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Hace un año, en plena pandemia por el coronavirus, una humilde familia del barrio Bouquet Roldán de esta ciudad se propuso abrir una verdulería. El proyecto implicaba dejar de lado cualquier razonamiento lógico por la situación que se vivía por el virus que acechaba a todo el mundo y guiarse sólo por la ilusión y el empeño en salir adelante. Uno de los hijos varones de la familia Cerda se hizo cargo del negocio familiar pero unos meses después, ante una propuesta de trabajo, abandonó el emprendimiento familiar. A pesar del esfuerzo y la dedicación que le pusieron los otros integrantes de la familia no pudieron mantenerla abierta.
“Después que mi hermano no pudo continuar con la verdulería, mis padres se hicieron cargo pero no anduvo bien, además mi papá se dedica a hacer changas en la construcción. Por eso decidí vender la bici”, cuenta Milagros a LM Neuquén. Unas semanas después pudo vender la bicicleta rodado 29, pero no al precio que quería.
Al otro día de desprenderse de su bici, acompañada de su padre, Milagros se dirigió al Mercado Concentrador para comprar la mercadería y así poder abrir las puertas de su verdulería que llamó “Rincón Verde” que está en la parte de adelante de su casa. “Estuvimos más de tres horas recorriendo y eligiendo la mercadería en el Mercado Concentrador, y la plata de la bici me alcanzó para llenarla de verduras y frutas”, dice con una sonrisa antes de despachar dos kilos de papas por 100 pesos.
La joven que cursa el tercer año del secundario en el CPEM 18 explica que sus padres “se pusieron muy contentos porque siempre nos motivaron a mí y a mis hermanos (dos varones de 29 y 18 años, y una niña de 11) a tener nuestras cosas fruto del esfuerzo y sacrificio; además a mí no me gusta pedirle dinero a ellos si quiero comprarme algo”.
Confiesa que está feliz por haber concretado su sueño y esperanzada para que le vaya bien. “Desde que abrí hace unas semanas he tenido muchas clientas y clientes; por ahora, las ventas vienen bien”, señala la joven que también le gusta cantar.
Mientras aguarda por la llegada de los compradores, Milagros lee algún apunte de la escuela o bien acomoda la mercadería en los cajones. “Cuando volvimos de hacer la compra en el Mercado Concentrador, me puse a armar la verdulería y cuando la ví llena con toda esa mercadería, le dije a mis papás ‘Vamos a multiplicar lo que puse’. Es lindo cuando uno puede ver reflejado su sacrificio”, describe y ofrece a una mujer que llegó hasta la puerta de la calle Trabajador Municipal la oferta de tres kilos de acelga por 100 pesos.