Circular con cubiertas gastadas afecta el frenado, el agarre y puede aumentar el riesgo de accidentes, especialmente bajo lluvia.
A simple vista parecen un detalle más del diseño de los neumáticos, pero esos pequeños triángulos grabados en los laterales de las cubiertas cumplen una función clave para la seguridad. Muchos conductores los ven todos los días y nunca se preguntan para qué están ahí, aunque en realidad sirven para detectar cuándo una rueda ya está demasiado gastada y necesita ser reemplazada.
En los autos modernos casi todo tiene una explicación técnica, incluso las marcas más discretas. Y en el caso de los neumáticos, esos triángulos funcionan como una especie de guía rápida para encontrar los llamados “testigos de desgaste”, unas pequeñas elevaciones que están dentro de los canales de la banda de rodadura.
El problema es que mucha gente solo revisa si la rueda “todavía tiene dibujo”, sin prestar atención al desgaste real. Ahí es donde estos indicadores toman importancia, porque permiten detectar fácilmente cuándo el neumático empezó a perder capacidad de adherencia y ya no trabaja de manera segura.
Los triángulos aparecen moldeados sobre el costado de la cubierta y señalan el punto exacto donde se encuentran los testigos de desgaste. Estos testigos son pequeñas barras de goma ubicadas dentro de las ranuras principales del neumático.
Cuando el dibujo de la cubierta se desgasta hasta quedar al mismo nivel que esas barras, significa que la profundidad ya llegó al límite mínimo recomendado. En ese momento, el neumático pierde buena parte de su capacidad para evacuar agua y mantener agarre sobre el asfalto.
En la mayoría de las cubiertas nuevas, la profundidad del dibujo suele rondar entre 6 y 8 milímetros, dependiendo del modelo y del tipo de neumático. A medida que pasan los kilómetros, esa profundidad va disminuyendo hasta llegar a niveles que empiezan a comprometer la seguridad.
Uno de los mayores riesgos aparece cuando llueve, con nieve o en el hielo. Con poco dibujo, el neumático pierde capacidad para expulsar agua y aumenta mucho la posibilidad de aquaplaning, una situación en la que la rueda prácticamente “flota” sobre el agua y el conductor pierde el control del vehículo.
Además, las distancias de frenado se vuelven más largas y el auto pierde estabilidad en curvas o maniobras bruscas. Incluso un neumático aparentemente “normal” puede estar trabajando por debajo de sus condiciones seguras si el desgaste ya alcanzó los testigos.
También hay otro punto importante: el calor. Una cubierta demasiado gastada trabaja peor, levanta más temperatura y puede aumentar el riesgo de pinchaduras o reventones, especialmente en viajes largos o rutas rápidas.
Además de mirar los triángulos y los testigos, existe un método casero muy usado para comprobar el estado del neumático: la prueba de la moneda. Consiste en introducir una moneda dentro de las ranuras de la cubierta para ver cuánta profundidad conserva.
Si gran parte del borde metálico queda visible, significa que el dibujo ya está demasiado bajo y probablemente sea momento de cambiar la cubierta. Si todavía queda cubierto, el neumático mantiene un margen razonable de uso.
También conviene revisar otros puntos que muchas veces pasan desapercibidos: