Japón.- Cuando promediando la década del 70 Charly García compuso “El vendedor de las chicas de plástico”, cuya letra era una suerte de oferta que un comerciante les hacía a los hombres para que adquieran una “mujer que no piense ni coma” y les sugería que “no oculten más su perversión”, seguramente no imaginó que más de 40 años después algo así podía ser realmente probable y no quedarse únicamente en una fantasía de poeta.
La realidad muestra que hay mercado para eso, y Japón está a la vanguardia, porque en el país asiático parece que cada vez está más de moda que los hombres compren una muñeca de silicona con una extraordinaria similitud a las mujeres de carne y hueso y que esta compra vaya más allá de tenerla como adorno. Al contrario, se volvieron una real compañía.
“Después de que mi mujer diera a luz, dejamos de hacer el amor y sentí una profunda soledad”, cuenta Masayuki Ozaki, de 45 años, quien puso 6000 dólares y se llevó a su casa a Mayu, una muñeca de tamaño real con la que comparte la cama de su casa familiar en Tokio, donde también viven su mujer y su hija ya adolescente.
“Leí un artículo en una revista sobre el tema de estas muñecas y fui a ver una exposición. Fue un flechazo”, asegura Ozaki, que pasea a Mayu en silla de ruedas, le pone pelucas, la viste y le regala joyas. Como si fuera Ken con Barbie. Y remata con una explicación fuerte: “Las mujeres japonesas tienen el corazón duro. Son muy egoístas. En cambio, sean cuales fueren mis problemas, Mayu siempre está aquí. La quiero con locura. Quiero que me entierren con ella y llevarla al paraíso”.
Como él son muchos los que compran estas muñecas de amor. La estadística habla de unas 2000 por año y con un detalle curioso: tienen una cabeza y una vagina desmontables.
2000 muñecas acompañantes de plástico se venden por año en Japón.
No son amores descartables
“Mi corazón late a mil cuando vuelvo a casa con Saori”, asegura Senji Nakajima, de 62 de años. “Nunca me pasaría por la cabeza engañarla, ni con una prostituta, porque para mí ella es humana”, explica este empresario, casado y padre de dos hijos. En la misma sintonía está Yoshitaka Hyodo, bloguero de 43 años, quien cuenta con más de 10 de estas muñecas y, además, tiene una novia de carne y hueso. Hyodo es fanático de objetos militares y suele vestir a sus muñecas de soldado. La escritora Agnès Giard, que en 2016 dedicó un libro a este fenómeno y a su historia en Japón, reflexiona: “Lo que llamamos con pompa ‘la industria’ de las muñecas del amor, es una actividad artesanal de nicho”.
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