{# #} {# #}
Por Paula Bistagnino - redacción@lmneuquen.com.ar
Hay una imagen que aparece en la cabeza de Pablo “el Chato” Prada cuando piensa en Neuquén: la calle Buenos Aires al 200, la vereda de su casa, la cuadra y los vecinos, los juegos a cualquier hora del día, los -pocos- autos que pasaban y jugaban a contarlos. Es que ahí, aunque pocos los saben, fue donde creció el productor y mano derecha de Marcelo Tinelli, que incluso debe su apodo a ese origen y que ni bien empieza la charla dice: “Soy neuquino. Somos del Alto Valle”.
“Neuquén para mí está ligado pura y exclusivamente a mi infancia. Y viene con palabras que son de mi infancia, como ‘la barda’, que la aprendí allá y es una palabra solo de allá. ‘La barda’ era inalcanzable para mí en ese momento, porque estaba lejos y era toda una aventura ir”, cuenta sobre su anclaje neuquino, casi desconocido. Es que, además de que da pocas notas, rara vez habla de su vida. Pero ahora sí: “Cuando me dijeron que era para Neuquén, me dieron ganas”, dice al otro lado de la línea, mientras se escucha jugar de fondo a Valentín, su hijo de 4 años, que tuvo con la bailarina Lourdes Sánchez.
Y también su apodo tiene que ver con Neuquén: “A mí me dicen “Chato” porque hace muchísimos años, cuando yo empezaba y trabajaba en América como switcher master, había otro neuquino y jodíamos siempre con lo de ‘Chato’, que es algo muy común allá y mi compañero, un pibe videografista, me puso Chato y así quedó”.
Su abuelo y los primeros álamos
La historia se remonta a la década del 30 del siglo pasado: Américo del Campo, su abuelo materno, llegó al Alto Valle desde La Pampa. Eran 15 hermanos y una gran crisis los desperdigó a todos. Varios fueron hacia el sur, algunos a Roca, otros a Bahía Blanca, otros a Neuquén y Cipolletti.
“Tengo fotos de mi abuelo cuando llegó, en el año treinta y pico, plantando los primeros álamos”, lo presenta. Y viaja a la historia familiar, atravesada por viajes, traslados, idas y venidas. Enseguida le viene a la cabeza otra imagen: su abuelo Américo junto al almacén de Ramos Generales en Senillosa y “una foto aérea de esa época, cuando el río se cruzaba en balsa, en la que se ven dos o tres casas, el hospital, la cárcel y no mucho más. Desde ahí tengo imágenes de Neuquén. Y ahí arrancó todo”. La historia sigue con un viaje del abuelo a Buenos Aires en el que, por casualidad, conoció a su abuela Ema, que falleció hace unos años, a los 101.
“Ella vivía en Quilmes y durante siete años estuvieron de novios viéndose sólo una vez por año. Hasta que ella se radicó en Neuquén: trabajaban juntos en el almacén. Y mi abuelo se iba con el camión a repartir pedidos, capaz se iba a la cordillera hasta dos meses, y ella se quedaba sola con una escopeta custodiando el almacén… Ahí encargaron a mamá, que nació en el año 42, y después se instalaron en Neuquén capital”.
El padre era un hijo de españoles nacido en Buenos Aires que se formó en el Servicio Penitenciario Federal y cuando se recibió se fue a Neuquén a trabajar. Y ahí conoció a la mamá del Chato: se casaron y nacieron los dos primeros de los cuatro hijos: la mayor es María Emma, jueza, y el segundo es él. Los otros dos nacieron cuando ya se habían trasladado a Santa Rosa, La Pampa: son Verónica, que vive en Mar del Plata –igual que sus padres, que hoy tienen 78 y 80 años-, y Guillermo, editor de televisión.
“Viví hasta los siente años en la casa de Buenos Aires al 200, muy cerca de la Municipalidad, al lado de la casa de mis abuelos. Pero en esa época era como que toda la cuadra era tu familia. Son recuerdos muy lindos, de chicos en la calle jugando. Y obviamente tengo los recuerdos de ir al río, de cruzar el puente, de ir a Roca, de ir a Cipolletti, de los álamos… Para mí Neuquén son álamos y álamos, y las chacras y las manzanas y las peras. Linda infancia, me la pasé jugando entre manzanos en las chacras”. Entonces, entre fines de los 60 y principios de los 70, Buenos Aires no era más que un nombre de una ciudad de la que no sabía nada. La televisión menos aún: “Estábamos lejos del mundo, porque en esa época Neuquén era estar realmente lejos del mundo. Ni siquiera lo pensaba. Era muy chico, disfrutaba de la infancia y de la vida allá, feliz”.
