Luego de irse en silencio del Más Monumental tras perder con Rosario Central, el entrenador largó una fuerte frase en Whatsapp.
River volvió a caer. Eduardo Coudet no encuentra respuesta y la gente empieza a impacientarse con el ciclo del entrenador a pesar de que llegó a fines de marzo de 2026, pidiendo incluso en los pasillos del Más Monumental a un entrenador histórico del club. El contexto es desafiante y el tiempo apremia.
En medio de la revolución que causó la derrota ante Rosario Central en su estadio, la cual sentenció la quinta derrota consecutivas en partidos oficiales consiguiendo alcanzar una marca de más de 100 años de historia, el entrenador dio un mensaje de rebeldía en su perfil de Whatsapp luego de no haber querido hablar en conferencia de prensa.
Sorpresivamente, el entrenador habría colocado una frase que marca su estado de ánimo en medio de este presente que causa ruido en los fanáticos del millonario. "Los cagones no hacen historia", reza la frase publicada en su perfil, la cual habría sido colocada una vez consumada la derrota.
Cabe recordar que, en medio de horas turbulentas donde muchos hinchas pusieron en duda su continuidad, el DT charló con los jugadores y, aparte, con el presidente Stéfano Di Carlo.
El Monumental vivió una de las noches más negras de su historia. River cayó 1 a 0 ante Rosario Central por la tercera fecha del Torneo Clausura y, con este resultado, sumó su quinta derrota consecutiva, algo que nunca había ocurrido en la era profesional del club. La paciencia de los hinchas, que ya venía desgastada por los malos resultados, se rompió por completo y las tribunas explotaron contra jugadores y dirigentes.
El gol en contra de Nicolás Otamendi a los 28 minutos del primer tiempo fue el detonante de una noche que prometía ser tensa desde el inicio. Cuando la voz del estadio nombró a los titulares, varios futbolistas ya habían sido recibidos con silbidos. Pero fue sobre el final del partido, y especialmente tras el pitazo final, cuando el repudio se volvió notable.
Los cánticos de "jugadores..." y "que se vayan todos" retumbaron en las cuatro tribunas del Monumental, mientras los silbidos se mezclaban con los insultos directos a la comisión directiva encabezada por Stefano Di Carlo.
El clima de bronca no se quedó solo en las gradas. En el hall del estadio, un grupo de hinchas se congregó después del partido y coreó cánticos de protesta. Entre los reclamos más fuertes, empezó a tomar fuerza el nombre de Ramón Ángel Díaz. El "Pelado", histórico ídolo y entrenador con dos ciclos exitosos en el club, es el principal candidato de los simpatizantes para reemplazar a Eduardo Coudet, cuya continuidad está más en duda que nunca.
La situación se agrava por el contexto. River acumula cinco derrotas consecutivas, una racha inédita en sus casi 100 años de historia en el profesionalismo. Los últimos tropiezos incluyen caídas ante equipos de menor jerarquía y un desplome en el juego que preocupa a propios y extraños. Coudet, que asumió con la promesa de devolverle identidad al equipo, no encuentra respuestas y su crédito se agota partido a partido.
Pero quizás el dato más revelador de la noche ocurrió antes del partido. La comisión directiva de River emitió un comunicado en el que informó que ni Eduardo Coudet ni los jugadores hablarían con la prensa una vez finalizado el encuentro. La decisión, que no tiene antecedentes en la historia reciente del club, fue interpretada como un intento de blindar al plantel y al entrenador en medio de la tormenta, pero también generó aún más sospechas entre los hinchas, que vieron en ese silencio una muestra de debilidad.
En medio del vendaval, apareció una voz desde el vestuario. Marcos Acuña publicó una historia en su cuenta de Instagram con un mensaje optimista en medio de la crisis: "Con fe y positivos que de esto salimos, confío plenamente en este grupo, unidos hasta el final". Sin embargo, las palabras del "Huevo" no alcanzaron para calmar los ánimos de una hinchada que exige respuestas en la cancha, no en las redes sociales.
El panorama es crítico. River no solo está en un mal momento futbolístico, sino que además la relación con su gente se resquebrajó como no se veía en años. El silencio institucional, los malos resultados y la falta de reacción en el campo alimentan un cóctel explosivo que pone en jaque a toda la estructura dirigencial.
En este contexto, cada partido será una prueba de fuego. Coudet sabe que está en la cuerda floja y que el regreso de Ramón Díaz es un clamor popular que la dirigencia difícilmente pueda ignorar por mucho tiempo. Mientras tanto, el Monumental, que supo ser el escenario de las más grandes glorias, anoche fue el teatro de una derrota que duele más que cualquier otra: la del orgullo y la identidad.