La fagofobia es un trastorno dentro de la salud mental que genera un miedo irracional a atragantarse, afectando gravemente la alimentación y la vida social.
La acción de comer, que para la mayoría de las personas es un proceso casi inconsciente, se convierte en un verdadero suplicio para quienes sufren de salud mental. El miedo a atragantarse durante la ingesta puede desencadenar pánico, impidiendo incluso que puedan ingerir pequeños bocados o sorbos de agua.
Este trastorno psicológico, enmarcado dentro de los trastornos de ansiedad, se caracteriza por una fobia irracional a atragantarse mientras se come.
El temor puede extenderse hasta el pánico a ahogarse por simplemente tragar saliva, según explica Cristina Wood, doctora en Psicología e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid.
Aunque no sea tan conocido como otros trastornos alimentarios, la fagofobia puede derivar en serios problemas de salud, afectar la vida social y generar un círculo vicioso de ansiedad, desnutrición y aislamiento.
Las causas pueden ser tanto físicas, como la presencia de tumores o secuelas de cirugías en la garganta, como psicológicas, a menudo desencadenadas por un episodio traumático de atragantamiento o la observación de experiencias ajenas.
Los indicadores que pueden alertar sobre la presencia de fagofobia abarcan tanto lo físico como lo psicológico. La sensación de que la garganta se estrecha y se cierra puede generar gran angustia.
La inquietud antes de sentarse a comer es uno de los primeros signos; el mero pensamiento de ingerir un alimento sólido puede crear ansiedad.
Durante el acto de comer, las personas con fagofobia pueden experimentar síntomas típicos de un ataque de ansiedad: sudoración, temblores, hiperventilación, sensación de falta de aire, sofocos o molestias estomacales. La conciencia de estos síntomas intensifica el pánico y puede llevar a la parálisis y la evitación de la comida.
La consecuencia más evidente de la fagofobia es la pérdida de peso significativa en poco tiempo, debido a la evitación de la ingesta por el miedo y la ansiedad. Es fundamental descartar primero cualquier causa física de dificultad al tragar consultando a un otorrinolaringólogo, dentista o médico clínico. Si no se detecta un problema orgánico, es crucial la intervención psicológica.