Las anécdotas son muchas. Pero sin dudas era en la barda donde pasaba casi todo. Su mamá era pintora y los llevaba ahí, al río y al puente también, y ellos jugaban mientras ella pintaba. “En los recuerdos está todo mezclado: el arte, los juegos, la naturaleza”. Y también un día que no se puede olvidar: uno de esos días en que fueron a la barda, el Fiat 600 calentó y empezó a incendiarse: “Habíamos ido porque mamá quería sacar fotos en la barda para después revelarlas y tratar de pintar. Y el auto recalentó. Y cuando se empezó a incendiar, yo me metí adentro para buscar unas medallitas que me habían regalado dos tías monjas. Tengo el recuerdo de mamá sacándome de los pies para afuera antes de que el auto se incendiara del todo. Fue traumático por un tiempo, porque fue medio límite”. Estuvieron hasta la noche ahí esperando que los fueran a buscar, hasta que llegó el padre y el abuelo, que habían salido a rastrearlos porque no volvían. Era 1969 y Pablo tenía 4 años.
Mil trabajos antes de la TV
Después de irse a La Pampa, donde estuvieron unos años, se fueron al Chaco, y después volvieron al sur, pero a Roca. Y a Viedma: “A cada rato había que hacer valijas y volver a empezar. Viví por todos lados y creo que en el secundario fui a siete colegios diferentes, pero entre idas y venidas, todo por ahí, por el Alto Valle, fue lo más importante”.
Antes de llegar a la televisión, hubo un largo camino: “Desde vender vender perfumes en la calle, dar turnos en la obra social de los encargados de edificio, ser empleado en una tomatera de Viedma y en el Banco Provincia de Río Negro”. Entonces, aunque la vida pasaba por otro lado y la televisión no estaba ni en los planes, él ya tenía un vínculo con el mundo audiovisual: tenía dos cámaras y filmaba pequeños documentales y videos: “Era un cable a tierra, porque yo a los 18 fui padre y de repente era todo muy vertiginoso. Pero eso estaba ahí, siempre me gustó, desde chico”.
Mucho tuvo que ver en eso su mamá, dice. “Su enseñanza siempre era hacia el arte… ¿Qué tiene que ver con la tele con la pintura?, me vas a preguntar. Y te cuento: nosotros viajábamos mucho por las rutas argentinas y éramos chicos y nos peleábamos bastante porque eran viajes largos. Entonces, mamá nos retaba mucho y nos decía: ‘Dejen de pelear y traten de mirar el horizonte, a ver qué descubren. Y empecé a prestar atención al viaje, al horizonte y a ver qué cosas descubría. Fue como increíble, porque empezaron a sucederse muchas imágenes.
Hasta podía componer películas en mi cabeza. Y esta cosa de que mamá pintaba yo la asocio con eso y con que después empecé a estudiar historieta, y eso, mezclado con que soy un hijo del video clip, porque ya en el 78-80-82 eran furor los video clips. Uniendo un poco todo eso creo que llego, porque siempre me interesó lo audiovisual, al periodismo, el cine, la fotografía, el arte”. Y por eso se decidió a estudiar Comunicación Social.
La primera oportunidad llegó por un amigo de Roca, que le contó que en Cablevisión estaban tomando gente y, como siempre lo veía con sus cámaras haciendo cosas, pensó que le podía interesar: “Fui, me probé y arranqué como switcher master. Para mí todos los fierros eran como familiares conocidos, así que anduve muy bien. Grababa y editaba, hacía de todo un poco. Y así arranqué”. Pero le sobraban ganas, y siempre terminaba trabajando fuera de hora como productor en otros programas. “No me pagaban un peso, pero me encantaba. Hasta que un día entro a Crema americana, un programa con Juan Castro, Ari Paluch y Pato Galván que producía Claudio Villarruel.
“Hice un gran trabajo ahí y justo Marcelo lo llamó a Villarrruel para producir Videomatch. Y Claudio me llevó”. Era 1992, justo el momento de la transición del programa de deportes con el de humor.
