Huellita, la ballena jorobada que apareció en aguas de la Patagonia y sorprendió para bien a los científicos

Un análisis genético sobre un pequeño ejemplar avistado al sur de Chubut les permite saber más de la especie. Buscan confirmar lo que sería una gran noticia.

Investigadores del Proyecto Patagonia Azul confirmaron, a través de análisis genéticos, el primer registro documentado de una madre y su cría de ballena jorobada dentro del Parque Provincial Patagonia Azul, frente a las costas del sur de Chubut.

El área protegida está a la altura del departamento de Florentino Ameghino, cerca de la localidad portuaria de Camarones. Y el hallazgo aporta conocimiento esencial sobre el comportamiento de fascinante esta especie en el Atlántico Sur.

Y para satisfacción de científicos y conservacionistas, implica una auspiciosa noticia, vinculada a la recuperación de estos cetáceos en una zona de la que prácticamente habían desaparecido, producto de la caza indiscriminada.

Ballenas jorobadas en Chubut: el hallazgo de octubre de 2025

Todo empezó en octubre de 2025, durante una navegación de rutina de un equipo del programa de Rewiling Argentina para observar y registrar cetáceos en el parque natural.

En aquella recorrida, a los investigadores les llamó la atención ver dos ballenas, una de ellas visiblemente más pequeña.

Sin embargo, las imágenes que pudieron obtener en ese momento no alcanzaban para saber con certeza si se trataba, como sospechaban, de una cría.

Huellita con su madre, en aguas del Parque Patagonia Azul, en el sur de Chubut.

Cinco días más tarde, en otra salida al mar, el equipo observó a tres ejemplares de ballena jorobada que nadaban juntos.

Esta vez, con la ayuda de un dron, pudieron confirmar desde el aire una diferencia de tamaño muy marcada. Uno de los animales medía aproximadamente la mitad que los otros dos.

Los científicos advirtieron además un comportamiento particular. El más pequeño se mantenía junto a una de las hembras, que se desplazaba para mantener a distancia a un tercer animal, un macho adulto que ya había sido identificado en temporadas anteriores.

La confirmación, un año después

La sospecha estaba casi confirmada, pero en ciencia no puede haber el más mínimo margen para supuestos y faltaba un paso más.

Los investigadores tomaron muestras de tejido mediante biopsias y las enviaron a un laboratorio.

Un año después, hace pocos días, finalmente los resultados genéticos confirmaron que la hembra y el ejemplar pequeño eran madre y cría.

“Llegó hace pocos días, así que ya no quedan dudas: es el primer registro de una madre y su cría de ballenas jorobadas en el Parque Provincial Patagonia Azul”, dijo el biólogo Lucas Beltramino, integrante del Proyecto Patagonia Azul, en diálogo con ADNSUR.

Además, el supuesto ballenato, a quien vecinos de Camarones habían bautizado “Huellita”, resultó ser en realidad un macho.

Qué aporta ahora el caso de Huellita

Las jorobadas fueron perseguidas con intensidad por la industria ballenera durante décadas.

La prohibición internacional de la caza comercial impulsó la recuperación de varias poblaciones, aunque la especie sigue expuesta a amenazas de origen humano, como colisiones con embarcaciones, enmallamientos en redes de pesca, la contaminación y los cambios en ecosistemas marinos por el calentamiento global.

A medida que las poblaciones se recuperan, pueden variar sus áreas de distribución y el uso que hacen de ciertos ambientes.

Es la primera vez que se documenta la presencia de una ballena jorobada con su cría en el área protegida del Parque Patagonia Azul.

Por eso, documentar presencias, identificar vínculos familiares y conocer desplazamientos aporta datos útiles para orientar las políticas de conservación.

El caso de “Huellita” y su madre no es solo un nuevo registro para la ciencia en la zona.

Muestra que las aguas del sur de Chubut pueden cumplir funciones importantes en el ciclo de vida de una especie migratoria que todavía guarda interrogantes sobre sus recorridos.

La protección de ecosistemas marinos

Proteger estos ambientes implica cuidar a las ballenas y también los ecosistemas marinos de los que dependen para alimentarse, reproducirse y completar sus migraciones.

El biólogo Beltramino explicó que las condiciones de esta reserva natural podrían permitir que las ballenas permanezcan allí durante parte de la temporada o que usen el lugar como escala intermedia antes de seguir hacia otras áreas de alimentación.

Sin embargo, todavía queda una incógnita abierta respecto a los hábitos de la especie en el lugar.

Los investigadores todavía deben determinar si las jorobadas ya usaban estas aguas para reproducirse sin que esto se hubiera registrado anteriormente, o si están ampliando su distribución hacia sectores donde antes se las veía poco.

La migración en los primeros meses de un ballenato

Por otra parte, la confirmación del parentesco de Huellita con su madre pone el foco en una de las etapas más vulnerables de la vida de estos cetáceos.

La ballena jorobada migra entre áreas de reproducción, por lo general en aguas cálidas, y regiones de alimentación en latitudes más frías, donde encuentra más comida.

Vecinos de Camarones bautizaron al ballenato como "Huellitas", y ahora se confirmó que se trata de un macho.

Durante las primeras semanas, los ballenatos dependen de la leche materna para crecer y juntar las reservas que necesitarán en desplazamientos de miles de kilómetros.

Para las hembras el esfuerzo es grande: sostienen la lactancia con sus propias reservas corporales, por lo que les resulta fundamental hallar sitios donde alimentarse sin alejarse demasiado de sus crías.

Las amenazas para los ballenatos en el mar

El primer viaje también expone a los jóvenes a distintas amenazas: ataques de depredadores como las orcas, enfermedades como las que recientemente provocaron muertes en crías de la ballena franca austral en Península Valdés y otros factores naturales que pueden comprometer su supervivencia.

Por eso, identificar los lugares donde madres y vallenatos puedan descansar y alimentarse durante el recorrido ayuda a entender qué condiciones necesitan para sobrevivir.

Islas, bahías y refugio para las ballenas jorobadas

El Parque Patagonia Azul ocupa un tramo de la costa de Chubut con numerosas islas, bahías y ambientes marinos diversos.

Su geografía ofrece sectores resguardados del viento y del oleaje, algo que puede ser clave para los ballenatos, que necesitan descansar y conservar energía.

La zona, además, tiene buena disponibilidad de alimento para distintas especies marinas. Esa combinación de refugio y recursos la convierte en un sitio de interés para estudiar a los cetáceos migratorios.

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