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“Sentimos que hay Justicia, es lo que esperábamos. Es terrible esto, vivir y revivir ese 26 de agosto, escuchar todas las lesiones que tuvo nuestro hijo es horrible, es muy doloroso”, afirmó entre lágrimas Fernando, luego de que la Justicia condenara a Claudio Ortega por el crimen su hijastro, Franco Basualdo. Se trata del joven de 21 años asesinado de 12 puñaladas en su casa del barrio Gran Neuquén Sur, el año pasado.
Esta mañana, un tribunal integrado por los jueces Florencia Martini, Cristian Piana y Richard Trincheri resolvió condenar por unanimidad a Ortega por el delito de homicidio simple, agravado por la participación de un menor de edad.
Tras descartar la teoría de la defensa de un homicidio en ocasión de riña, los magistrados afirmaron que quedó demostrado que hubo una “convergencia intencional” por parte del acusado y el adolescente involucrado en el hecho.
Cabe resaltar que este último fue acusado y está en un hogar de menores, donde debe cumplir un año de tratamiento institucional.
El crimen ocurrió el 26 de agosto de 2018 en la vivienda ubicada en calle Raihue, donde Basualdo vivía con sus abuelos. Fue allí, entre las 6:20 y las 6:40, adonde el acusado y el adolescente llegaron en una moto y le asestaron 12 puñaladas con dos armas blancas.
Tras el ataque, la víctima fue trasladada por sus familiares y un vecino al hospital Heller, donde murió alrededor de las 7:30 a raíz de las graves heridas.
“Quería decir que no me puse de acuerdo (con el menor) para ir a hacerle daño a Franco. Fui a buscar un celular él había perdido”. Eso fue todo lo que Ortega afirmó en su defensa, al culminar el juicio en su contra.
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