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Un mexicano, de 42 años, fue liberado este martes luego de pasar la mitad de su vida detrás de las rejas por un homicidio armado cuya víctima se encuentra con vida.
En mayo del 2.000, Manuel Germán Ramírez Valdovinos fue detenido por la Policía en su domicilio, en la Ciudad de México, y fue llevado a una bodega en donde lo torturaron: lo colgaron de unas cadenas, lo golpearon, le dieron descargas eléctricas y lo sumergieron en un contenedor de agua helada. Todo esto, con el fin de que firmara una confesión hecha por los propios policías. Ante las amenazas de que sus familiares corrían peligro, Ramírez Valdovinos se declaró culpable de homicidio y fue condenado a 40 años y siete meses de prisión.
Otra de las grandes anomalías de su caso tuvo que ver con el cuerpo de la supuesta víctima, que nunca fue constatado por el Ministerio Público. Tres años después de la sentencia, lograron la exhumación del cadáver y comprobar que las características de éste no se ajustaban con las plasmadas en los reportes periciales o fueron modificadas posteriormente para hacerlas coincidir. Encima, revelaron que la presunta víctima fatal, de 19 años, continuaba vivo y habitaba en Estados Unidos.
La investigación concluyó que el padre del supuesto asesino ideó el plan para “hacerlo pasar como muerto” y evadir los varios delitos de los que se lo acusaba.