Estos accesorios se volvieron virales entre los jóvenes como herramientas para manejar la ansiedad, aunque los especialistas explican sus verdaderos alcances.
Los anillos antiansiedad ganaron popularidad entre los más jóvenes y se transformaron en una tendencia en redes sociales. Desde piezas anillos que giran como pequeños fidget spinners, pulseras con cuentas diminutas que se deslizan bajo los dedos y colgantes que funcionan como una pajita para regular la respiración, estos accesorios prometen ayudar a calmar el estrés cotidiano, pero los expertos analizan qué tan efectiva es realmente esta práctica.
El fenómeno nació luego de que el contador y creador de contenido, Sarthak Ahuja, publicara un video sosteniendo que la apertura de las generaciones más jóvenes para hablar de salud mental impulsó la popularidad de este tipo de accesorios.
La joyería con movimiento no es nueva: existe desde hace décadas. Mucho antes de que el bienestar emocional ganara este lugar en la agenda pública, a mediados del siglo XX, el orfebre e ingeniero aeronáutico alemán Friedrich Becker convirtió sus piezas en pequeñas obras mecánicas, con partes giratorias y móviles pensadas como una expresión de artesanía interactiva.
Ese mismo principio, el gesto simple de girar un anillo o hacer rodar una cuenta entre los dedos, fue reinventado por la generación actual, más acostumbrada a combinar estética y bienestar, y hoy conviven con pulseras y colgantes con aceites para aromaterapia.
Los anillos giratorios ofrecen a las manos inquietas una actividad repetitiva, similar a la de un juguete antiestrés; los que tienen bolitas móviles funcionan de manera parecida. Los colgantes para respirar, por su parte, son pequeños dispositivos con forma de pajita que invitan a exhalar despacio a través de una abertura angosta, lo que ayuda a regular el ritmo respiratorio de forma natural.
“El efecto calmante se debe más probablemente a las conductas que fomenta la pieza —movimiento consciente, atención focalizada y respiración pausada— que a la pieza en sí misma. Para muchos, estos accesorios pueden ser un recordatorio útil para hacer una pausa y regular las emociones durante el estrés cotidiano”, explica el doctor Abhinit Kumar, psiquiatra consultor sénior de ShardaCare - Healthcity, en India.
El especialista aclara que estos objetos no son un tratamiento para la ansiedad, aunque reconoce que pueden ayudar a algunas personas a atravesar mejor los momentos de tensión: el movimiento repetitivo actúa como una técnica de conexión con el presente, que corre la atención de los pensamientos ansiosos hacia las sensaciones físicas del momento.
Según la Organización Mundial de la Salud, la ansiedad afectaba a unos 359 millones de personas en el mundo en 2021, dentro de un total que supera los mil millones con algún trastorno de salud mental.
La evidencia científica específica sobre este tipo de artículos todavía es escasa, remarca Kumar, y por eso el consejo de fondo no cambia: si la ansiedad es frecuente, abrumadora o empieza a afectar el sueño, el trabajo, los vínculos o la vida diaria, conviene buscar ayuda profesional.
Los especialistas advierten que estos accesorios pueden acompañar otras herramientas para reducir el estrés, pero no sustituyen tratamientos profesionales como la psicoterapia o tratamientos médicos. Su popularidad también se explica por su practicidad, ya que pueden llevarse y usarse en cualquier lugar de manera discreta. Se pueden usar en la oficina, en clase o en el colectivo sin llamar la atención.