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Un pato de cristal, otra curiosidad de la salina del Gualicho

Dos guías lo encontraron cuando caminaban por el lugar.

La salina del Gualicho, esa extensión llana y blanca cercana a San Antonio Oeste que alguna vez fue mar, tiene un sinfín de historias y leyendas que transmitieron los habitantes antiguos, quienes situaron allí al mismo diablo con su carga de implacables maleficios, que terminaban con la vida sin piedad.

Muchos de esos relatos se han contado repetidas veces en libros y crónicas periodísticas. Ánimas y aparecidos, voces extrañas, gritos aterradores que hoy forman parte de la mitología regional.

Pero ese lugar fabuloso, hoy convertido en una fuente de riqueza gracias a la extracción industrial de su sal, sigue produciendo circunstancias asombras. Una de las últimas, es un ave cristalizada que apareció dentro del yacimiento.

La encontraron el guía turístico Mauricio Gabrielli y su compañero Diego, cuando caminaban por el salar que estaba en la etapa en que el agua que se junta en el período de lluvias se había evaporado.

Algo que asomaba en la superficie inmaculada lista para cosechar les llamó la atención. Cuando se acercaron descubrieron que se trataba de un ave que había quedado solidificada por el mismo material blanquecino que domina el paisaje.

Desde ese día permanece en el Museo de la Sal, creado por la empresa Tritón Turismo, para la que Mauricio y Diego trabajan en las excursiones que se realizan en temporada veraniega.

Lo colocaron en un rincón, sobre un trozo de alfombra, entre las maquetas, gigantografías y cuadros con información del lugar. Es una atracción para los visitantes.

El ejemplar está sorprendentemente intacto. Conserva hasta el relieve de su plumaje, como obra de un taxidermista. Solo despidió por el pico una sustancia viscosa que terminó petrificada.

La cobertura de sal lo endureció como una pieza de vidrio, y cuando se ilumina despide notables destellos multicolores. Creen que pertenece a alguna variedad de pato, o un cisne, u otra especie parecida. También que murió cuando se había formado la laguna, y que la sal –con su poder deshidratador- perpetuó el cadáver.

El estado en que permanece el supuesto pato despertó la curiosidad de especialistas con aves. La bióloga local Patricia González, integrante de la fundación Inalafquen y miembro de la International Conservation Fund of Canaday Global Flyway Network, se mostró muy interesada al observar las fotografías, y prometió visitar el museo para observar de cerca al ejemplar y determinar de qué tipo se trata.

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Una fuente de riquezas

La salina El Gualicho está ubicada a unos 45 kilómetros de San Antonio transitando por la ruta 2 en dirección a General Conesa. Desde el camino se puede apreciar el imponente manto blanco que da la sensación de ser interminable. La mancha llega casi hasta el borde del pavimento, como si fuera la lengua de un glaciar. Está ubicada a 70 metros bajo el nivel del mar, y ocupa una superficie total de 328 kilómetros cuadrados de extensión.

En su irregular geografía sus extremos alcanza a medir 120 x 40 kilómetros. Como se trata de un yacimiento minero fiscal, la autoridad máxima es la Dirección de Minería de la provincia de Río Negro.

Para una mejor organización de la actividad, el organismo divide la salina en porciones que se denominan “pertenencias” y las concesiona de acuerdo a la magnitud del emprendimiento.

En la actualidad hay tres empresas importantes que extraen sal destinada a intervenir en distintos procesos industriales.

La recolección se denomina “cosecha”, y se realiza en los meses veraniegos.

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¿Pista alternativa de la NASA?

Como otro mito de los tiempos modernos, ha trascendido que la NASA -la Central Aeroespacial Norteamericana- había escogido a la salina rionegrina como pista de aterrizaje alternativa para sus transbordadores espaciales, que supuestamente desactivaron.

Hay un testimonio que abona esta teoría, que parece de película. Alpat –Alcalis de la Patagonia es una de las tres empresas que mayor extensión posee, y utiliza la materia prima para la fabricación de carbonato de sodio.

Durante muchos años el predio de la firma estuvo a cargo de Omar Sánchez, un conocido vecino de San Antonio que ahora trabaja para la compañía TSB. Hace tiempo, contó sobre un extraño hecho ocurrido con unos sujetos que dijeron ser de la Nasa.

El incidente sucedió a principios de 2002. En ese entonces Sánchez se desempeñaba en la administración de la compañía, y su lugar de trabajo estaba en la planta ubicada en Punta Delgado.

Según lo que relató cierto día atendió una llamada telefónica y conversó con un hombre que aseguró pertenecer a la Nasa, quien le informó que algunos días después llegaría a la región para ingresar a la salina. Sonaba tan rara la noticia que al principio dudó de su veracidad. Pero efectivamente, pocos días más tarde sonó nuevamente el teléfono y otra vez la misma vos le comunicó que se encontraba en Buenos Aires, y que viajaba rumbo al saladar.

Sánchez fue a la hora que habían convenido, cuando -con admirable puntualidad- una fastuosa camioneta 4x4 negra, con vidrios polarizados y cuatro personas a bordo llegaron al lugar. Recuerda que eran dos hombres y dos mujeres, y que dos de ellos –una pareja- afirmaron ser argentinos, y así lo parecían por su forma de hablar.

En el moderno vehículo se internaron en la salina durante varias horas, tras lo cual partieron velozmente. Tampoco se supo que hizo el extraño grupo durante su visita. Solo quedaron como mudos testigo varias mangueras o más bien unas varillas de plástico negro que brotan hacia la superficie. Son muy resistentes, ya que por algunas de ellas pasan las máquinas que extraen la sal.

No se sabe si volvieron los particulares visitantes. Del tema no se habla mucho, aunque ya forma parte del cúmulo de enigmas de este lugar.

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