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Chiqui Tapia estalló de furia con una dura carta por las "teorías conspirativas" sobre la final del Mundial 2026

En sus redes sociales lanzó una carta explosiva donde exigió disculpas y cuestionó las teorías que prevalecieron días posteriores a la derrota de Argentina ante España en la final. La carta completa.

Claudio Tapia, la máxima autoridad de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), lanzó un explosivo posteo en sus redes sociales sobre las "teorías conspirativas" que se generaron por el bajo rendimiento de la Selección argentina y el sometimiento ante una España superior en la final del Mundial 2026. Aquellas teorías que intentaron encontrar una respuesta a la final perdida, fueron el blanco de crítica y enojo por parte del presidente de la asociación.

A través de un extenso escrito en un posteo a través de Instagram, Tapia consideró a las teorías que coparon las redes sociales días posteriores a la final como una "mentira, operación y una campaña miserable para instalar que esta Selección se había entregado".

En su relato soltó: "Porque equivocarse puede pasar. Lo que no puede pasar es mentir, instalar una historia, alimentar una sospecha durante días y, cuando el tiempo demuestra que todo era humo, esconderse y hacer de cuenta que nunca pasó nada". A su vez, pidió que se disculpen: "A todos ellos: háganse cargo. No alcanza con callarse. No alcanza con esperar que pase el tiempo. No alcanza con cambiar de tema y hacer como si nunca hubieran dicho nada. Y aunque ahora quieran evitar los comentarios, los reclamos o los reproches de la gente por todas las mentiras que dijeron, no van a poder borrar lo que hicieron. Porque hay palabras que tienen consecuencias y acusaciones que dejan marcas. De tratar de traidores a los jugadores de la Selección no se vuelve".

LA CARTA COMPLETA DEL CHIQUI TAPIA

Un mes pasó. Un mes de aquella final. Un mes de la mentira, de la operación y de una campaña miserable para instalar que esta Selección se había entregado. Y lo más llamativo es que, después de un mes, ninguno pidió disculpas. Ninguno salió a decir: “Nos equivocamos”. Ninguno tuvo la honestidad, la dignidad o simplemente los huevos para hacerse cargo.

Porque equivocarse puede pasar. Lo que no puede pasar es mentir, instalar una historia, alimentar una sospecha durante días y, cuando el tiempo demuestra que todo era humo, esconderse y hacer de cuenta que nunca pasó nada.

Mientras nuestros jugadores dejaban todo dentro de la cancha, algunos afuera hacían exactamente lo contrario: sembraban odio, dividían, ensuciaban y buscaban destruir la imagen de una Selección que se ganó el respeto de millones.

A todos ellos: háganse cargo.

No alcanza con callarse. No alcanza con esperar que pase el tiempo. No alcanza con cambiar de tema y hacer como si nunca hubieran dicho nada.

Y aunque ahora quieran evitar los comentarios, los reclamos o los reproches de la gente por todas las mentiras que dijeron, no van a poder borrar lo que hicieron. Porque hay palabras que tienen consecuencias y acusaciones que dejan marcas.

De tratar de traidores a los jugadores de la Selección no se vuelve.

No se vuelve de poner bajo sospecha a quienes defendieron esta camiseta. No se vuelve de acusarlos de haberse entregado. Y mucho menos se vuelve de hacerlo sin una sola prueba para después, cuando la mentira queda expuesta, elegir el silencio.

Pidieron explicaciones cuando no tenían una sola prueba. Señalaron a jugadores que estaban dejando la vida. Alimentaron una mentira y la instalaron como verdad. Ahora den ustedes las explicaciones. Porque la grandeza también está en reconocer una equivocación. Y cuando se acusa, se miente y se lastima públicamente a quienes dejaron todo por esta camiseta, pedir disculpas no es un favor.

Es una obligación.

Y hay algo más: ¿Cómo vuelven a sus casas después de haber hecho todo esto? ¿Cómo miran a sus hijos a los ojos y les hablan de honestidad, de respeto, de dignidad? ¿Cómo les enseñan que hay valores que deben defenderse, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo eligieron mentir, señalar y esconderse?

Los valores no se negocian.

Pasó un mes y todavía no escuchamos una disculpa.

Mientras tanto, los jugadores, el cuerpo técnico y todos los colaboradores siguen con la frente en alto.

Porque ellos saben lo que hicieron aquel día. Saben cuánto dejaron en esa cancha. Y saben que, cuando terminó la final, no le debían nada a nadie.

Los que dejaron el alma no tienen nada que explicar.

Los que mintieron, sí

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