"Estoy expuesta como Azul": el desgarrador testimonio de una compañera en el juicio por el transfemicidio

Una trabajadora trans declaró en la cuarta audiencia y reveló que su sueldo estatal no le alcanza para dejar la calle. La estremecedora trama detrás de la precariedad y el miedo constante.

Estoy expuesta como Azul: el desgarrador testimonio de una compañera en el juicio por el transfemicidio

En la cuarta jornada del juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko, una mujer trans y trabajadora sexual declaró ante el jurado popular bajo estrictas medidas para preservar su identidad. La testigo pidió protección por temor a posibles represalias y prestó declaración sin la presencia de público ni prensa, mientras el acusado, Roberto Daniel Sánchez, permaneció en otra sala.

Su testimonio fue solicitado por la Fiscalía, con adhesión de la querella, y estuvo atravesado por una idea que repitió durante varias horas: tener un trabajo formal no le alcanzó para abandonar la calle. Dijo que desde hace años trabaja para el Estado, pero que nunca logró acceder a un ingreso que le permitiera dejar el trabajo sexual.

“Estoy expuesta todas las noches como estuvo la compañera Azul”, expresó.

La mujer contó que conoció a Azul Semeñenko años atrás, en actividades políticas en las que ambas participaban, y que posteriormente compartieron encuentros y también noches de trabajo sexual en una misma calle, aunque en distintas esquinas.

Según relató, Azul recurría a la calle cuando necesitaba dinero. “No era una chica que tenía plata y salía porque sí”, explicó. La describió como una persona tranquila, afectuosa y sin comportamientos violentos.

Un trabajo estatal que no alcanzó para salir de la calle

Uno de los principales ejes de su declaración fue la precarización laboral y las dificultades que, según explicó, atraviesan las mujeres trans para acceder a empleos formales y sostenerlos.

Contó que trabaja para el Estado desde hace años, pero que su situación laboral no le permitió dejar el trabajo sexual. Afirmó que las mujeres trans deben competir por puestos laborales con personas que tuvieron otras oportunidades educativas y familiares.

“Yo desde hace años tengo los dos trabajos y estoy expuesta en una esquina todas las noches como estuvo la compañera Azul”, sostuvo.

La testigo sostuvo que esta situación no debe interpretarse únicamente como una elección individual de trabajar en la calle. “Una no sale a la calle por sexo, una sale a la calle por dinero, porque no te alcanza para comer, ya que no te alcanza para pagar tus cuentas”, afirmó.

Y planteó una relación directa con la situación de Azul: “Si la compañera Azul hubiese tenido un sueldo como la gente, no hubiese estado parada en una esquina”, dijo.

“Un riesgo constante”

Ante las preguntas del fiscal jefe Agustín García sobre las condiciones en las que se ejerce el trabajo sexual, la testigo fue contundente: “Un riesgo constante”.

Explicó que las medidas de protección que puede tomar son limitadas y que, más allá del uso de preservativo para el cuidado de la salud, no existe una protección efectiva frente a las situaciones de violencia que pueden ocurrir durante una jornada de trabajo.

La Fiscalía intentó profundizar sobre esas condiciones. La defensa cuestionó la pertinencia de la pregunta al considerar que se trataba de una descripción general sobre la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales y no sobre el hecho concreto juzgado.

El juez rechazó el planteo. Consideró que el contexto tenía relación con el caso y que podía aportar elementos para que el jurado comprendiera las condiciones en las que se desarrollaba la vida de Azul y de otras mujeres trans que trabajan en la calle.

La testigo explicó que, frente a un cliente, las posibilidades de reacción son limitadas. Habló de situaciones de golpes, robos y abusos y sostuvo que denunciar tampoco aparece como una alternativa sencilla.

“Estás expuesta a todo lo que el tipo te quiere hacer”, resumió sobre la situación de las trabajadoras sexuales de Neuquén.

La noche en que desapareció Azul Semeñenko

La testigo contó que la noche en que Azul fue vista por última vez ella también se encontraba trabajando en la calle. Por eso, cuando tomó conocimiento de la desaparición, la noticia tuvo para ella una dimensión particular: podría haber sido ella.

“Yo esa noche que Azul levantó, yo también estaba parada trabajando. Y podría haber sido yo”, declaró.

Después de enterarse de la desaparición y mientras todavía no había certezas sobre lo ocurrido, contó que las trabajadoras sexuales trans continuaron saliendo a trabajar porque necesitaban subsistir.

Según describió, comenzaron a cuidarse entre ellas y a intentar salir acompañadas. Pero trabajar de a varias también implicaba perder clientes y, por lo tanto, ingresos.

La incertidumbre se convirtió en miedo: no sabían quién podía ser el responsable ni si alguna de las personas que las contactaban podía representar un peligro. “Todas estábamos aterradas”, dijo.

“Ella no tenía la experiencia que tenemos algunas”

La mujer también marcó una diferencia entre su propia experiencia en el trabajo sexual y la de Azul. Contó que llevaba muchos años ejerciendo esa actividad y que esa trayectoria le había permitido desarrollar mecanismos para identificar situaciones de riesgo: observar a un cliente, advertir si estaba alcoholizado o bajo los efectos de alguna sustancia y decidir cuándo rechazar un viaje o un encuentro.

