Construido con materiales reciclados, es un éxito en la costanera de Caleta Olivia. Muchos van para alentar a Darío, que terminó la escuela con el mejor promedio.
Cuando cae la noche en la costanera de Caleta Olivia, en Santa Cruz, hay un nuevo trencito que avanza lento cargado de familias y los lleva a todos, chicos y grandes, a dar un paseo que es mucho más que eso. Porque el Trencito Patagónico, como lo bautizaron, no es una atracción infantil cualquiera: es el sueño de una familia local.
En efecto, convirtieron tambores viejos, hierro de chatarrería y meses de trabajo en una oportunidad real para que su hijo, que acaba de terminar la secundaria con el mejor promedio de su escuela, ahora pueda llegar a la universidad.
Y Caleta Olivia escuchó el pedido de acompañamiento: en las primeras noches de la novedad, decenas de familias se agolparon hasta pasada la medianoche en la costanera para conocer la novedad, y los mensajes de apoyo no pararon de llegar a través de las redes.
Lo cierto es que rápidamente el simpático trencito tirado a pedales por una bicicleta ya es una de las atracciones más convocantes del tradicional costanera de la ciudad portuaria.
Construido casi en su totalidad con materiales reciclados, nació de una idea tan sencilla como movilizadora: ayudar a que Darío, el hijo mayor de la familia, pueda estudiar la carrera de Turismo en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA), donde comenzará a cursar este año.
"Para nosotros es muy importante que la comunidad sepa que esto es para ayudar a que un joven de Caleta Olivia pueda profesionalizarse. Él salió con el mejor promedio del colegio y estamos muy orgullosos", expresó Rubén Luis, el padre y creador de la iniciativa, en diálogo con La Opinión Austral.
El emprendimiento surgió como una extensión natural de Acuarelas, el proyecto artístico para chicos que la familia ya venía desarrollando. La lógica fue práctica: mientras los niños más grandes pintan, los más pequeños pueden subirse al trencito y pasear por la costanera disfrutando de luces, música y aire libre.
"Como familia estamos muy contentos por el recibimiento que tuvo el trencito. La gente lo recibió muy bien y eso nos motiva a seguir adelante", contó Rubén.
Los vagones son temáticos y hacen referencia a Thomas y sus amigos, la popular tira animada de principios de los 80 que narra las aventuras de un grupo de locomotoras humanizadas, al estilo Cars.
Fueron construidos con tambores plásticos de 200 litros. Y las caritas decorativas de los personajes del dibujito animado se moldearon usando bases de termotanques, engrudo y papel. La estructura metálica, en tanto, se armó con hierro recuperado de una reja comprada en una chatarrería, según develó Rubén en diálogo con La Opinión Austral.
Las butacas de los vagoncitos son de madera fueron fabricadas y tapizadas por la propia familia, que también incorporó cinturones de seguridad y cascos para garantizar la seguridad de cada pasajero.
"Se trata de emprender reutilizando lo que ya tenemos, darle otra vida a materiales que muchos descartan", explicó el responsable de hacer sonar la capanita y pedalear mientras los visitantes pasean.
El armado del proyecto demandó varios meses de trabajo, iniciados a finales del año pasado con la meta de estrenar el tren durante la temporada de verano. En rigor, la atracción la sumaron a otra que ofrecen desde hace años en el lugar: un espacio para que los chicos pinten con acuarela.
"Decidimos hacer algo para los más chiquititos, que mientras sus hermanos más grandes pintan, pueden pasear en el trencito por la costanera", resumió el emprendedor.
El impacto fue tan grande que, durante las primeras noches de funcionamiento, el trencito operó hasta pasada la medianoche por la enorme cantidad de familias que se acercaban. Ante la demanda, debieron trasladarse a distintos puntos de la costanera para poder atender a todos.
"Los nenes no se quieren bajar, quieren seguir dando vueltas. Eso es lo más lindo. Estamos muy agradecidos por cómo nos recibieron. Todo esto nos impulsa a seguir", relató Gladys Arizaga, esposa de Rubén.
Las redes sociales también amplificaron el fenómeno: mensajes de apoyo, bendiciones y palabras de aliento de vecinos y usuarios fortalecieron el ánimo de toda la familia.
"La idea surgió de la necesidad, pero se transformó en una alegría para los chicos y en una esperanza para mi familia", sintetiza su creador.
En el perfil de Facebook de Rubén hay un posteo del último 15 de diciembre que expresa lo que significa el estudio de sus hijos para él y su mujer. En las fotos se ve a la pareja junto a ellos luego de recibir el diploma en sus escuelas. El mensaje escrito se dirige a ambos, el mayor y el menor.
"Queridos hijos, no se cansen, no se rindan por más que el camino sea largo", empieza el posteo. Y sigue: "Aunque el corazón se sienta cansado, sigan adelante. No están solos, Dios camina con ustedes incluso cuando todo parece en silencio, el los Ama con un Amor que no cambia, que no se apaga, que no abandona, levántense que siempre hay una nueva oportunidad... Lo importante no es caer, si no volver a ponerse de pie con humildad y dejar que Dios los abrace. Los amamos con el corazón Mamá y Papá".
Se podría decir que, con el Trencito Patagónico, predican con el ejemplo.