"Es el primer signo de alarma", enfatizó la otorrinolaringóloga Verónica Sartori, abocada en el sector Ronquidos y Apneas del Sueños en el Hospital Italiano, de Buenos Aires. Según explicó la especialista, quienes producen este ruido áspero y grave mientras duermes sufren la fragmentación del sueño.
A raíz de esto, tienen necesidad de levantarse al baño varias veces en la noche, padecen somnolencia diurna, cefaleas matinales, sensación de abombamiento al levantarse, cambios en el humor y en el rendimiento escolar o laboral, trastornos en la memoria, disminución de la líbido, trastornos sexuales y problemas de pareja.
Lógicamente, el mal afecta directamente la calidad de vida de quienes conviven con el paciente. En una investigación realizada en 2014, la Sociedad Alemana de Otorrinolaringología precisó que el 40% de las parejas roncadoras o con apneas no tratadas duermen al menos una vez por semana en habitaciones separadas, el 36% usa tapones protectores para dormir y el 35% tiene problemas interpersonales. También, tiene una consecuencia a nivel social ya que aumenta el riesgo de accidentes.
La excesiva somnolencia diurna provoca disminución de la atención, de la reacción y por consiguiente, de los reflejos. Según los datos que compartió Sartori, esto causa el 28% de los accidentes domésticos, el 52% de los laborales y del 41 al 54% de los viales.
"Entre el 40% y el 60% de los argentinos roncan", reveló la experta y detalló que es más común en los hombres que en las mujeres. A su vez, preocupa es el aumento de los menores que roncan: "Cada vez tenemos más jóvenes. Lo estamos viendo en adolescentes a partir de los 16 años. Eso tiene que ver con el consumo de alcohol, que produce mayor relajación muscular durante la noche y eso produce mayor ronquido".