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Tras sufrir violencia de género, ayuda a que ninguna mujer dependa de un hombre

Una mujer sufrió una grave fractura al ser agredida por su ex pareja en 2018. Cuatro años más tarde, se animó a denunciarlo y esta semana, el hombre reconoció el hecho y fue condenado.

Ana sufrió violencia de género por años, pero la gota que colmó el vaso llegó cuando su entonces pareja la atacó y le produjo una grave fractura en un brazo que le trajo años de rehabilitación. Luego de reconocerse como víctima, denunció al hombre, logró que la Justicia lo condene y hoy busca transmitir su experiencia a otras mujeres.

El caso de la mujer salió a la luz en noviembre pasado, cuando el agresor (hoy condenado), Iván Paskiewicz, fue acusado por el asistente letrado de la fiscalía, Gastón Berenguer. En la audiencia de formulación de cargos, el funcionario detalló que el hecho ocurrió en el departamento donde el agresor y la víctima convivían, en el barrio Belgrano. Allí, el 13 de enero de 2018 y, en el contexto de una discusión a raíz de celos de parte del imputado, éste tomó por la fuerza el brazo izquierdo de la mujer y, utilizando la fuerza, la agredió provocándole lesiones y una fractura, para luego retirarse del domicilio.

Además, detalló que no se trató de una situación aislada, sino que se enmarcó en un contexto de violencia de género que caracterizaba la relación de más de 10 años que tenía la pareja.

Es por esto que, detallando toda la prueba recabada que da cuenta del episodio, Berenguer acusó al hombre como autor del delito de lesiones graves doblemente agravadas, por el vínculo y por mediar violencia de género.

En diálogo con LM Neuquén, Ana indicó que no tiene más que palabras de agradecimiento por la Justicia, que actuó sumamente rápido. Es que su denuncia fue radicada recién en 2022, ya que primero ella debió atravesar el proceso de recuperación y, lo más difícil para muchas mujeres en su lugar, admitirse como víctima de violencia de género y animarse a denunciar.

"La verdad que, si tengo que hablar sobre la Justicia, yo tenía una idea muy errada porque pensaba '¿Para qué hacer la denuncia, si nos siguen matando?' Yo agradecí y abracé mucho a la fiscal Carolina Mauri por la contención, cómo me acompañaron. Hoy entendí que la mujer al hacer una denuncia, tiene contención, te dan todo", expresó.

Ana, peluquera de profesión, contó que el episodio por el cual se imputó al hombre la hizo sufrir una doble fractura expuesta, la llevó a pasar por tres cirugías e implicó que no pudiera trabajar por dos años mientras luego se rehabilitaba con un kinesiólogo.

"Yo no podía contarlo. Él se fue y me socorrió una vecina y cuando fui al hospital, dije que me había caído. Cuando yo dije eso, se miraron todos los médicos y sé que no me creyeron", confió. Fue recién luego de pasar por la segunda cirugía, en la que le colocaron 18 clavos en el brazo, que se animó a contarle a su médico, que le confirmó que sabía.

"Pasás por la vergüenza, la justificación, el no querer salir. Denunciar algo así es revivir cada momento y situación y hasta el día de hoy, mientras relataban todo el hecho, se me caían las lagrimas. Entonces pienso, qué bueno que hay una Justicia", celebró.

Luego de los años de lucha, Ana logró este viernes que condenaran a su agresor a través de un acuerdo impulsado por la fiscal Mauri con su consentimiento, para dar por terminado el proceso, algo que la mujer ansiaba.

De esta manera, el hombre, sabiendo toda la prueba que lo hubiera condenado si llegaba a juicio, aceptó su responsabilidad por el hecho y fue condenado a una pena de tres años de prisión en suspenso. Es decir, no debe cometer nuevos delitos, tiene prohibido acercarse a la víctima y deberá cumplir con presentaciones judiciales. Si respeta todo eso, cumplirá la pena en libertad. Caso contrario, irá tras las rejas.

"La fiscal Mauri, es para sacarse el sombrero. Yo no le digo ni fiscal, le digo 'Carolina'. Le di un abrazo cuando salimos. Esto es una etapa cerrada", afirmó con alivio.

Por otro lado, Ana inició también una demanda civil contra Paskiewicz, exigiendo un resarcimiento económico por lo sufrido pero también por las consecuencias que ello le trajo; principalmente, no haber podido trabajar pero aún así haber tenido que pagar por alquiler, comida, tratamientos y más.

Respecto de esta causa, afirmó que la Justicia civil es un mundo aparte, que el proceso es mucho más lento y que está "trabado". Sin embargo, sostuvo que espera que el haberse declarado responsable penalmente sea "una llave" para permitir que la demanda avance.

"Sacar lo positivo"

Una de las cosas más admirables, es que Ana insiste en que se queda con "lo positivo" que pudo sacar de todo este proceso; "la paciencia, la tolerancia, el respeto al prójimo" y también su coraje, ya que afirma que "ya no tengo miedo".

No sólo se guarda esas enseñanzas para sí misma, sino que puso manos a la obra y charla con mujeres del oeste de la capital para insistir en que siempre hay que tratarse con respecto, y ante hechos de violencia, denunciar, alzar la voz. También les enseña a cortar el pelo a mujeres que no tienen un oficio "para que no dependan del hombre que lleva el dinero a la casa".

"Animo a todas las mujeres a que se presenten en fiscalía y la van a recibir con los brazos abiertos", concluyó.

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