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En las últimas semanas tuvo lugar un incremento de casos de COVID en varias regiones de Europa, donde ya se habla de la llegada de una cuarta ola de este enfermedad que aqueja al mundo desde hace casi dos años. Pero la situación en Argentina, al menos hasta el momento, no parece llegar a dicha situación.
Y es que en el país aún no se vivió la tercera ola del COVID. El pasado invierno, puntualmente mayo, tuvo los meses más complicados del 2021 con respecto a la enfermedad, involucrando no solo miles de contagios, sino también récords en cantidad de fallecimientos. A aquel contexto se lo llamó "segunda ola".
Según explicó Matías Neira, director provincial de Atención Primaria de la Salud, existen tres razones por las cuales la Argentina no se vio afectada por un nuevo golpe pandémico. "Hay muchas decisiones que se tomaron en relación a lo que pasa en Europa y que evitaron que ocurra algo parecido", indicó.
En ese sentido, desarrolló los puntos clave para que en el país haya un contexto amesetado: "En primer lugar se evitó una diseminación rápida al priorizar las primeras dosis y diferir la aplicación de segundos componentes", marcó como primer razón.
En segundo lugar, "en el momento en que hubo nuevas variantes en el mundo, se disminuyó el ingreso de al país desde el exterior, además de hacer un seguimiento" de cada persona que entraba al país, con hisopados y aislamiento controlado.
Por último, y la que menos se aplicó en Europa, se encuentra el rápido avance en la vacunación de la población pediátrica, es decir los menores de 18 años.
A pesar de que el avance en la vacunación contra el COVID demostró que así puede controlarse la situación pandémica, Neira remarcó: "Las vacunas no son 100 % eficaces. Puede pasar que una persona vacunada tenga una complicación en función a algún factor de riesgo o por la edad. Es por esto que hay que sostener las medidas que evitan contagios, como el uso de tapabocas en lugares cerrados y la ventilación de los mismos".