Azul, explicó, llevaba mucho menos tiempo trabajando en la calle. “Ella no tenía la experiencia que tenemos algunas”, señaló.

No lo presentó como una cuestión de capacidad, sino como un proceso de aprendizaje derivado de años de exposición a situaciones de violencia.

En ese sentido, describió a Azul como una mujer físicamente menuda y delgada y consideró que tenía pocas posibilidades de defenderse frente a un hombre que intentara agredirla.

Una amistad que nació entre militancia y calle

La testigo contó que conoció a Azul Semeñenko en actividades políticas y que ambas compartían experiencias vinculadas a la vida de las mujeres trans. Después se encontraron trabajando en la calle. Una estaba en una esquina y la otra, unas cuadras más adelante.

También compartieron momentos fuera del trabajo: salidas al río, comidas y encuentros con amigas y mascotas. La describió como “un amor”, una persona tranquila y afectuosa.

Dijo que nunca tuvo problemas con ella ni la vio protagonizar situaciones violentas. También negó haberla visto consumir drogas. “Ella era como yo, salía cuando necesitaba plata, tratando de manotear un cliente porque no tenés para comer, para vivir”.

Su vínculo se interrumpió con el tiempo sin que mediara una pelea o un conflicto puntual. Se enteró de la desaparición y posteriormente de la existencia de una persona detenida a través de los medios de comunicación. Aclaró que no conoce personalmente a Roberto Sánchez.

“No nos quiere la gente en la calle, ni limpiando la calle”

La testigo relató una historia atravesada por la violencia desde que comenzó a ejercer el trabajo sexual. Contó que fue víctima de trata durante varios años y que también sufrió graves episodios de violencia policial cuando trabajaba en la calle.

Recordó que, durante esos años, las mujeres trans eran detenidas por la policía por encontrarse en la vía pública. En ese contexto, relató que fue golpeada y abusada sexualmente en los calabozos. Contó que, mientras era violada, los policías le pisaban los dedos de las manos hasta lastimárselos.

“Los abusos que cometía la policía con nosotras son indescriptibles”, declaró.

También relató otras agresiones sufridas a lo largo de los años y dijo que en distintas oportunidades fue apuñalada, golpeada y atacada por personas con las que se vinculó durante el trabajo sexual. En uno de esos episodios, sostuvo, fue víctima de trata.

Su relato buscó poner en contexto las condiciones en las que viven y trabajan muchas mujeres trans. “No nos quieren laborando ni atendiendo un kiosco, ni limpiando una calle”, sostuvo.

La testigo explicó que las dificultades para acceder a la educación y al empleo formal, sumadas a la discriminación familiar y social, terminan dejando a muchas mujeres trans expuestas al trabajo sexual como una de las pocas alternativas para obtener ingresos.

En su propio caso, dijo que comenzó a trabajar sexualmente siendo adolescente y que, pese a haber conseguido posteriormente un empleo estatal, nunca logró acceder a un ingreso suficiente para abandonar la calle.

“Yo desde el 2018 hasta el día de hoy tengo los dos trabajos y estoy expuesta en una esquina todas las noches como estuvo la compañera Azul”, afirmó y agregó que a Azul le faltaba “la picardía de la prostituta, elegir el cliente, que te lo da la experiencia”.

Según su relato, esa exposición no se limita a los riesgos propios del trabajo sexual, sino que se encuentra atravesada por una historia de violencia y exclusión que, sostuvo, también alcanzó a Azul Semeñenko.

El miedo que la llevó a dejar de trabajar

Hacia el final de su declaración apareció el aspecto más inmediato de su testimonio: el miedo actual. La mujer contó que desde que recibió la noticia de que debía declarar, dejó de concurrir a trabajar por temor a una posible represalia.

Dijo que está encerrada en su casa y que incluso tiene dificultades para comprar alimentos porque no quiere exponerse en la calle.

“Estoy aterrada”, expresó ante el jurado. “Me han hecho cada cosa los clientes, y qué vas a denunciar”, cuestionó.

La situación tiene además una consecuencia concreta: si no sale a trabajar, no tiene ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas. “Esta noche me tengo que ir a parar a trabajar a la esquina para poder comer mañana”, dijo.

La testigo sostuvo que pidió al Estado que le permita acceder a un ingreso y así vivir sin tener que recurrir al trabajo sexual. Según explicó, esa posibilidad fue parte de la expectativa con la que ingresó al empleo estatal, pero no consiguió concretarla.

Su planteo volvió una y otra vez al mismo punto: la necesidad económica y la falta de alternativas laborales para muchas mujeres trans las mantiene expuestas en la calle.

“Yo sigo corriendo el riesgo de que aparezca estos odiantes del género trans y que termine muerta”, afirmó. Y volvió a vincular su situación con la de Azul: “Estoy expuesta todas las noches como la compañera Azul”.

La defensa, luego de un cuarto intermedio solicitado antes de comenzar su intervención, finalmente decidió no formular preguntas.

La testigo terminó su declaración y se retiró de la sala bajo las mismas condiciones de resguardo con las que había ingresado.

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