XXX: la fiesta de la muerte

Un joven de 20 años fue asesinado tras una batalla en una quinta.
Con la excusa de festejar el Día de la Primavera, tres jóvenes organizaron la fiesta clandestina Proyecto XXX. A Nicolás Rivera le dieron un balazo en el pecho y hubo dos heridos de arma blanca.

Buenos Aires

Era una fiesta para esperar el inicio de la primavera y terminó en una tragedia, con un joven asesinado, dos heridos que quedaron fuera de peligro y dos desaparecidos que finalmente aparecieron sanos y salvos. La batalla campal, los tiros, los gritos y la desesperación quedaron grabados en los celulares de muchos de los chicos que fueron a la denominada fiesta Proyecto XXX.

Nicolás Matías Rivera, de 20 años, empleado desde el año pasado en una fábrica de cerraduras y herrajes, había dejado su casa la noche anterior para ir a la fiesta clandestina Proyecto XXX en el barrio Las Catonas sobre la Ruta 23, a unas 15 cuadras de su domicilio en Moreno. Recibió un tiro en el pecho para luego morir en el hospital local: un primo suyo que había asistido a la fiesta junto a él declaró, según fuentes policiales, que Nicolás recibió el disparo a 200 metros de la fiesta tras salir corriendo ante los primeros disturbios, y que entre el tumulto no pudo identificar a su agresor. Otros dos chicos recibieron heridas de arma blanca, fueron internados y están fuera de peligro.

Proyecto XXX se hizo en una vieja casa quinta que pertenece a Celina, una mujer de 70 años diabética y en silla de ruedas. Con la excusa de festejar el Día de la Primavera, llegó a convocar como a 500 chicos. La organizaron tres jóvenes de Moreno: Hugo Gómez, Ezequiel Ríos y Solange Muñoz. La entrada valía 40 pesos y llevar alcohol era un requisito general. Según la policía, el exceso de alcohol y drogas, más la disputa entre bandas, provocó la batalla.

Una vecina que vive junto a la casa quinta tuvo que ver cómo una gran cantidad de adolescentes saltaban su pared. “Me golpearon la puerta para entrar y refugiarse, estaban aterrorizados”. A esa altura, Nicolás Rivera había muerto.

“Mi hijo era una muy buena persona, muy trabajador. Nadie puede decir que andaba robando por ahí. No pertenecía a ninguna banda”. “Sabíamos que había ido a la fiesta. Estuve con él hasta las 23 y sabía que iba a ir. La madre le dijo ‘acordate de que mañana tenés que trabajar’”. Julio Rivero, padre del chico que fue asesinado.

40 pesos costaba la entrada a la fiesta. Convocada por las redes sociales, también se pedía que llevaran alcohol. La quinta quedó llena de envases vacíos.

500 personas llegaron a juntarse en la noche. La fiesta era clandestina, no había controles oficiales. El intendente Walter Festa dijo: “Asumimos la responsabilidad”.

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