavía en lo que me pasó", sintetizó en sus primeras declaraciones públicas desde el ataque, en diálogo con La Opinión Austral.
Era pasado el mediodía cuando Carlos dejó su casa y se dirigió a la plaza del barrio.
Allí lo estaba esperando el agresor: un vecino que vive al lado de su casa, con quien había compartido años de barrio sin conflictos aparentes.
El hombre lo siguió, lo interceptó y lo atacó.
En los primeros instantes, Carlos no entendía lo que pasaba. Y obviamente se asustó mucho.
"Sentí desesperación porque vi mucha sangre. Él me golpeaba constantemente y yo no sabía con qué", explicó.
Fue después, cuando alguien rescató las imágenes de las cámaras de seguridad del barrio, que la familia pudo ver con claridad lo que el joven vivió sin terminar de entender qué estaba pasando: el agresor tenía nun arma blanca.
"Vimos los vídeos y ahí nos dimos cuenta, porque yo en el momento no lo vi”, reveló.
Carlos fue trasladado de urgencia al Hospital Zonal Padre Pedro Tardivo de Caleta Olivia, donde recibió 22 puntos de sutura.
Ahora sigue yendo a controles médicos para que ver cómo sigue su evolución.
Las heridas abiertas en el cuero cabelludo avanzan lentamente hacia la cicatriz. Las marcas emocionales, todavía no evolucionan.
Carlos contó que desde el domingo duerme con miedo. Lo asusta el hecho de que el agresor sigue suelto. Y tabmién, que pueda aparecer alguna secuela grave del ataque.
“Tengo miedo todas las noches de dormir y no levantarme, porque estoy en constante revisión", explicó.
De hecho, el joven explicó que los médicos todavía no saben cómo seguirá su recuperación ni si podrían aparecer complicaciones en los próximos días.
"Es el día a día, ver cómo reacciona mi cuerpo y si no me quedan secuelas", explicó.
Pese a todo, Carlos sostiene la esperanza de salir adelante sin daños permanentes. "Sinceramente, espero que todo pase pronto y quedar lo más sano posible", dijo.
Lo que más pesa en el relato de Carlos no es el dolor físico. Es el desconcierto de haber sido atacado por alguien del propio barrio, alguien cuya cara conoce desde chico.
"Lo conozco a él y a su familia de toda la vida. Nunca pensé que me iba a intentar matar."
El joven cerró su relato con un pedido directo a la Justicia: que el caso no quede impune y que se tomen medidas concretas antes de que el agresor vuelva a actuar.
"Tienen que hacerse cargo y esta persona tiene que pagar por lo que hizo."
Antes de que el joven hablara públicamente, su hermano había contado que el agresor tiene antecedentes psiquiátricos, y que estuvo internado en más de una oportunidad y se escapó de las instituciones de cuidado.
Por eso, pedían auxilio y protección a la Justicia y a la Policía. Y dijerpon no haber sínodo escuchados.
Hasta avanzada la tarde de este martes, no había medidas procesales en contra del agresor.
En el frente del Juzgado Provincial de Instrucción N°1 de Caleta Olivia, donde la familia se presentó este martes para reclamar justicia, habló también la madre del joven agredido.
Mari Soto no tiene dudas: el ataque fue premeditado.
"Él lo planeó durante una semana. Esperó a que mi hijo saliera de casa para atacarlo", aseguró la mujer.
El detonante habría sido una disputa vecinal por una cañería de gas: el agresor acusaba a la familia de haberle provocado daños en la instalación.
Esa acusación, según Soto, fue escalando en forma de amenazas hasta desembocar en el ataque del domingo.
Para la madre, el peligro no terminó con las puñaladas.
El agresor sigue libre, y la incertidumbre convirtió su vida cotidiana en un estado de alerta permanente.
"No puedo ir a trabajar tranquila pensando qué puede pasar si mi hijo queda solo en casa", lamentó.