“Empecé a producir notas de humor: ese año hice un gran casting en el que probé a José María Listorti, los gauchos, Diego Pérez… Todo el año probando y probando gente en notas. Muchos quedaron afuera y muchos siguen todavía hoy. Estaba todo por hacerse. Era una experiencia extraordinaria. Me iba a las 4 de la mañana al kiosco de Callao y Corrientes a esperar el diario y a leerlo para pensar notas de actualidad. Todo improvisado, horas y horas en la calle. Yo sentía que estábamos haciendo algo que a la noche iba a hacer reír mucho a la gente, que se la iba a hacer pasar bien. Yo sentía esa obligación de hacer divertir. Nos reíamos nosotros y entendíamos que la gente se iba a reír igual. Trabajábamos 18 horas por día: grabábamos seis o siete notas, de las cuales salían dos a la noche. Era prueba y error”.
En total lleva 28 años junto a Tinelli. En el medio se fue a España a hacer Showmatch por Antena 3 y el reality El Bar a Portugal. Y en 2000 fue el encargado de abrir Ideas del Sur en Madrid, pero la crisis argentina lo hizo volver: “Fue cuando el país se cayó a pedazos. Y nos volvimos todos. Fue una desinteligencia, porque nos tendríamos que haber quedado y mandar los dólares a Argentina, pero era tal el caos que nos volvimos”.
Y se quedó siempre junto a Tinelli. “Siempre hay otras oportunidades, pero yo elijo estar donde estoy. Y lo que me mantiene es trabajar con Marcelo, porque es un tipo que da lugar, que te da libertad, que es talentoso. Y me quedo por la gente con la que trabajo, por el equipo. Somos una gran familia y me siento súper cómodo. Y además me gusta lo que hacemos: es un gran producto el que hacemos, muy importante en la tele. ¿Por qué me iría de ahí? ¿A dónde me voy a ir?”, dice mientras prepara el regreso del Bailando para el mes que viene.
“Nosotros estamos trabajando porque por suerte la tecnología está de nuestro lado y estamos vía teleconferencia con todos los productores para ver cómo podemos arrancar. Estamos viviendo algo inédito y apocalíptico, y lo primero es que todos nos podamos resguardar lo mejor posible y estar bien. Eso es lo principal y el Bailando vendrá cuando se pueda. Pero estamos trabajando, porque si bien uno está con esto en la cabeza todo el día, y te levantás pensando en el coronavirus y te acostás pensando en el coronavirus, hay que proyectar. Porque si nos caemos todos”, dice y cuenta que también piensa en su hijo, y que hay que esforzarse ahora y pensar en salir de esto y en el futuro.
En su caso, asegura, el trabajo y Valentín lo hacen llevar adelante el aislamiento muy bien junto a Lourdes, cumpliendo las indicaciones, como lo hacen cada vez que ellla sale para estar en Los ángeles de la mañana: “Tomado todos los recaudos que hay que tomar pero trabajando de la manera en que se puede y pensando en que esto va a pasar y que hay que volver a la normalidad”.
“Al confirmarse la cuarentena hasta fines de abril, hemos decidido junto a las autoridades de @eltreceoficial postergar el inicio de @ShowMatch para la primera quincena de mayo. Falta muy poquito para volver a vernos”, tuiteó Marcelo Tinelli el jueves, aún antes de que Alberto Fernández confirmara la prolongación del aislamiento.
Así, el Bailando 2020 sigue pateando su estreno, adaptándose a estos tiempos, incluso en su formato y en el reglamento. “Lo que estamos evaluando es que no haya eliminados en la primera ronda, sino que se sumen los puntos para la segunda”, adelantó el Chato Prada.
Los 24 confirmados, que ensayan y esperan novedades, son: Dalma Maradona, Alex Caniggia, Charlotte Caniggia, Anita Martínez, El Bicho Gómez, Cinthia Fernández, Martín Baclini, El Turco García, Leticia Siciliani, Miriam Lanzoni, Mica Vicciconte, Lionel Ferro, Nicolás Occhiato, Barby Vélez, Benito Fernández, Mariana Genesio Peña, Malena Guinzburg, El Chino Maidana, Débora Plager, las Trillizas de Oro, Gloria Carrá, Viviana Saccone, Alessandra Rampolla y Freddy Villareal.
Maravilla Martínez reveló en PH que tuvo que robar para comer
El violento gesto de Bublé a Luisana Lopilato que desató una polémica