Investigadores siguen por satélite a una veintena de ejemplares, bautizados con nombres de famosos. Por supuesto, también rastrea a una Antonella.
En honor a su nombre, y mientras el capitán de la Scaloneta prolongaba sus hazañas haciendo goles en la fase de rupos del Mundial 2026, el ejemplar se convirtió en el que más lejos llegó entre todos los que están siendo monitoreados por la Global Penguin Society durante la migración invernal de 2026.
A principios de julio, el pingüino Messi ya se encontraba en las costas de Brasil.
Su travesía puede rastrearse a través de un mapa en la página de la organización, que se actualiza en tiempo real.
Messi inició su viaje en la Reserva Natural Punta Tombo, ubicada a unos 110 kilómetros de Trelew y unos 180 de Puerto Madryn, en la provincia de Chubut.
Se trata de la mayor colonia continental de pingüinos de Magallanes del mundo. Alberga a cerca de un millón de ejemplares durante la temporada de nidificación y abarca más de 1.300 hectáreas tras la incorporación de Punta Clara en noviembre de 2024.
Hasta el 9 de julio de 2026, el pingüino Messi había recorrido exactamente 4.284 kilómetros desde que comenzó el monitoreo el 15 de abril anterior.
Avanza a un promedio cercano a los 30 kilómetros diarios y unos 2,1 kilómetros por hora.
Con un peso de cuatro kilos, superó ampliamente al resto de los individuos seguidos por el programa científico.
Messi integra un grupo de una veintena de pingüinos equipados con transmisores satelitales en el dorso, bautizados con nombres de personalidades reconocidas.
Entre ellos figuran Dibu Martínez, Bizarrap, Taylor Swift y Franco Colapinto.
Antonella es la pareja de Messi, que lo reecontrará en la colonia chubutense cuando sea tiempo de reproducción.
El proyecto fue presentado por la Global Penguin Society en 2024, con participación del Gobierno de Chubut y científicos del CONICET.
La elección de nombres reconocibles responde a una estrategia comunicacional: transformar datos científicos complejos en una historia que el público pueda seguir día a día.
Cada transmisor registra posición, distancias, zonas de alimentación, tiempos de permanencia y amenazas en ruta.
Toda esta información permite reconstruir recorridos de más de 6.000 kilómetros y aporta datos fundamentales para la conservación de la especie.
Su pareja, Antonella, también forma parte del monitoreo. Hasta la misma fecha había recorrido unos 3.600 kilómetros, pero siguiendo una ruta mucho más cercana a la costa.
La diferencia de comportamiento entre macho y hembra aporta datos clave sobre cómo cada sexo utiliza el ambiente marino durante la temporada no reproductiva.
Esa separación no es caprichosa. Los pingüinos se desplazan siguiendo frentes oceánicos, disponibilidad de peces y corrientes, con trayectos que incluyen curvas, desvíos y avances hacia mar abierto.
Si machos y hembras ocupan áreas diferentes, también pueden estar expuestos a riesgos distintos: zonas de pesca, rutas de navegación o sectores con acumulación de residuos plásticos.
Los movimientos de Messi en el océano fueron comparados con una sucesión de "gambetas marinas".
Idas y vueltas que reflejan la forma en que estos animales leen el mar, detectan zonas de alimentación y ajustan su recorrido según las condiciones.
La travesía también pone en evidencia la dimensión transfronteriza de la migración.
Lo que comienza en una colonia de la Patagonia puede continuar miles de kilómetros al norte, cerca de aguas brasileñas.
Las aves marinas no reconocen límites administrativos. Cruzan aguas jurisdiccionales, zonas de pesca y sectores con distintos niveles de protección.
Seguirlas permite entender mejor dónde están los puntos críticos y qué sectores del océano necesitan mayor atención.
La cooperación regional se vuelve entonces indispensable para proteger corredores migratorios que conectan territorios, especies y países a través de rutas invisibles para la mayoría de las personas.
El pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus) mide entre 40 y 45 centímetros y pesa entre 3,2 y 4,7 kilos.
Su población reproductiva se estima entre 1,2 y 1,5 millones de parejas, pero la especie enfrenta amenazas vinculadas con contaminación por petróleo, mala gestión pesquera y cambios en la disponibilidad de alimento asociados a la variabilidad climática.
Cada año, tras finalizar la temporada reproductiva en abril, cientos de miles de pingüinos abandonan sus colonias para desplazarse hacia el norte siguiendo las corrientes marinas ricas en peces, calamares y krill.
Permanecen en el océano durante varios meses y regresan en septiembre para iniciar un nuevo ciclo reproductivo.
La Global Penguin Society impulsa durante este mes la campaña "Julio sin plástico", destinada a reducir la utilización de plásticos de un solo uso y proteger los ecosistemas marinos.
La organización desarrolla jornadas de limpieza de playas y educación ambiental en la Patagonia con el objetivo de evitar que nuevos residuos lleguen al océano.
Desde 2009, cerca de mil voluntarios participaron de estas acciones, recorriendo más de 100 kilómetros de costa, limpiando unas 300 hectáreas de hábitat de pingüinos y retirando más de 20 toneladas de plásticos.
La travesía de Messi funciona, en ese contexto, como un recordatorio de que conservar a los pingüinos exige proteger las rutas oceánicas que hacen posible su vida.
La decisión de bautizar a los pingüinos con nombres de figuras públicas tiene un objetivo concreto: convertir coordenadas, distancias y mapas en una historia que despierte curiosidad sobre la vida marina.
En lugar de presentar únicamente datos técnicos, la campaña transforma a cada ave en un personaje reconocible que el público puede seguir a diario.