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Para mi es una de las comidas más ricas que conozco. Goza de ser importante sola, y enaltece cualquier otra compañía en el plato. La milanesa y el huevo frito la necesitan cerca. La cerveza ni hablar y también el bife de chorizo. Pero solas, son un viaje de ida.
No me gustan las papas de paquete, las industriales, que vienen todas iguales y congeladas. Nos gusta pelar, cortar y freír, así que manos a la obra.
Ingredientes:
2 papas medianas
sal
aceite c/n
Procedimiento
Lavamos y pelamos las papas. Las cortamos en bastoncitos y las dejamos alrededor de veinte minutos en un recipiente con agua fría para que desprendan el almidón.
Luego las escurrimos y las secamos, con un paño limpio absorbente o un repasador.
La idea es que no queden vestigios de humedad. Reservamos.
En una sartén u olla al fuego ponemos aceite (si es sartén no es necesario agregar hasta arriba porque una vez que pongamos las papas ese volumen subirá y se puede volcar, nos podemos quemar, etc).
Dejamos calentar el aceite y nos damos cuenta si ya está sumergiendo una papa y que se hagan burbujitas enseguida a su lado. Agregamos el resto de a tandas, no todas juntas porque se pegan. Tratemos de no revolverlas mientras se cocinan ya que pueden romperse y largar agua y eso podría estropear nuestra fritura.
Una vez que se van dorando, sacamos una y probamos. Vamos poniéndolas en un plato o fuente con papel absorbente. Cuando ya sacamos todas las podemos calentar en el horno si es necesario, sino a disfrutar. Ah, la sal se agrega una vez que las sacamos de la sartén, no antes.
Truco: si querés conseguir que sean más crocantes, podés hervirlas dos minutos en bicarbonato de sodio y luego sí escurrir y secar antes de freir. Ojo hipertensos y aquellos que sufran acidez.